domingo, 7 de septiembre de 2014

Inapetencia sin deseo sexual

Clara (30) tiene una vida aparentemente feliz. Profesionalmente está realizada, tiene un niño que acaba de cumplir dos años, es joven, bonita, no tiene problemas económicos ni de salud, cuenta con el apoyo y el amor de su familia y está casada con un hombre que la ama. Pero hace mucho tiempo que dejó de sentir deseos de tener relaciones con su esposo. Ella lo quiere; sin embargo, no entiende por qué, de un tiempo a esta parte, no desea el vínculo sexual con él.

Por lo que ha leído, su caso puede estar relacionado lo mismo con un problema síquico que con una disfunción fisiológica, pero visitar a un especialista para pedirle que la ayude a volver a sentir deseos de tener sexo con su pareja, no es una opción para ella.

A medida que pasa el tiempo la situación de Clara no ha cambiado e incluso, está peor. Hay noches en las que busca hacer varias cosas antes de acostarse para encontrar a su esposo dormido. Otras veces se duerme temprano para que cuando él llegue no la encuentre despierta; luego inventa dolores de cabeza, otro día organiza una salida y opta por regresar bien tarde. Todo lo que hace es ganar tiempo para pensar y darle una solución a su problema.

¿Qué es?
La inapetencia sexual, afirma la sexóloga Liliana Zabala, es la falta de deseos o la pérdida de la libido, incluyendo las fantasías sexuales. “Tanto hombres como mujeres lo padecen, aunque se cree que el problema se da más en las féminas y no es así. Lo que sucede es que la mujer siempre quiere mostrarse más casta y pura. Todos alguna vez hemos padecido de inapetencia sexual”, remarca la terapeuta.

Agrega que el Manual de Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales lo denomina Deseo Sexual Hipoactivo. Se trata de una ausencia o deficiencia de fantasías y deseos de actividad sexual, de forma persistente, que provoca malestar intenso en la persona que lo padece o dificultades en la relación interpersonal con la pareja.

Para la sexóloga Mónica Rivero, la inapetencia sexual es un problema que genera muchos conflictos en la pareja porque generalmente solo se da en uno de los dos.

“La falta de deseo o de interés sexual es uno de los trastornos más frecuentes y se divide en dos tipos: el deseo inhibido, caracterizado por una deficiencia o ausencia de fantasías y deseo de tener actividad sexual y el trastorno por aversión al sexo caracterizado por una evitación al contacto genital con su pareja”, explica.

Afecta más a las mujeres
En cuanto a la prevalencia, Rivero manifiesta que se puede afirmar que la pérdida del deseo, hoy es el trastorno más frecuente entre las disfunciones sexuales.

Según diversos autores (Bancroft, Nathan, Cole y Dryden), en los hombres se da entre el 1% y el 15%, mientras que en las mujeres la proporción es mayor, entre el 1% y el 35%. En la población clínica, es decir, parejas que asisten a terapia sexual, los datos coinciden, por lo que se puede afirmar que este tipo de disfunción se da con mayor frecuencia en las mujeres que en los varones.

Según la sicóloga Claudia Tórrez, la insatisfacción propia o la de la pareja debe ser un signo de alerta. Si bien esto no debe llevar a la persona a considerarse con bajo deseo sexual, es importante que les motive a buscar los recursos para transformar la insatisfacción en satisfacción.

Factores que influyen
Zabala y Rivero coinciden en asegurar que en esta disfunción sexual, que no es lo mismo que impotencia, intervienen factores no solo sicológicos sino también orgánicos o fisiológicos.

Entre las causas orgánicas o fisiológicas están los bajos niveles de hormonas sexuales; cambios hormonales (menopausia y andropausia), consumo de un fármaco que interfiere en la libido, o bien alguna enfermedad o simplemente el proceso de envejecimiento gradual y progresivo.

“Todo ello tiene una repercusión en nuestra fisiología y, por ende, influye en el funcionamiento de nuestra respuesta sexual y de la libido”, explica Zabala.

Asimismo, hay causas sicológicas que pasan por el desconocimiento del funcionamiento erótico-sexual del propio cuerpo y del de su pareja, así como también por la insatisfacción, tornándose una experiencia frustrante que lleva a evitar futuras relaciones sexuales.

Zabala argumenta que el aburrimiento y la rutina llevan a obtener poco placer y el miedo que puede causar el requerimiento de ‘dar la talla’, puede bloquear y generar en la persona un rechazo, negándose a las oportunidades de un encuentro sexual para evitar esa desagradable sensación de miedo, ansiedad o vergüenza.

Por otro lado, los preceptos religiosos, prejuicios y tabúes acerca del sexo, las violaciones o abusos sexuales y las malas experiencias, conllevan a tener una libido muy baja.

Rivero agrega que el estrés, la depresión, la ansiedad, y la baja autoestima, también inciden, ya que provocan una serie de cambios sicológicos y fisiológicos que van acabando con el deseo sexual. Además, prosigue, la falta de tiempo para la intimidad, la rutina, la monotonía, la escasez de caricias adecuadas y los pocos estímulos sexuales van acabando con el deseo sexual.

Tratamientos

No hay que angustiarse, indica Zabala, ya que el bajo deseo sexual tiene solución, pero primero es necesario conocer cuáles son las causas. No obstante, las terapias sicológicas y sexológicas deben hacerse en pareja.

Si se trata de una relación que se ha vuelto conflictiva, con discusiones y peleas frecuentes, marcada por una insatisfacción afectiva dolorosa, con pocos proyectos en común y, quizá, hasta dañada por los celos o por la infidelidad, lo esencial es trabajar en el rencuentro en pareja, de lo contrario difícilmente habrá deseo de buscar solución de común acuerdo.

“Ambos cónyuges deben tener en cuenta que el resultado no es inmediato y que la terapia es algo tedioso pero sí o sí debe realizarse en pareja”, dice Zabala.

En criterio de Rivero, es primordial aceptar esa disfunción para ser ayudado. Los tratamientos son diferentes dependiendo del diagnóstico, si es por aversión al sexo o si es un deseo inhibido. En ambas terapias se precisa la colaboración de la pareja para lograr buenos resultados.

“Hay que empezar por la terapia educativa y de restructuración cognitiva para desmontar prejuicios e ideas distorsionadas, luego aplicar el paquete terapéutico más adecuado según el caso.
También es necesario ayudar a la pareja a resolver aspectos generales de su relación y en la utilización de programas de focalización sensorial como medio para restablecer unas relaciones sexuales satisfactorias”, afirma.

Para tratar la pérdida de la libido, Tórrez argumenta que es esencial redirigir la atención de la pareja hacia lo sexual; tanto de los estímulos internos, ya sea pensamientos eróticos o la percepción de sensaciones de excitación, como también de los externos, vale decir, caricias que despierten los sentidos o la lectura de un texto erótico


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