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jueves, 23 de junio de 2016

Casarse: ¿decisión o presión?



El libro “Solterona”, escrito por la periodista norteamericana Kate Bolick, pronostica la emancipación radical de la mujer, desde la construcción de una vida propia. Dicho libro recientemente traducido y publicado en español, está considerado en su país como el nuevo manifiesto feminista y pone sobre el tapete la discusión de la independencia femenina, un debate que no es nuevo, ya que fue abordado por figuras importantes como Virginia Woolf, cuando escribió el ensayo “Un cuarto propio” en 1929.

Bolick sigue soltera, pero, hace poco, se mudó a vivir con su novio, “tras 10 años viviendo sola”. “Cuando era más joven, en mis veintitantos, realmente no sabía cómo manejar una relación sentimental, necesité de esos 10 años en soledad, aprendiendo a estar sola y a cuidar de mí misma, asentando mi carrera profesional y sintiendo que mi vida era mía y que la estaba viviendo a mi manera”, asegura la autora en una entrevista en un diario español.



Un mundo distinto

¿Cómo sería hoy el mundo si, a lo largo de la historia, las mujeres no se hubieran visto condicionadas por la idea de matrimonio? “Muy distinto, muy distinto...”, repite esta autora, quien aún se acuerda de cómo alguna de sus amigas menos agraciadas físicamente se casaban con el primer hombre que se lo pedía, “por miedo a que no se lo pidiera nadie más en el futuro”.

“El mundo sería distinto”, prosigue, “aunque mi generación de mujeres y también la anterior, está compuesta por mujeres que se han podido desarrollar profesionalmente. Es necesario mostrar la experiencia femenina. Por ejemplo, sigue habiendo pocas mujeres directoras en Holywood, pero hay más que antes. Resulta muy sencillo olvidarse de que hemos vivido bajo la perspectiva masculina durante demasiado tiempo”, describe.

También cree que “la presión social y familiar no es tan grande como antes”, no es una constante que el entorno instigue a una mujer a casarse. Si acaso, son las propias mujeres quienes a veces caen en el error de, en reunión de féminas, hacer preguntas inadecuadas.



¿Hay presión?

La psicóloga clínica, Jimena Araos Silva, explica que la presión para casarse depende mucho de la cultura y el contexto en el que está inserta la pareja. “Me parece que esta “presión”, se da de distinta manera, dependiendo de las circunstancias, por ejemplo, hay casos en los que son los padres los que “obligan” a sus hijos a casarse porque hay un embarazo, esto anclado en la idea de que es solo en el contexto matrimonial que deben venir los hijos o quizás responde a la preocupación por el prestigio familiar o al imperativo de que los futuros padres asuman la responsabilidad de sus actos. En fin, un solo evento, diversas posibilidades”.

Araos Silva afirma que es interesante pensar el tema de esta “presión social” para casarse a partir de los roles de género, sexualidad, familia, amor, etc. “Considero que la exigencia de formalizar la pareja, es una forma de mantener cierto orden social de género y moral (confirmar la heterosexualidad, cumplir con el mandato de la reproducción, validar los mandatos de hombría o feminidad, etc.). En la actualidad se hace cada vez más urgente la necesidad de comprender las diversas formas de vivir el amor y la unión entre dos personas (con hijos, sin hijos, casados por lo religioso, por lo civil, unión de hecho, pareja abierta, ya sea heterosexual o no etc.) las cuales permiten ampliar las posibilidades hacer pareja, y da cuenta del avance de la sociedad”, comenta.



Para las mujeres

Ante la pregunta de si son las mujeres las que tienen más “presión social” para contraer nupcias, Araos comenta que en las sociedades latinoamericanas, aún recae sobre las mujeres una particular exigencia para cumplir con lo que se supone es prestigioso para su género, ser una mujer casada y tener hijos dentro del matrimonio, -su rol-, es decir, cumplir una función de reproducción y cuidado de otros para una sociedad que avanza en derechos por una parte y permanece anclada a viejo valores, por otra . Es así que el matrimonio (en su concepción más conservadora), vendría a ser un espacio “necesario” para que las mujeres puedan cumplir con este mandato ya que lo contrario implicaría (en las esferas más rígidas) una forma de transgredir la normativa. En este sentido esta “presión” vendría a ser el resultado de la necesidad de evitar posibles transgresiones a lo que se supone debe ser/hacer una mujer. “Con lo anterior se incluye la presión de género dirigida al hombre, de ser proveedor, este rol para él también es una presión social, sin embargo, esta tiene un matiz muy diferente, pues está cargada de poder”, explica.


Ellas opinan

M de Mujer realizó un sondeo con mujeres solteras entre los 27 y 37 años. Preguntamos si sentían presión para casarse y la mayoría (7 de cada 10), contestó que sí. A continuación, revelamos algunas respuestas de nuestras entrevistadas.



“Creo que en general las mujeres son el blanco de muchas presiones, como casarse a determina edad, ser delgada, tener hijos, etc. Personalmente, creo que las primeras en insistir en estos aspectos son las mismas mujeres, es una competencia por ver quién está flaca, quién anda de novia y quién se casará, y tener a un hombre a lado es lo mejor que les puede pasar. Los parámetros para competir son esos, a un buen número no le interesa si eres inteligente, si tienes una carrera o alguna afición interesante”.



“La verdad me siento presionada para casarme, por parte de mi familia y de algunas amigas que ya están casadas y con hijos. Siempre están preguntando ¿y para cuándo y para cuándo?, que ya tengo 30 años y me presionan con muchas preguntas sobre mi relación de pareja. Hago caso omiso, cuando tenga que pasar pasará”.



“Más que mi familia, fueron las amistades las que me dieron varios argumentos desde lo religioso hasta lo monetario, argumentando que si no me caso saldré perdiendo en todo aspecto porque, según su opinión, en esos asuntos la mujer siempre pierde. Fueron tantos comentarios negativos que casi doy paso atrás. Al final decidí seguir mi decisión y haré lo planeado porque no quiero casarme con un extraño”.



“Particularmente, no me siento presionada, mi familia y la gente a la que le importo lo acepta y respeta por sobre todo mis decisiones, como tantas otras cosas. ¡He optado por seguir una vida de soltera y la disfruto mucho! Eso no significa que estoy cerrada al amor, para nada. En algún momento, quizás sí sentí la presión social, más que todo de personas que no me conocen mucho, de gente que le parece tan extraño que una persona no desee casarse y se molestan o tratan de convencerte de lo contrario, pero me vale”.



“Creo que presión no, porque nadie me presiona para eso, pero si es raro que muchas amigas se estén casando y yo aún no, quizás porque tienen la misma edad que yo, pero presionada no. Alguna vez algún comentario de mis abuelitas, de ¿cuándo te vas a casar?, pero nada más, nada que me afecte y me haga sentir que debo casarme”.



“La verdad que en el único lugar donde siento esa presión es en Cochabamba, la ciudad de donde soy. Los últimos años estaba viviendo entre La Paz y el extranjero y en esos lugares jamás sentí esa presión”.



“¡Me siento súper presionada! De hecho, mis amigas siempre me andan diciendo que, si no veo futuro con mi novio, o sea si no hay anillo después de 4 años de relación, debería ejercer presión. Preguntarle ¿para cuándo la boda?, que si no terminamos porque estamos perdiendo el tiempo”.


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