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martes, 26 de julio de 2016

¿Qué debemos saber antes de practicar sexo en el agua?

La erótica del agua tiene una lógica sencilla: las sensaciones que despierta la piel húmeda, la ligereza de los cuerpos cuando se zambullen en el agua y el recuerdo de tantas míticas escenas de cine con personajes que se entregan a sus pasiones en lugares paradisíacos. ¿Aún nos sorprende que practicar sexo en el agua sea el capricho más recurrente durante las vacaciones?

Como fantasía, espectacular. Pero cuando uno entra en faena cae en la cuenta de que emular la mítica imagen de sexo adúltero que protagonizaron Deborah Kerr y Burt Lancaster en 'De aquí a la eternidad' es tarea casi imposible e incluso arriesgada. Irrepetible es la exuberancia de sus anatomías, pero más aún las aguas cristalinas o su arena impoluta. Sin focos ni cámaras, resulta que al resto de los mortales la gravilla nos daña nuestra zona íntima y perfora los preservativos y que en el agua nos esperan como anfitriones millones de bacterias que ponen en un serio aprieto nuestra salud.

A pesar de ello, el ginecólogo Eduardo Cubillo Rodríguez entiende que el ambiente estival es demasiado sugerente como para dejar escapar la ocasión de disfrutar de una experiencia única, más cuando ya ha despertado nuestro espíritu más juguetón, sensual y picantón. No estamos en un paraíso natural lejano e inhabitado, tampoco hay bandas sonoras, pero la libido está en su punto álgido. Aunque finalmente uno decida que quizás será mejor terminar la sesión en tierra firme. Lo que aconseja el doctor es suma precaución ante los posibles riesgos que implica la práctica del sexo en el agua:

1. El agua salina, magnífica para la mucosa nasal y oral, también ejerce un efecto similar sobre la mucosa vaginal. Pero deja de serlo si el mar está turbio. Las diferentes bacterias que habitan en él, y también en la arena, pueden generar una infección. Conviene lavarse bien al salir con agua limpia y jabón neutro.

2. El agua de la piscina favorece las infecciones urinarias. Si no tiene una correcta cantidad de cloro, el riesgo es alto. Las mujeres sexualmente activas son más proclives a las cistitis de repetición y, de hecho, suelen aparecer después del coito. Sobre todo si este es intenso, puede inflamar la mucosa y hacerla más vulnerable a la infección. Sus síntomas -picor, escozor y urgencia miccional- deterioran la vida sexual y reducen la libido.

3. Pero el exceso de cloro tampoco es saludable, ya que propicia la aparición de hongos y puede irritar la zona genital durante el coito. La humedad de los bañadores se convierte en el hábitat predilecto de los hongos. Un consejo es cambiarse el bañador inmediatamente o al menos secarse bien con una toalla limpia, ya que los hongos proliferan en estas condiciones. Se debe evitar la ropa interior demasiado ajustada y de fibras sintéticas que dificultan una adecuada transpiración.

4. Uno de los mayores riesgos, sobre todo en jóvenes menores de 25 años, es la clamidia, una enfermedad de transmisión sexual muy común de fácil propagación. En muchos casos no presenta síntomas. El ginecólogo Cubillo Rodríguez relaciona la bacteria Chlamydia Trachomatis más con el aumento de relaciones esporádicas en época estival que con el agua. Se puede contraer la infección durante las relaciones sexuales anales, vaginales u orales con una persona que ya la sufre.

5. Aunque nos cueste convencernos, el agua es un pésimo lubricante. Elimina casi por completo la lubricación natural de nuestro organismo. Por tanto, lejos de facilitar la penetración, la complica. El remedio puede estar en un lubricante con base acuosa, pero a estas alturas no hace falta recordar que el coito no es, ni mucho menos, el único recurso sexual. Las pasiones veraniegas propician la creatividad y las ganas de estrenar un repertorio más variado y divertido.

6. Ni la improvisación ni las prisas ante el riesgo de ser pillado son excusas para no usar el preservativo. Sin embargo, solo los más experimentados en acrobacias acuáticas saben que la colocación del condón en este medio es muy complicada. La fricción que causa la falta de lubricación en el agua hace que se rompa con facilidad. Se aconseja colocarlo una vez que el pene está erecto y mejor fuera del agua para que el sexo submarino no acabe siendo motivo de embarazos no deseados o de temidas infecciones de transmisión sexual (ETS).

7. Por último, precaución con las caídas y con los objetos extraños. Los juegos en la oscuridad pueden ser muy excitantes, pero no están exentos de riesgos. Sobre todo, conviene elegir zonas con suelo antideslizante.

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