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lunes, 16 de septiembre de 2013

Relegados por los hijos

Ana y Felipe tuvieron una etapa muy feliz durante sus primeros tres años de matrimonio. Recibieron terapia familiar, pero también se instruyeron para convertirse en buenos padres.
Al momento de nacer su primer bebé, Ana experimentó la maternidad de un modo especial, su atención se hizo casi exclusiva para su hijo. Los continuos desvelos por atender al niño, su agotadora jornada que le exigía también mantener la casa limpia y preparar la comida, hicieron que se angustiara frente a su nueva vida y a los cambios que tuvo su cuerpo.
Todo eso fue repercutiendo en la relación con su esposo. Felipe se quejaba constantemente de la escasa atención que le brindaba Ana y pensaba que el bebé le había quitado su lugar, y su inseguridad y necesidades se hacían cada vez más fuertes. Esta situación tuvo una duración bastante larga y, al final, él decidió buscar consuelo y la atención que necesitaba fuera de casa.
Una historia que se repite
La sicóloga Ingrid Saavedra dice que esta situación es muy común en las madres, sobre todo en las primerizas, debido al cambio drástico en su estructura familiar, su cuerpo y su rol. “Por un lado, la emoción que le genera experimentar la maternidad, la atención y cuidados que requiere el bebé, y la inseguridad respecto a su cuerpo hacen que permanezca distante de la pareja”, explica.
Es muy común, agrega, que algunos varones experimenten ciertos celos hacia el nuevo integrante de la familia, puesto que ha pasado a ser prioridad para la madre.
A su vez, la sexóloga Mónica Rivero expresa que la llegada de los hijos genera cambios en el matrimonio que van desde lo económico hasta los más drásticos en la pareja. “Por las imposiciones culturales, por el sentimiento de protección que adopta la mujer en esa etapa de su vida como es la maternidad, la mayoría descuida uno de sus roles más esenciales como es el de esposa”, resalta.

Cambios en la dinámica familiar
Para la sicóloga Claudia Tórrez, la llegada de los hijos es un acontecimiento bello, gratificante y muy esperado por la pareja. Sin embargo, es también un evento que genera mucho estrés y tensión, ya que conlleva serias modificaciones en la dinámica familiar e implica asumir nuevos roles para los miembros de la pareja, para los que, en no pocas ocasiones, no se han preparado, incluso a pesar de que ya habían planificado la llegada de ese hijo.
En este sentido, Ingrid Saavedra explica que son varias las causas por las cuales la esposa relega a su marido a un segundo plano. Entre ellas menciona la evasión de dificultades conyugales, sobreprotección de los hijos, depresión, conflictos con el desempeño de su rol, esposo ausente de las situaciones familiares, desorganización y la falta de equilibrio, de orientación o de tiempo.

¿Prioridad al rol maternal?
La terapeuta Nadia Rocabado considera que cuando una mujer se convierte en madre muchas veces exagera su rol maternal haciendo de los hijos su centro de atención y descuidando su vida de pareja e incluso su propia vida, relegando al esposo a un segundo plano y a ella misma, a un tercero.
“Esto muchas veces tiene que ver con las exigencias sociales, ya que la misma sociedad demanda que las madres se centren por entero a los hijos, que sean abnegadas, caso contrario son señaladas como negligentes. Incluso el mismo cónyuge con frecuencia le exige más dedicación y hasta sobreprotección para los niños sin darse cuenta de que eso le juega en contra a la relación de pareja”, remarca.

¿Quién es primero?
Siempre, subraya Mónica Rivero, debe estar en primer lugar el cónyuge, puesto que si están bien como pareja, como padres funcionarán mejor y, por ende, transmitirán esa felicidad a los hijos.
Similar es el criterio de Rocabado, que asegura que la pareja siempre debe estar en primer plano porque si papá y mamá están bien, los hijos se sentirán seguros y felices.
Saavedra aclara que el sistema familiar tradicional consta de dos subsistemas: padres e hijos y que ambos desempeñan roles que ya están prestablecidos.
Añade que entre las pautas de interacción de los miembros está el respeto al subsistema ‘padres’, por orden de jerarquía, de lo contrario, se producen desequilibrios en la familia como la desvalorización de la figura paterna, pérdida de autoridad del padre, confusión con los límites y normas en los hijos, se fortalece el posible conflicto conyugal o se genera mayor distanciamiento con la pareja, además de la confusión de roles.

Conflictos que se generan
La terapeuta familiar y sexóloga Liliana Zabala hace hincapié en que relegar al esposo a un segundo plano dando prioridad a los hijos, puede provocar una desmembración total en la familia, ya que si estamos frente a una madre que desconoce sus roles de esposa-amante, es seguro que ocasionará una crisis familiar, ya que el esposo demanda no solo atención, sino también sexo y amor.
“Los hijos no deben ser motivo para que las mujeres descuidemos a nuestro esposo. Por ello, hay que darse tiempo para el romanticismo, salidas a cenar solos y encuentros sexuales. Hay que tratar de dejar a los niños con algún familiar, para que con nuestro cónyuge podamos compartir cosas juntos y a solas”, recomienda.
Para Rocabado relegar a la pareja a un segundo o incluso tercer plano puede ocasionar que la relación de pareja se malgaste y haya un alejamiento entre cónyuges, estrés, cambio de humor e infidelidad ante el descuido de la pareja, lo que puede derivar en divorcio.
Es importante, apunta Rivero, darse cuenta de que la relación se la tiene que seguir cultivando día a día sin importar el número de hijos, ya que un día ellos crecerán y si se descuida a la pareja, la pueden perder; en cambio a los hijos se los tendrá siempre.

La comunicación
Claudia Tórrez dice que una buena relación de pareja se basa en la comunicación y en la flexibilidad que tengan, tanto el hombre como la mujer, respecto a los roles que cada uno debe ejercer, además de la organización del tiempo, de las obligaciones, de los ratos libres y de las actividades que sean capaces de organizar y de disfrutar a solas y como familia.
“La clave está en apoyarse mutuamente para que además de ser marido y mujer, madre y padre, puedan seguir siendo personas, trabajadores, desarrollándose profesionalmente ambos sin que uno sienta que el otro le deja solo con toda la carga”, puntualiza.

Secretos para mejorar
Tomando en cuenta que el cónyuge es el que siempre tiene que estar en primer plano para que la familia funcione como es debido, es importante tomar en cuenta algunos consejitos que brindan las sicólogas.
Enseñar a los hijos a ser más autónomos, evitar sobreprotegerlos, tener un proyecto de pareja, no solo de familia, como por ejemplo hacer cosas o pasar el tiempo solo los dos, evitar que el tema central de conversación sea de los hijos.
Es bueno que durante el día la pareja tenga por lo menos una hora para estar los dos a solas. Hay que cuidar los detalles que al cónyuge le hacen feliz, evitar la rutina y siempre improvisar creativamente alguna actividad como tomar un baño juntos, ver televisión en compañía, dar un paseo por el manzano, cocinar y regar las plantas juntos.

Los hijos no deben acaparar la atención
Mónica Rivero resalta que el dormitorio de la pareja debe ser sagrado, en el sentido de que al llegar la noche y a cierta hora, todos los integrantes de la familia sepan que no deben interrumpir porque mamá y papá necesitan hablar.
Si los acostumbran de esta manera, indica, los hijos estarán aprendiendo normas dentro de casa así como de respeto a la intimidad de sus padres y la importancia que se da a la pareja.
Asimismo, Rocabado refiere que no es conveniente que los hijos acaparen el espacio y el lugar de la pareja, como la habitación nupcial, el baño y mucho menos la cama; hay que enseñarles a no acaparar la atención de la madre. “No se debe permitir que los niños y el trabajo le roben a su esposo, organícense y vean qué es prioritario”, señala la sicoanalista.
No tienen que rechazar las atenciones del esposo por atender a los niños. Si él quiere salir a solas hay que buscar con quien dejarlos, si trae un regalo, hay que abrirlo en ese momento, no después de que atendieron a los chicos.
“No pierdan la intimidad por los hijos, no antepongan el trabajo, incluso cuando estén trabajando háganle saber que están pensando en la pareja, mándenle un sms, un email o háganle una llamada corta”, coinciden en señalar Zabala y Rocabado

Algunas sugerencias para mejorar

La sicóloga Ingrid Saavedra dice que cada uno tiene su lugar y su rol en el hogar. Da algunos consejos:
Darle su lugar al esposo. Pero él debe ser partícipe de la educación y responsabilidades con los hijos, lo que equilibra, relaja y fortalece la distribución de funciones en el hogar y permite manejar mejor los momentos de encuentro entre esposos.
Demostramos importancia. Al respetar los momentos de pareja e incluirlos en las situaciones con los hijos, ya que la responsabilidad será liviana. Si ambos se involucran, tendrán más tiempo para estar juntos.
Un equipo. La familia debe esmerarse por el bien común y trabajar unida para llegar más lejos, a un mejor lugar y en menor tiempo.
Nivel jerárquico en la familia. Hay que respetarlo. Por ejemplo, el primer plato de comida que sirve la mamá debe ser para el papá, que al llegar a casa, el saludo especial y cariñoso tiene que ser primero para su esposa.
Hijos con dificultades. Si alguno tiene dificultades emocionales o de aprendizaje y demanda más atención, hay que observar si como pareja estamos manejando bien nuestra relación, ya que todos nuestros conflictos desembocan en los chicos.

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