domingo, 28 de agosto de 2011

Todos somos diferentes Los mil días que definen tu futuro

Una nueva corriente científica postula que en la etapa del embarazo y los dos primeros años se configura nuestro temperamento, inteligencia y capacidad para enfrentar el estrés y resistir enfermedades.

Todos somos diferentes. Algunos más inquietos, otros tranquilos, tímidos o extravertidos. Hay quienes son ansiosos. Y también los hay relajados. O en el curso de la vida, hay personas más exitosas, que destacan por su inteligencia, astucia o sagacidad verbal, mientras que a otras les cuesta un poco más. Qué decir de las enfermedades que usted puede llegar a sufrir a medida que envejece: más o menos propenso a la diabetes, enfermedad coronaria, obesidad, asma, incluso cáncer.

Todo está en los genes, dirá usted. O en las condiciones que enfrentamos durante la vida, dirán los científicos, quienes hasta ahora han defendido la teoría de que tanto la herencia que recibimos de nuestros padres, como la influencia de nuestro entorno determinan gran parte de las características físicas y sicológicas que exhibimos.

En otras palabras, si usted fuma, si se ejercita o si prefiere la comida rápida, todo eso tiene el potencial de "encender o de apagar" los genes que le heredaron sus padres.

¿Pero qué si le dicen que gran parte de estas características se fijan durante los primeros mil días de su existencia, incluyendo sus experiencias cuando todavía estaba en el útero materno? Inteligencia, temperamento, susceptibilidad al estrés, todo se "cablea" durante el embarazo y en las experiencias tempranas de un niño junto a sus padres, antes de cumplir los dos años de vida. Es la tesis que sostienen especialistas como el científico británico David Barker, profesor de Epidemiología clínica en la Universidad de Southampton, cuyos estudios forman parte de un nuevo especial sobre el tema lanzado esta semana por la BBC.

Al trabajo de este especialista se suman autores como Annie Murphie, que en un libro publicado el año pasado explora todos los hallazgos que explican cómo las experiencias en el útero materno configuran gran parte de lo que nos sucederá en nuestra vida adulta. El estrés de los padres, la alimentación que mantienen e, incluso, el hecho de comer chocolate o pescados ricos en ácidos grasos con Omega 3 durante el embarazo, todo esto tiene el potencial de incidir en nuestro comportamiento futuro. Todavía más, si el niño llora más de lo común, tiene problemas para dormir o si es alimentado con leche materna son indicadores que permiten deducir ciertos rasgos que exhibirá ese niño en el futuro.

1. EL LEGADO EN LA CONDUCTA

Utero materno. Los primeros meses de gestación dejan huellas que impactan en el desarrollo cognitivo, afectando la inteligencia y el comportamiento. En su libro, Annie Murphie explica que las condiciones que enfrenta un bebé en el útero configuran no sólo su mayor susceptibilidad a sufrir ciertas enfermedades, sino también en la inteligencia y temperamento. Así se deduce, por ejemplo, de un estudio de la Universidad de Oslo, que realizó un seguimiento a hijos de madres que habían tomado suplementos de ácidos grasos Omega 3, que se encuentran de manera natural en el pescado.

A la edad de cuatro años, todos los niños del experimento aventajaban a aquellos cuyas madres no habían tomado nada en tests de inteligencia.

La ventaja, de 4,1 por ciento , fue calificada como significativa en el estudio que publicó la revista Pediatrics. Se espera que investigaciones como estas, en el futuro, sean usadas para recetar a las madres dietas especiales durante el embarazo, que tengan el potencial de elevar el coeficiente intelectual de sus hijos.

El estado de ánimo de la madre durante el embarazo también afecta, sea estrés, ansiedad o depresión. La relación del estrés durante el embarazo, por ejemplo, fue descubierta de manera accidental por científicos analizando datos estadísticos. Los hijos de madres que estuvieron embarazadas durante la pandemia global de gripe de 1918 tuvieron peor desempeño en el colegio y ganaron menos dinero que sus pares nacidos antes o después de la epidemia. Y nuevas investigaciones confirman la relación.

Un estudio realizado en el Departamento de Siquiatría de la U. de Columbia, EEUU, analizó a grupos de madres con estado de ánimo normal, versus madres ansiosas. Todas usaron dispositivos que medían su respiración, ritmo cardíaco, presión sanguínea y actividad en el sistema nervioso. El mismo dispositivo medía también a los bebés. Luego, las madres eran sometidas a ejercicios de desafío mental. Los resultados mostraron que todas las mujeres presentaban signos de estrés ante las pruebas, pero sólo los fetos de madres ansiosas evidenciaron signos de estrés comparables al de sus madres.

El estudio concluye que estas guaguas de madres sometidas a presión intensa son más susceptibles al estrés durante el resto de su vida. Tanto las hormonas del estrés, como la presión sanguínea de la madre, agrega la investigación, alteran el ambiente intrauterino durante la gestación, lo que, en consecuencia, también altera el desarrollo del niño. El hecho de que patrones biológicos básicos, como el ritmo cardíaco, se asocien a diferencias en el temperamento, lleva a que

los científicos concluyan que la base del temperamento que exhibimos cuando adultos -más calmados o nerviosos- se establezca en estos primeros nueve meses de gestación, de acuerdo con las condiciones que vive la madre.

Primeros dos años. Durante los dos años que siguen al nacimiento, aspectos como la inteligencia, la capacidad verbal, así como el tamaño del cerebro, se consolidan con hechos y actitudes bien concretas de parte de los padres a sus hijos. Todo ello será determinante para la vida del niño en su etapa adulta. Lo primero es la leche materna, que en diversos estudios ha probado fortalecer la inteligencia, tanto en el corto como en el largo plazo.

Un estudio de la U. de Oxford, por ejemplo, siguió a más de 9.500 madres y sus hijos, desde el nacimiento hasta la edad de cinco años. Aquellos que habían sido alimentados con leche materna por un mínimo de cuatro meses, tenían 30 por ciento menos posibilidad de exhibir problemas conductuales (...).

La inteligencia también se determina en los dos primeros años. Un estudio determinó que el nivel socioeconómico es fundamental para la expresión de los genes relacionados con la inteligencia. Al cumplir un año de edad, los especialistas aplicaron tests de inteligencia a los niños criados en hogares más pobres y los compararon con aquellos en hogares acomodados. No había mayores diferencias, pero al realizar la misma prueba a los dos años, descubrieron que los últimos habían desarrollado gran parte de su potencial, más no así los pobres.

LOS 1.000 DÍAS EN LA SALUD

Utero materno. Durante los primeros nueve meses también se configura el estado de salud que nos acompañará durante la etapa adulta.

El profesor David Barker explica que muchas enfermedades pueden ser "la expresión" de la forma en que nos desarrollamos en el útero materno. ¿La razón? Hablamos de una etapa clave, en la cual "se configura" la arquitectura y modus operandi del organismo humano. En otras palabras, se define la trayectoria del organismo a lo largo de la vida.

Al igual que ocurría con el comportamiento, el estrés también afecta negativamente en la salud que exhibimos de adultos. Además, dos factores determinan resultados negativos para la salud: la mala nutrición de la madre en el embarazo y el bajo peso al nacer. Barker, por ejemplo, descubrió en uno de sus primeros estudios que la mala nutrición en el embarazo predice enfermedad cardíaca en el adulto.

El otro gran factor, el bajo peso al nacer, provoca una serie de efectos: las personas envejecen antes, tienen elevada presión sanguínea e incluso, corren más riesgo de sufrir osteoporosis.

Los estudios de Barker en la U. de Southampton han probado que quienes tienen un peso inferior a los tres kilos al nacer son más proclives a sufrir efectos negativos asociados a ciertos estilos de vida, como abusar de las grasas, la comida rápida o fumar.

En este caso, las razones son similares a las que descubrió el análisis de madres con mala nutrición durante el embarazo: el organismo privilegia el desarrollo de órganos vitales como el cerebro.

Hasta los dos años

En otro estudio, especialistas de la Universidad de Glasgow, también en Inglaterra, descubrieron en experimentos con animales que la sobrenutrición en esta etapa de la vida genera el efecto contrario: una serie de enfermedades metabólicas se pueden desencadenar en la etapa adulta, como obesidad y envejecimiento prematuro. ¿La razón? Al nacer con bajo peso, muchos órganos clave "aprenden" en el útero a funcionar con una mínima cantidad de recursos, pero tras nacer y con la sobrealimentación, éstos se ven sobrepasados, se saturan y atrofian en muchas funciones del organismo cuyo funcionamiento no se aprecia sino hasta la etapa adulta.

La capacidad del organismo para evitar la acumulación de grasas es una de ellas, ya que el organismo experimenta una disminución de la tolerancia a la glucosa, explican los científicos. En el caso del envejecimiento, el crecimiento acelerado que causa la sobrealimentación impone una demanda metabólica excesiva para las células que no alcanzaron un desarrollo óptimo durante la gestación.

Y es así que se desgastan más rápido también. Unas de las "víctimas" que más sufren por esta situación son los telómeros, las células cuyo deterioro va causando el envejecimiento.

La sobrenutrición y el crecimiento acelerado hacen que los extremos de los telómeros se desgasten más rápido.



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