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martes, 18 de diciembre de 2012

EL ‘DUELO’ ANTES DE VOLVER A AMAR



Cuando una relación llega a su fin y Cupido ‘vuelve a hacer de las suyas’, hombre y mujer se preguntan si existe un periodo de tiempo que los ‘autorice’ a iniciar otro romance sin ser mal vistos socialmente.

Además, resulta prudente tomarse su tiempo antes de encarar otra experiencia amorosa, para entrar ‘saneados’ a la nueva relación, como deja bien en claro el psicoterapeuta Oliver Silva.

A Susana le costó decidirse, pero al fin terminó con su matrimonio de diez años con Jesús. Tanto ella como su exmarido encontraron pareja más temprano que tarde, pero a ambos les costó animarse a salir a la calle de la mano con sus respectivas nuevas conquistas. A los dos les dio vueltas en la cabeza la gran pregunta: ¿cuál es el tiempo aceptable para terminar una relación y asumir públicamente otra sin lastimar al ‘ex’ y sin levantar malos comentarios de terceros?

Ese viejo dilema plantea que es necesario un periodo de ‘duelo’ que puede durar días o años, todo depende de cuán intensa fue la anterior relación, cuánto tiempo duró y lo convencidos que estuvieron el uno del otro.

El necesario periodo de ‘duelo’
“Hombre y mujer tienen que pasar por un periodo de ‘duelo’ para separarse bien. Para iniciar con éxito otra relación hay que tener un buen cierre con la pareja anterior, que puede demandar un día o diez años”, remarca la psicóloga clínica Beatriz Goldberg, autora de numerosos libros sobre crisis de pareja y conocida conferencista en su país, Argentina.

“El tiempo de duelo permitirá reconocer lo bueno que tuvo el otro y ver dónde nos equivocamos. Solo así se podrá solidificar la nueva relación para no repetir los errores del pasado”, asevera recalcando que cuando hay hijos de por medio hay que estar muy seguros, para no presentar a varios compañeros sentimentales y confundir a los chicos. En este punto Susana y Jesús saben que no se tomaron el tiempo necesario para cerrar bien las heridas y eligieron seguir el dicho ‘un clavo saca a otro clavo’.
“Eso es lo peor, no se dan cuenta de que al final del día, terminarán no solo con uno sino con dos huecos en el corazón”, advierte Silva.
Tampoco hay que irse a los extremos y pensar que se terminó la relación y por lo tanto, se acabó el mundo. Cada quien tiene derecho a rehacer su vida, como lo explica la psicóloga clínica y psicoanalista Paula Benedict: “Cuando sobreviene una ruptura y una separación definitiva, cualquiera de los dos miembros de la expareja tiene el pleno derecho de rehacer su vida emocional con otra persona. Pero sin importar las causas del rompimiento y la forma en que se llevó a cabo, resulta prudente introducir un espacio temporal para encarar una nueva experiencia de forma que se permita a cada cual desvincularse realmente de la relación anterior. Ambas personas requerirán crear un espacio afectivo saludable y suficiente para que la nueva pareja pueda crecer con libertad y sin contaminarse con asuntos emocionales pendientes. Esto no puede forzarse, retomar el equilibrio personal es un proceso de elaboración que no surge de un día para otro”.

Lo que dice la sociedad
“Vivimos en un pueblo grande, pero sin la mentalidad de las verdaderas metrópolis. Aquí le damos permiso al otro de meterse en nuestra vida porque nosotros también juzgamos al vecino”, asevera Silva; y dada su larga experiencia como terapeuta familiar se animó a decir que la sociedad demanda un tiempo apropiado para permitirnos salir de nuevo con otra persona. Para él, el camino está expedito cuando hay una disolución legal (entonces la sociedad ya no tiene por qué censurar, pues ya no existe el vínculo que une a la expareja), cuando hay una separación total de cuerpos y cada uno está haciéndose cargo de su vida y por último, cuando el grupo social de amigos lo permite. “Esto es lo más complicado, pues casi siempre la pareja ha hecho amigos en común”, reconoce.

Coincide con él Benedict que confirma que hay ciertos convencionalismos sociales que dan un marco cultural y ético para regular las relaciones de pareja y de la familia, lo cual, sin caer en la mojigatería, aporta para que los intercambios sexuales y el cuidado de los hijos no sean caóticos ni se caiga en la promiscuidad”.

Susana y Jesús le tenían miedo a lo que diga la gente. A ella le importaba qué iban a pensar sus padres y sus hijos y ella necesitaba su aprobación, cuando se la dieron (pasó casi un año), se sintió libre de salir a cenar, pasear de la mano y hasta de presentar a su compañero sentimental a las amigas. Jesús, por su parte, esperó a que Susana haga pública su relación para inmediatamente (al día siguiente) llevar a su actual amor al primer junte en parejas de los amigos de la ‘frater’ y subió al ‘Face’ las fotos juntos, en las que por cierto, se podía ver que la ‘sustituta’ ya estaba embarazada.

¿Cuándo presentar al nuevo amor a los amigos?
A Francisco, el nuevo compañero sentimental de Susana sus amigas lo aceptaron de inmediato. Les cae mejor que Jesús, a quién ya le habían elaborado toda una lista de defectos. Mientras que a Jesús sus amigos tampoco le hicieron mucho problema, pero este no pudo evitar sentir (o imaginar) que las esposas de sus amigos miraban de reojo a su amada Jéssica. Para empeorar más la situación, a veces se confundieron y en lugar de llamarla por su nombre, le dijeron el de la ‘ex’.

Al principio no conviene introducir a la nueva pareja al círculo de amigos, ese es el consejo de Goldberg: “La gente se toma a pecho la fidelidad con la antigua pareja y se corre el riesgo de que empiecen las comparaciones. La gente se mete y los mejores amigos, por más buenos que sean, no van a aceptar rápido al nuevo amor”.

Sobre el mismo punto Benedict cree que “Cuando sobreviene la ruptura es posible que se den cambios dentro del círculo habitual de amigos. Algunos permanecerán como amigos de ambos y puede resultar algo incómodo compartir los mismos eventos sociales con las respectivas parejas. Al mismo tiempo surgirán nuevas amistades fruto de la novel relación y otras amistades se distanciarán naturalmente por temas de afinidad. En todo caso, el cambio de estado o la nueva pareja no tienen porqué inhibir el relacionamiento con los amigos entrañables que seguramente estarán al tanto de lo ocurrido. Probablemente lleve un tiempo de ajuste de la nueva pareja regular el intercambio con los amigos pero paulatinamente se logrará un equilibrio y recobrará la naturalidad para departir con ellos. El asunto puede complicarse si la ruptura fue muy conflictiva o si aún quedarán temas pendientes o resentimientos con la ex pareja”.

Cuando duele ver al ‘ex’ del brazo de otro amor
Los especialistas coinciden en que muchos ‘ex’ fingen que no les intersa la persona por quien fueron remplazados, pero casi siempre caen en las comparaciones: yo soy más alto, yo soy más bonita... Para no caer en esto “hay que trabajar la autoestima y la idea de soltar al otro. Es un aprendizaje y para hacer un buen cierre, si es necesario, se acude a la terapia”, dijo Goldberg.

Ahora Susana vive bien con Francisco y Jesús con Jéssica, pero una vez tuvieron una sensación rara cuando se vieron cara a cara del brazo de sus ‘respectivos’. No sintieron celos, pero pasaron un momento embarazoso que no supieron explicar en su momento.
Al respecto, Benedict considera que si uno de los miembros de la expareja aún sufre cuando ve al otro acompañado, generalmente es porque los procesos de desprendimiento y de separación no se llevaron adecuadamente, habiéndose dejado asuntos sin aclarar. Otras veces sólo puede tratarse de añoranzas del pasado, de lo que en algún momento fue bueno para ambos.

¿Cómo saber que estamos listos para otra relación?
“Estamos preparados para establecer una nueva y sólida relación cuando hemos resuelto nuestro conflicto previo. Ya sabemos qué parte de responsabilidad tenemos en el fracaso anterior y estamos limpios y saneados para asumir otra pareja”, manifiesta Silva, que además apunta otro aspecto: ver al nuevo amor de forma objetiva crear demasiada expectativa. “Nadie es perfecto, hay que ser capaz de ver en el otro sus virtudes y defectos tal cual, para no precondicionar en absoluto la relación”.
Para Goldberg es fundamental reconocer si se logró vencer el miedo a estar solo (para no iniciar una relación únicamente para andar acompañado) y si se tiene la autoestima equilibrada.

Por último, cree que hay que ser conscientes de los errores cometidos porque se han dado casos en que se elige a alguien por cuán parecido o diferente es al ‘ex’, por miedo a repetir el fracaso, cuando la clave está en detectar los errores para no caer en lo mismo.

En esto Benedict es más exhaustiva, recomienda haber efectuado una separación lo menos conflictiva posible, tener bien claros los motivos de la separación para asegurar la decisión y saber que a pesar de la dificultad y el dolor esta es una oportunidad de crecimiento personal. La pareja no es el principio ni el fin de la vida.

También sentirse emocionalmente tranquilo, tolerando la soledad y disfrutando de ella (esto suele ser lo más difícil). Por último, lo más importante, desterrar los sentimientos de venganza, celos y conductas provocadoras o agresivas hacia la expareja.
Susana y Jesús creen que superaron el estrés de la ruptura, sufrieron la pérdida y ya dejaron de evocar el recuerdo. Sienten que se adaptaron a la nueva situación y ahora están construyendo una relación que no saben si va a dudar o no, pero creen que recorrieron el camino que era necesario.

TERMÓMETRO DE MADUREZ

Te falta un poco más si...
Querés vengarte. Seguís llorando por la pérdida y tenés ganas de conseguir rápido un remplazante para restregárselo frente a sus narices y que sepa que un clavo saca a otro clavo.
Las odiosas comparaciones. Encontraste remplazante, pero no dejás de compararlo (a) con tu ‘ex’. Te fijas como come, baila o hace el amor.
Resistencia. No asumís que ya todo terminó y te resistís a cortar el vínculo. Si tienen hijos de por medio le llamás seguido porque “al niño se le acabó la leche o está estornudando y está grave”

¡Estás listo!
Ya reflexionaste. Asumiste que la otra persona ya no está más con vos, que terminaron porque no se llevaban bien juntos y que están mejor separados. Reconociste tus errores y los de la otra persona y te has propuesto no repetirlos cuando Cupido te vuelva a flechar.
Encontraste alguien especial. Te sentís bien en su compañía y aflora lo mejor de tu personalidad cuando está a tu lado. Creés que sus defectos se pueden sobrellevar y que sus virtudes pesan más.
Llevás la fiesta en paz. Lograste cerrar con tu ‘ex’ en buenos términos y se han vuelto amigos.

DESAHOGO DE PENAS Y DE DUDAS EN LA WEB
Blogs y foros en la Internet dedican mucho espacio a los temas de relaciones de pareja y la inquietud respecto a ¿cuándo es prudente empezar de nuevo en el amor? En uno de ellos, conquistamicorazon.com, una ‘doctora corazón’ supo resumir así su consejo: “Se puede empezar una nueva relación cuando no tengás rencores hacia tu ‘ex’, sintás que ya lo(a) olvidaste, veás que fue algo lindo lo que pasó con esa persona y ya no pensás en venganzas. Estás listo (a) cuando dejás de llorar por él o ella, cuando creés que la nueva persona llena todas las expectativas que necesitás para sentirte bien afectivamente y dejás de compararla con tu ‘ex’. Y he aquí la última pauta: no te presionés para sentir algo por alguien ya que el amor debe ser natural y no un deber.
Por último, he aquí un dato interesante que da todamujeresbella.com: “Las secuelas físicas de una ruptura pueden llegar a ser una enfermedad, como reconoció Hime&Company, una empresa de cosméticos con sede en Tokio, que permite a sus trabajadoras pedir unos días de baja tras una ruptura sentimental”.

ANTES DE ASUMIR PÚBLICAMENTE LA NUEVA RELACIÓN HAY QUE...
Estar libre y sin ningún compromiso. Tiene que haber ya una disolución legal, así la sociedad ya no tiene qué censurar, pues ya no existe un vínculo que ate a la expareja. Así cada uno está socialmente habilitado para conformar una nueva relación.
No apurarse a conseguir pareja. Que tener compañía no sea el principio y el fin de nuestra vida porque puede empujarnos a concretar una nueva relación de forma ansiosa e impulsiva para llenar un vacío existencial.
Sentirse cómodo consigo mismo. Estamos tranquilos y disfrutamos de nuestro tiempo solos, a pesar de que la expareja ya no se encuentra incluida en nuestra rutina.
Tener el corazón saneado. Haber resuelto asuntos de responsabilidad compartida cuando se tiene hijos, en caso contrario ello es fuente de confrontación y evita el desapego exitoso. Tener claro cuáles fueron los errores propios para no volver a cometerlos con la nueva pareja.
Ser realistas. Ver a la nueva pareja de forma objetiva sin sobrecargarla de expectativas.

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