lunes, 20 de julio de 2015

Noviazgo: Aprender a esperar



También están los que consideran que una sexualidad vigorosa es la que se desarrolla en promiscuidad, o de acuerdo a la “ley de la selva”: sin reglas, normas ni valores… la sexualidad se torna en una especie de compulsión irracional que consume y desgasta al individuo. Con esa actitud, las personas fácilmente destruyen relaciones, hieren a los demás y a sí mismos, instalándose en ellos el vacío y la insatisfacción

Dicen que el noviazgo es una de las etapas más lindas en la vida de un hombre y de una mujer. Permite a la pareja conocerse más a fondo y, en su momento, si así lo quieren sus componentes, dar el paso determinante a la fase del matrimonio.

El tiempo del enamoramiento suele estar repleto de alegría, porque los involucrados se prodigan en atenciones hacia su “complemento”. Y a medida que pasan los meses, siempre considerando algunas circunstancias como el trabajo, los estudios y la edad, tarde o temprano surge el planteamiento sobre el futuro: la pregunta de si la persona que está conmigo podría ser la que me acompañe como pareja toda la vida.

En este punto caben dos posibilidades: de encarar la cuestión de la pareja con seriedad, puede tener un futuro prometedor, pero si la relación se toma a la ligera es probable que una o ambas partes salgan lastimadas, o por lo menos insatisfechas.

Por eso es importante saber esperar para encontrar a la persona adecuada con quien construir un proyecto de vida, aunque es bueno saber que la felicidad y la plenitud están directamente ligadas a la realización personal.

¿¿¿Matrimonio??? ¡¡¡Ni idea!!!
En las últimas décadas se ha venido imponiendo la costumbre de una juventud poco interesada en casarse, entre otros motivos, porque prefieren anteponer sus aspiraciones académicas, su realización profesional o la búsqueda de estabilidad económica.

Algunos deciden ceñirse a valores y principios superiores, tales como alcanzar un desarrollo físico, emocional y espiritual saludable, enfrentando desafíos distintos a los que construyen su vida sobre la base de parámetros de comodidad, conveniencia o autogratificación personal.

En este sentido, los que tratan de llevar una vida acorde con los valores y principios que eligieron, enfrentan cada día numerosos desafíos relacionados especialmente a la sexualidad, porque son parte de una sociedad con doble moral y permisiva en temas como los encuentros sexuales casuales entre, por ejemplo, “amigos con derechos”. La falta de compromiso y la satisfacción inmediata del deseo sexual generan una fuerte presión sobre ellos.

Sexualidad
Luis Fernando Negrón, asesor familiar y coordinador nacional del Proyecto Éxodo y el Programa de Educación Sexual Integral Preventivo (PESIP) y, a la vez, director de la Escuela Para Padres Bolivia, realizó numerosas indagaciones entre jóvenes de varios departamentos del país, a los que impartió enseñanza sobre sexualidad; aprender a amar inteligentemente; autoestima e inteligencia emocional; el plan de vida, y otros.

“El propósito que tenemos es que los jóvenes conciban su sexualidad como un ámbito de la vida que se puede canalizar adecuadamente de acuerdo con sus valores para que puedan sobrellevar los conflictos que se presenten; por decidir, no tener relaciones sexuales extramaritales”, explica el profesional.
La sexualidad se refiere a esa parte de la experiencia humana que responde a la necesidad de interrelacionarse con otros por medio del aprendizaje que busca la realización personal y la construcción subjetiva de la identidad.

En la relación sexual, en cambio, la pareja busca el bienestar y el desarrollo de ambos, en un encuentro que es único y exclusivo.

La vivencia saludable de la sexualidad comprende: fidelidad mutua, afecto, confianza, sensación de seguridad, compromiso, respeto, libertad, responsabilidad y la convicción de tener relaciones sexuales con una sola pareja, con la que existe una relación de compromiso, dentro de un marco de proyecto de vida.
Esto, en el caso de los cristianos, por ejemplo, suele concretarse a través del vínculo del matrimonio.

Con todo, los padres y educadores saben que los jóvenes están en una sociedad que los estimula a llevar una vida sexual activa, que también se experimenta en ambientes laborales y de recreación, explica el asesor familiar consultado por ECOS.

En este contexto, cientos de jóvenes que fueron asesorados y entrevistados por Negrón expresaron la necesidad de contar con herramientas que les permita manejar situaciones complicadas, tener respuestas para las mofas o cuestionamientos de sus pares, y canalizar adecuadamente sus necesidades afectivas y sexuales.

Vacío e insatisfacción
Al contrario de lo que exponen algunos teóricos, la sexualidad no solo puede ser entendida en función de la reproducción o del encuentro físico, ya que la influencia del instinto (a diferencia de los animales) se diluye en la complejidad del ser integral.

“Si bien es cierto que a partir de la adolescencia se experimentan fuertes impulsos sexuales que derivan de la hiperactivación hormonal, no se puede negar que también entran en juego otras áreas de la personalidad”, explica Negrón.

Es muy distinto el caso de las personas que limitan su sexualidad a lo genital, es decir, que solo se involucran en una actividad sexual con el fin de experimentar un placer pasajero.

También están las que consideran que una sexualidad vigorosa es la que se desarrolla en promiscuidad o de acuerdo a la “ley de la selva”: sin reglas, normas ni valores.

En estos dos casos la sexualidad se torna en una especie de compulsión irracional que consume y desgasta al individuo. Con esa actitud, las personas fácilmente destruyen relaciones, hieren a los demás y a sí mismos, instalándose en ellos el vacío y la insatisfacción.

¿Conquistador o mendigo?

Los factores que influyen para que una persona tienda a ser conquistador o mendigo de amor son innumerables. Se puede citar, entre otros, el rechazo por parte de los progenitores, castigos físicos crueles y rigorosos, padres dominantes o bien ausentes, la corrección negativa, un hogar inestable y las comparaciones chocantes.

“Si encontramos alguna de las características de los dos problemas mencionados fuertemente arraigadas en nuestra persona, es importante autoevaluarse y buscar ayuda profesional”, aconseja Negrón.

Es posible que por razones culturales, de historia de vida o emocionales se busquen características poco sanas en las personas con las que se desea establecer una relación romántica o amorosa.

Muchas veces, la búsqueda de estereotipos u otras características que derivan de la inseguridad (baja autoestima, problemas emocionales no resueltos, arraigos culturales que desdeñan los valores esenciales del respeto, la honestidad, la equidad y la tolerancia, entre otras), con seguridad conducirán a relaciones problemáticas que terminarán desgastando a la pareja.

“Mucha gente acostumbra a decir ‘abre tus ojos en el noviazgo y ciérralos cuando te cases’. Nosotros al contrario les decimos ‘abre tus ojos en el noviazgo y ciérralos cuando te cases’, porque finalmente decidiste amar a esa persona con limitaciones y debilidades” manifiesta.

Por esta causa, Negrón anima a la población juvenil a que sean personas plenas: “naranjas completas”, no medias naranjas, porque la felicidad y la plenitud —resume— tienen que ver con la realización personal.

Tips de sexualidad sana

En una sexualidad sana se integran todas las áreas de la persona en función del bienestar y del desarrollo individual y relacional, encontrando a través de ella una enorme satisfacción…

…Cuando se comparte con la pareja existe afecto, confianza, fidelidad, amor, sensación de seguridad y compromiso; así, hay un alto grado de intimidad, estabilidad y comunicación.

…Cuando la persona conoce el valor real de la vida, por lo que evita exponerse y someter a los demás a daños y perjuicios o a situaciones riesgosas para la salud física, mental, emocional y espiritual.

…Cuando se tiene un profundo autoconocimiento y autodominio que deriva en el ejercicio pleno de la libertad con responsabilidad.

…Cuando existe conciencia de la importancia de compartir la vivencia de la sexualidad con alguien especial, con una relación fuerte y consolidada, con respeto a las necesidades y tiempo compartido y sin ninguna decisión impositiva.

…Cuando el ejercicio pleno de la sexualidad es parte del proyecto de vida, que abarca todos los demás aspectos de la existencia; por tanto es necesario informarse, reflexionar y tomar decisiones sobre cómo vivirla.

…Cuando la búsqueda de gratificación no es egoísta y más bien la sexualidad es un acto de entrega y de preocupación por el otro.

La tranquilidad y la felicidad son responsabilidad de uno mismo

La plenitud como persona es responsabilidad de cada uno.
La autoestima debe ser sana, con madurez emocional y espiritual, mediante valores y principios bien definidos.
Se debe procurar el desarrollo de habilidades y conocimientos que permitan un sostenimiento propio.
Depender de otra persona en cualquier ámbito es dejar escapar de las manos el bienestar particular.
Las relaciones co-dependientes terminarán siendo fuente de dolor, sufrimiento y depresión.
Las relaciones interpersonales, sean románticas o no, se convierten en una forma de compartir la plenitud con otros, sin buscar en ellas lo que se debe encontrar en el interior, lo que solo Dios puede llenar en el vacío existencial.

Señales de alerta para la selección de la pareja
“Nunca es demasiado pronto para evitar involucrarse en una relación dañina; al gusto hay que añadirle inteligencia. La atracción física, el deslumbramiento pasajero y el ‘amor a primera vista’, como elementos únicos en la selección de pareja (aun en una relación de noviazgo), podrían tener consecuencias lamentables en términos de bienestar y construcción del proyecto de vida”, afirma el asesor familiar Luis Fernando Negrón.
Si reconoce por lo menos una de las siguientes características en la persona con la que piensa entablar una relación sentimental, debe reflexionar sobre las consecuencias que podría traer a mediano y largo plazo iniciar o continuar con su pareja:

1) La baja autoestima se manifiesta en una constante necesidad de halago, reafirmación, celos y de controlar e imponer el propio criterio.
2) Poca valoración del ser humano expresada en actitudes de menosprecio hacia otros, especialmente de personas en condiciones de vulnerabilidad.
3) Carácter explosivo, poco control de las emociones y especialmente cambios abruptos de estado de ánimo.
4) Desdeño de valores y principios universales como la felicidad, el respeto, la tolerancia, la colaboración y la equidad.
5) El ensimismamiento excesivo, dificultad para compartir con otros los sentimientos y una tendencia a mantener en secreto aspectos de la historia de vida o experiencias personales pasadas.
6) Tendencia hacia una continua demanda del otro en términos de tiempo, atención y cuidado.
7) Abuso de drogas, alcohol u otra adicción es señal de inmadurez y hay que adoptarlo con mucho cuidado.
8) Inmadurez emocional en relación con la etapa de vida por la que se atraviesa.

“Nunca es demasiado pronto para evitar involucrarse en una relación dañina; al gusto hay que añadirle inteligencia. La atracción física, el deslumbramiento pasajero y el ‘amor a primera vista’, como elementos únicos en la selección de pareja (aun en una relación de noviazgo), podrían tener consecuencias lamentables en términos de bienestar y construcción del proyecto de vida”, dice el asesor familiar Luis Fernando Negrón

No hay comentarios:

Publicar un comentario