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lunes, 1 de febrero de 2016

Siete razones para decir adiós a una relación

Beatriz G. Portalatin

El respeto hacia uno mismo y hacia el otro guiará los pasos para tener la ruptura menos traumática posible. Ya hemos tirado de la cuerda, hemos dado las oportunidades pertinentes y hemos visto que la cosa no funciona. Que no, que por más que se intente algo falla, no fluye, no da más de sí. En esos casos, la cosa está meridianamente clara: lo mejor es decir adiós y quedarse con los buenos ratos. Aquí van siete razones (de peso) para hacerlo. Habrá para quienes siete no les sean suficientes, para otros sin embargo no hará falta decir nada más, pues como diría Sabina “para decir ‘con Dios’ a los dos nos sobran los motivos”.

La relación se ha vuelto tóxica

Cuando vemos que la relación se está volviendo tóxica para nosotros, es mejor dejarlo y quedarse con lo bueno de esa vivencia. Según explica Silvia Carpallo, autora del libro Decirte adiós con un te quiero, “en ese momento en que nos damos cuenta de que la relación es tóxica, es mejor guardar buenos recuerdos y cortarla antes de que comencemos a crear sensaciones más negativas de las que ahora tenemos y que puedan tener repercusiones para nosotros o para el otro”.

Antes de seguir con las razones, es necesario explicar que, muchas veces, cuesta dejar una relación aunque veas que la historia ya no es como antes. Fundamentalmente, por tres motivos. Según explica Carpallo, primero, porque tenemos miedo a los cambios, a arriesgarnos, a salir de nuestra zona de confort. Segundo, por el miedo a no encontrar algo mejor y a pensar que ‘más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer’, y tercero por el miedo a estar solos, incluso a sentirnos excluidos de los grupos sociales en los que nos movemos no como persona individual, sino en pareja.

La pareja resta, en vez de sumar

“Uno de los objetivos de la vida es poder vivir con serenidad y plenitud”, asegura la psicóloga Patricia Ramírez Loeffler. Sin embargo, a veces parece que lo olvidamos pues “convivir con alguien que te dificulta, que no te suma, que te pone obstáculos, que tiene conductas celosas y, en casos extremos, que no te respeta ni te valora, es vivir una vida a medias”, sostiene. “No salimos de esa zona de confort porque creemos que vamos a sufrir pero tenemos que pensar que para tener una vida mejor hay que atravesar ciertas cosas: el desamor, la frustración, aprender a vivir etc”.

Los sentimientos ya no son los mismos

De algún modo, hemos notado que no sentimos lo mismo por esa persona, ya no la echamos de menos ni queremos compartir cosas que antes sí queríamos. También entonces es mejor dejar las cosas claras y sobre todo ser sincero con la otra persona, a lo mejor nuestra pareja sí está enamorada de nosotros y estirar la relación solo dañará a la otra persona.

La vida sexual es inexistente

Si el sexo falta, algo importante falla en la relación. Cuando miras a tu pareja más como un compañero de piso que como un amante o notas que ésta ya no te mira con el deseo que te miraba antes, ahí está más que claro: la relación no va bien, de hecho, no va nada bien. Sin embargo, cuando hablamos de sexualidad no sólo nos estamos refiriendo al momento cama sino que también hablamos de complicidad, de miradas, de cariño, de detalles...

Porque falla la comunicación

“La comunicación es algo esencial en una pareja, si no hay comunicación, la relación se torna bastante complicada”, afirma Ares Anfruns Nomen, psicóloga especialista en terapia de pareja. Sobre todo si esa mala comunicación persiste a lo largo del tiempo, si persisten las discusiones, si una parte de la pareja no se siente escuchada o se siente inferior al otro,...

Hay una falta clara de compromiso

Cuando uno de los dos quiere dar un paso adelante en la relación y la otra persona no, la continuidad de la relación está en peligro. Por ejemplo, cuando uno de los dos quiere irse a vivir con el otro, casarse, tener hijos etc., y el otro no.

Nos merecemos ser felices

“Convivir o estar con alguien con el que no estas a gusto se considera una falta de respeto a uno mismo”, asegura Ramírez.

Es decir, estando con alguien que ya no estás bien, y sigues por estar, por la rutina, por miedo a la soledad etc, de algún modo estas asumiendo un tipo de relación en el que no eres feliz, por tanto estás asumiendo que no te mereces ser feliz, y ¿es eso realmente lo que queremos?

Primero, intenta arreglar la situación. Antes de poner punto y final, al menos debemos haber intentado solucionar las cosas con esa persona, si es que realmente nos importa. Sólo si lo hemos intentado, realmente es mejor decir adiós. “Primero intentar arreglar lo que está defectuoso, porque muchas veces nos deshacemos de las relaciones como si fueran cosas, como si fuera más fácil comprarse alguien nuevo, cuando a lo mejor esa persona merece la pena como para esforzarse un poco más”, explica Carpallo.

Decir adiós no significa terminar de mala manera. “Que se decida que es mejor terminar una relación no significa que haya que despedirse con rencor o con odio”, aclara Carpallo. A veces, aclara “si somos capaces de asumir que es mejor acabar, pero guardándonos el mejor de los sentimientos, seguramente nos sea más fácil pasar página y no vivir siempre arrastrando esos fantasmas escondidos en el armario”.

Nadie nos puede decir cuándo terminar con alguien, sólo nosotros mismos [salvando por supuesto aquellos casos delicados que por desgracia todos conocemos] De hecho, “un sexólogo nunca debe aconsejar a una pareja que rompa su relación, porque eso es algo que siempre debe decidir la pareja, o la persona, por sí misma”, apunta Carpallo. Los expertos en terapias de pareja pueden ver que una pareja tiene dificultades, también puede verlo el entorno de la pareja, pero la decisión de romper o no debe ser únicamente cosa de ellos, y por supuesto, cosa de dos. /

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