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viernes, 26 de octubre de 2012

La comunicación efectiva entre padres e hijos

Una comunicación efectiva entre padres e hijos comienza en la niñez, cuando se aprende a escuchar las necesidades más básicas de los niños y niñas para luego en la adolescencia negociar algunas reglas que eviten conflictos y dañen la relación que al poco tiempo pueda terminar por distanciarlos.

Con este propósito, Femenina se contactó con la terapeuta en dianética Rosmery Jordán, quien hace referencia a la importancia de la comunicación entre padres e hijos, algunas técnicas efectivas para lograrla, la manera de proceder en momentos de conflicto y cómo evitar una relación negativa.

“Entre los 2 y 3 años de edad comienza la etapa ideal para asentar el vínculo de la comunicación, porque se comparte sentimientos, deseos, fantasías y miedos. Cuanta mayor intimidad exista en la familia la relación será constante y permanente, más duradera y difícil será de destruir”, afirmó Jordán.

CONSEJOS

La terapeuta asegura que la comunicación con los hijos pequeños es importante, porque al crecer disminuye ese control que ejercen. Al dejar de tener influencia en su entorno son los amigos los que ocupan este espacio, en ese instante lo más efectivo dialogar abiertamente. Si los progenitores no tienen esta capacidad de relación con los hijos se verán atrapados en una lucha de poderes constante.

a.- Se aconseja buscar un buen momento para conversar y evitar hacerlo en medio de un conflicto, pues la comunicación que tiene base en el respeto mutuo requiere de la disposición de admitir y aceptar que los padres no tienen todas las respuestas y conocimientos para solucionar todos los problemas.

b.- Desde luego que el niño sabe cuándo creerle a sus padres y cuándo ellos aparentan saber algo que en realidad desconocen.

c.- El sarcasmo y la ridiculización sólo provocan que la comunicación sea más tensa y destructiva.

d.- Se debe permitir al hijo tomar parte en las decisiones y solución de algunos problemas que se presenten.

e.- En lo posible se debe crear un ambiente de confianza en que los hijos se sientan libres de expresar sus sentimientos sin temor a la humillación.

COMUNICACIÓN

La especialista afirma que la comunicación puede ser verbal o no verbal, las acciones, expresiones y tono de voz dan la pauta para saber si se está escuchando o no. El comunicarse sin palabras a través de una sonrisa, frunciendo el ceño o acariciando las manos son señales de aceptación, sin sobreprotección, regaños o interrupciones.

La comunicación respetuosa entre padres e hijos permite que ambas partes expresen lo que piensan y sienten sin temor a ser rechazados. Lo que significa aceptar lo que el otro dice, pero no necesariamente estar de acuerdo. Al unir el contacto visual y la postura se da la lectura siguiente: “estoy escuchando, me interesa lo que piensas y dices”, explica la terapeuta.

En la conversación pueden surgir dos tipos de respuestas cerrada o abierta. La primera que significa que el oyente no ha escuchado ni comprendido lo dicho y corta la comunicación. Se le niega al niño el derecho a expresar sus sentimientos y demostrarlos.

En cambio en la segunda, el oyente ha escuchado lo mencionado por la otra persona, lo refleja en el mensaje del que habla y comprende los sentimientos que hay detrás de ellas. Se reconoce el derecho que el menor de edad tiene de sentir y expresarse.

CONFLICTO

“Los padres deben ser capaces de controlar sus sentimientos, reprimiendo la rabia o agresividad que en algún momento puedan sentir ante un conflicto con sus hijos. Deben resolver el problema de manera razonable sin ofender ni herir, es fundamental el controlar las palabras y los actos”, recalcó la terapeuta.

Los hijos aprenden a comportarse como lo hacen los padres por imitación, por esta razón es muy importante dar un buen ejemplo de cómo solucionar una situación conflictiva entre ambos.

“Los problemas hay que resolverlos en forma positiva, con diálogo y tratando de llegar a un acuerdo. Hay que ponerse en el lugar del hijo y procurar entenderlo. Tal vez el punto de vista de ellos sea distinto y es mejor hacerles razonar” explicó la terapeuta.

A continuación presentamos algunas situaciones que se deben evitar para no empeorar el problema: a) Hablar sólo del conflicto sin acudir a situaciones pasadas. b) No pensar que nuestro hijo es malo y no tiene solución. c) Permitir hablar al interlocutor sin interrupciones. d) Buscar una solución sin pensar que nosotros siempre tenemos la razón. e) Utilizar frases positivas como: “tú sabes hacerlo mejor”, “puedes aprovechar mejor tus capacidades para estudiar” en lugar de “eres un desastre” o “siempre llegas tarde”. f) No compararlo con alguien más. g) Demostrar amor y un buen ejemplo. h) No hablar mal de sus amigos ni personas importantes para él.

RELACIÓN NEGATIVA

Existen 11 categorías típicas de respuesta, pero en esta ocasión consideramos las más importantes, pregúntese en qué oportunidad contestó de esta forma a su hijo o hija:

1.- De orden, dirección y mandato, por ejemplo: “¡No me importa lo que hagan otros padres, tú tienes que hacer el trabajo del jardín!”.

2.- De advertencia, amonestación y amenaza, por ejemplo: “¡Si haces eso, te vas a arrepentir!”.

3.- El sermonear: Deberías hacer esto… “Las personas responsables, en un caso como éste…”.

4.- Conferencias, argumentos lógicos, por ejemplo: “Cuando yo tenía tu edad, tenía que hacer el doble de cosas que tú”. “El 90 por ciento…”.

5.- Juzgar, criticar, culpar y estar en desacuerdo, por ejemplo: “Si fueras un buen hijo, estudiarías”.

El ser padre no es una tarea sencilla por este motivo es necesario conocer que muchas de las respuestas arriba señaladas son destructivas y perjudiciales para las relaciones de sus hijos con los demás, por eso se deben evitar.

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