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domingo, 23 de septiembre de 2012

¿Qué decir para encender la pasión?

Al arte de hablar sexy en la cama se le dice dirty talk y son esas palabras calientes las que pueden hacer subir la temperatura de cualquier encuentro. Es que así como una balada crea un clima distinto del de un hit rockero, los sonidos que eliges hacen toda la diferencia. Para comenzar, no es lo mismo un dirty breath que un dirty talk. Cuando respiras sucio, casi no sabes lo que estás haciendo, no piensas, simplemente te expresas con aire.

Sí, con aire. El ritmo de tu respiración es el primer nivel de expresión sonora erótica y es instintivo. Es algo que incluso las más tímidas hacen sin darse cuenta. Puede ser tan poderoso como las palabras, solo que prescinde totalmente de ellas. El dirty talk, en cambio, sí necesita de tu voz. Ahí usas toda esa información hot que tienes sobre lo que te gusta y lo que le gusta (o crees que le puede gustar) a tu pareja. Puedes hacerlo con alguna intención en particular o simplemente dejarte ir. Es hora de que abras los oídos y empieces a prestarle atención a este recurso tan subestimado en la cama: el sonido.

Si tu nivel de desinhibición en la pista es enorme, probablemente ya hayas escandalizado al más liberal de tus vecinos y sepas de qué hablamos. Pero si recién inicias, lo más difícil de hacer ruido es perder la vergüenza y explorar. Solo se trata de presionar play y jugar.

¿Lo excita que le hables como una nena o prefiere que le des órdenes?¿Le gusta sentir que te arranca gemidos tímidamente o quiere que le grites a los cuatro vientos el placer que te está haciendo sentir? ¿No lo sabes? Bueno, la única manera de averiguarlo es probando. Si aún no te animas a incorporar palabras, aprende a permitirle escuchar esa respiración agitada, profunda o entrecortada que te pide tu cuerpo mientras están juntos y fíjate cómo reacciona. Solemos vivir controlando cada rasgo de nuestra animalidad, pero no conocer esa parte y no permitirle al otro conocerla es un verdadero desperdicio. Cuando menos lo esperes, las oraciones se van a escapar de tu boca. Y te vas a sorprender.

En esta exploración no hace falta que te conviertas en el cliché de la bebota ni que te aprendas el lenguaje de las dominatrices y se lo sueltes en una noche. ¡Cuidado! es mejor ir despacio.

La obviedad suele ser ridícula y poco sexy. La clave para no caer en ella es que matices tu discurso, no solo de acuerdo con lo que funciona para él, sino, fundamentalmente, con lo que funciona para vos. Si no te conoces en este aspecto, el primer paso es aprender a escucharte. El siguiente es excitarte mientras lo haces. Es curioso, pero en el dirty talk no solo te enciende lo que te dicen, sino lo que vos misma dices y cómo. Oír tu voz, tu tono, meterte en tu mambo y bailarlo como nadie es lo que convierte la experiencia en algo delicioso. Por eso, si te van las palabrotas, dale, pero si no es tu estilo, no lo fuerces. La idea es que te vuelvas más ruidosa y extrovertida, pero no por eso menos auténtica.

Como en toda conexión, encontrar los puntos de coincidencia entre ustedes requiere tiempo. Rebobina y repiensa la experiencia. Aprende a descubrir qué te sorprendió, qué lo sorprendió a él, y pon tu atención en marcha.

Repasar en tu cabeza las cosas que se dijeron y las reacciones que provocaron te servirá también para conocerlo y conocerte más. Tal vez termines descubriendo que aunque creías que iba a entusiasmarlo recrear el soundtrack de una porno hardcore, finalmente solo bastaron algunos suspiros intensos. Tal vez, sin querer, termines descubriendo en sus súplicas el increíble poder que tienes sobre él. Abre los oídos y procesa la valiosísima información que te aportó semejante intimidad.

Como cualquier experiencia de desinhibición, solo se trata de practicar. Cuando identificas tus zonas de confort y encuentras coincidencias con las de tu pareja, es mucho más fácil avanzar, darle rienda suelta a la experiencia y empezar a divertirte en serio. Como en la vida misma, solo se trata de que dejes tus prejuicios de lado, no temas reírte de vos misma y animarte a encontrar tu propia voz. Después, grítala o susúrrala, como más te guste, pero no te olvides de dejársela oír.

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