jueves, 27 de octubre de 2011

Rebeldía & adolescencia

La adolescencia es una etapa muy difícil tanto para los padres como para los hijos. Sin embargo, es posible superar los conflictos que se presentan

Entrar a la etapa de la adolescencia es difícil, tanto para los padres que deben aceptar que su hijo ha crecido, como para los chiquillos que sienten una ambivalencia en sus estados de ánimo y en su comportamiento. Sin embargo, los progenitores, al ser personas adultas, tienen que aprender a manejar con inteligencia y paciencia la situación, afirma la sicopedagoga Mónica Rivero.
“En esta fase, los chicos empiezan a salir y es importante que los padres ya hayan cultivado una amistad con sus hijos. Algunos papás piensan que con sus sermones siempre antes de salir, con su vigilancia constante o prohibiciones evitarán que estos caigan en drogas u otros peligros”, agrega. Sin embargo, prosigue, lo único que logran es una enemistad y resentimiento de parte de los adolescentes.
En su criterio, no se trata de ser permisivos en extremo, hay que mantenerse atentos a ciertas señales, pero eso no significa estar como un guardia constante, evitando así su propio desarrollo normal de la personalidad. “Si siempre estamos haciendo que él elija porque nosotros le sugerimos, llegará un momento que no estaremos y al sentirse por primera vez libres cometerán lo que hemos querido evitar. El necesita hacer sus propias elecciones, aunque también precisa límites”, remarca la especialista.

Metamorfosis complicada
Por su parte, la sicoterapeuta Liliana Zabala dice que la rebeldía es el equilibrio de la adolescencia y que esta a su vez es una de las metamorfosis más complicadas e importantes en la vida. Pero con todas sus virtudes y defectos, lo extraño de esta etapa no es el comportamiento rebelde de los hijos, sino que esta no sucediera.
Indica que es preciso saber que la rebeldía puede prevenirse desde que los hijos están pequeños. Si es advertida desde entonces, padres e hijos tendrán más herramientas para hacerle frente a la adolescencia.
La comunicación es importante
En este sentido, señala la especialista, la familia deberá establecer una relación basada en la comunicación y los vínculos afectivos: así, los padres estarán enterados de la vida de sus retoños en todo momento y, sobre todo, estos tendrán más confianza en sus papás, asegura Liliana.
Si por el contrario se descuida la comunicación, los hijos permanecerán encerrados en un mundo propio que no compartirán. Entonces será más difícil romper los escudos, puesto que desde la perspectiva del adolescente los padres le prestan atención justo en el momento en que no lo desean; es decir, el diálogo con sus padres habrá llegado demasiado tarde. “Sin embargo, es posible sobrellevar y manejar esta etapa, aunque costará más trabajo. La solución es tiempo y paciencia”, aconseja.

Poder de la autoridad
Cuando los padres tratan de aliviar el mal de la adolescencia, cometen uno de los errores más comunes: pensar que la cura está en el poder de su autoridad, materializada en castigos físicos y sicológicos o gritos. La consecuencia es que ellos desgastan el ánimo y los chicos se hacen más rebeldes.
Lo prudente es educar en la autoridad y no en el poder, ya que este conlleva destrucción de los ideales de los jóvenes y apacigua su deseo de idealizar en sus progenitores. “Mandar es fácil. Conseguir ser obedecido, ya no tanto. Y que los hijos lo hagan sin necesidad de gritos de prohibiciones, todo un reto”, afirma Liliana.
Al mismo tiempo, hay que entender que el hecho de estar detrás de los hijos todo el tiempo es materia prima para la rebeldía. Por ello, es importante otorgarles una responsabilidad que exija cuentas al mismo tiempo, y les enseñe a tomar decisiones. Vale decir, ser libres pero bajo el sinónimo de responsabilidad.

Explotar sus habilidades
La sicóloga Claudia Tórrez dice que en esta etapa se deben explotar las habilidades de los hijos, dado que la adolescencia está caracterizada por un derroche de energía que espera ser encauzada. “Si a esta edad apoyamos sus sueños, lo más probable es que comiencen a llevarlos a cabo. De lo contrario, el adolescente tendrá una visión fatalista de la vida enmarcada en la mediocridad: enfermedad que mata de forma silenciosa”, añade.

Sin una solución mágica
En la educación de los hijos, no existen soluciones mágicas, solo hay mucha dedicación, estar bien formados e informados leyendo libros sobre educación.
Mónica y Liliana coinciden en que es necesario dedicarles tiempo a los adolescentes, hablar y salir a pasear con ellos, tener mucha paciencia, ser rectos en el comportamiento y ejemplo personal, ser coherentes en lo que se dice y se hace, saber con quiénes andan, conversar con los padres de los amigos, vigilar a sus amistades, suprimir mucho del tiempo dedicado a la televisión y a la música que les aíslan del mundo familiar, comer y cenar todos juntos y sentados a la mesa y asistir a la iglesia en familia.

Raíz de la rebeldía
El presidente de la Fundación para la Familia, Graig Hill, que visitó recientemente Santa Cruz, opina que la raíz del problema de la rebeldía no está en los chicos, sino más bien en los padres, dado que la rebelión se inicia por la forma como los progenitores se relacionan con sus hijos.
“La rebeldía de los hijos normalmente se inicia por un profundo rechazo y herida en el corazón hecha por los padres y cuando esto sucede, los chicos faltan el respeto, refutan cualquier tipo de autoridad y establecen ellos sus propias reglas. “Para mucha gente este es un ciclo generacional, ya que ellos trataron a sus padres de la misma manera. Esto es lo que tratamos en el seminario Sendas Antiguas para tratar de cortar esos ciclos”, resalta.

Causas
Además del divorcio, señala Craig, otros factores que influyen en la rebeldía son el rechazo o maltrato de los padres, una disciplina muy dura o autoritaria que daña el corazón de los hijos. Asimismo, si uno de los progenitores tiene algún tipo de adicción al alcohol, drogas o a la pornografía, provoca que los hijos les pierdan el respeto.

Recomendaciones

¿Qué deben hacer los padres?

• No se necesitan sermones o presión, sino cariño y, sobre todo, aceptación.

• Los adolescentes sienten más deseos de complacer a los padres cuando los aprecian que cuando los atormentan.

• Cuando se los critica para corregirlos, es natural que se defiendan y no acepten sus fallas o defectos: en esos momentos la crítica es sinónimo de malestar.

• Hay que escuchar lo que los adolescentes expresen (tengan o no la razón) con dedicada atención y no rechazarlos insinuando que lo que dicen carece de importancia.

• Cuando los adolescentes deciden cómo vestirse y organizar sus cosas, buscan en realidad su independencia. Se les debe dar cierta libertad y responsabilidad al mismo tiempo, pero estar al pendiente de ellos. De otra forma se sentirán abandonados y no queridos.

• Se sentirán seguros para compartir sus intimidades sólo cuando ellos lo decidan. Al adolescente no se le debe bombardear con preguntas no apropiadas.

• Es necesario tenerles paciencia. Con ello hay que entender que las vueltas y revoluciones hormonales les impiden controlar su propio carácter y entender a los demas.

• La mayoría de los adolescentes predica una visión fatalista, tienen más miedo a vivir que a morir. Se deben dar pautas reales de lo que significa vivir y para qué vivir.

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