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domingo, 18 de septiembre de 2016

Sexualidad plena: deja fluir tu instinto animal

Fiera! ¡campeón!... Los términos que se usan en los juegos sexuales en los que domina una parte de

nosotros que se salen de la norma hablan por sí mismos.

En esos casos, arañazos y sonidos inesperados se dan cita, así como otras tantas manifestaciones sexuales.

¿No es el instinto animal un mecanismo esencial para la libido? ¿Cómo podemos liberarla para aumentar el placer?

IMPULSO ANIMAL Y SEXUALIDAD

“El instinto animal se vincula a los impulsos, a la energía salvaje, a la del deseo carnal”, explica Catherine Oberlé, sexoterapeuta gestáltica. Esa dimensión poco conocida puede encontrarse tanto en la dulzura de una flor que se abre como en la agresividad de una boca dispuesta a morder.

No obstante, aunque las expresiones relacionadas con el carácter animal abundan en nuestro vocabulario sexual, se les suele atribuir un carácter vulgar y negativo.

Como prueba de ello, las expresiones “como un conejo” son varios ejemplos de las representaciones animales que se hacen, así como de la voluntad de diferenciarnos como especie.

"Las mujeres son más reticentes que los hombres, quienes suelen someterse con mayor facilidad", precisa la experta.

EL FRENO FEMENINO A UNA

SEXUALIDAD SALVAJE

Existen varios motivos por los que esa dimensión queda relegada a los lugares más recónditos de la psique.

Ante el instinto animal de los hombres, las mujeres suelen intimidarse, y como resultado, ellos se reprimen.

Bajo las sábanas, pocos consiguen dejarse llevar por la luz de la luna. Atrapadas en los roles impuestos, las mujeres se autocensuran: “si me comporto como un animal salvaje, ¿qué pensará de mí?”, “¿y si me gustara?”... La etiqueta de “zorra” sigue rondándonos...

“Al dejarse llevar por la naturaleza salvaje y el deseo animal sentimos que perdemos el control y experimentamos muchos temores.

Por el contrario, tenerlo todo bajo control nos reconforta”, afirma la experta.

Aunque las mujeres reivindican a gritos su derecho a sentir placer, cabe constatar que no les está resultando nada fácil.

Catherine Oberlé es clara en ese sentido: “Pese a que proclamemos que nos encontramos en una época de

liberación sexual, ¡aún nos queda mucho camino por recorrer!”.

SEXO SALVAJE:

EFECTOS POSITIVOS EN LA LIBIDO

No obstante, ese deseo instintivo consigue manifestarse a pesar de la voluntad de cada persona.

La experta recuerda que “el instinto se manifiesta a través de las fantasías", poniéndonos en contacto con el deseo de experimentar un sexo “salvaje”. Y ello resulta nada sorprendente, puesto que nuestra naturaleza animal nos remite a nuestros orígenes. Todo el cuerpo emite señales, olores, sonidos roncos, el corazón se acelera, enrojecemos y algunas zonas se dilatan.

¡Así suceden las cosas! Una de las ventajas de permitir que surja el instinto animal es principalmente, el de dejar que el cuerpo retome las riendas y, en consecuencia, dar paso al placer. Así como a la risa. Ya debes haber notado que la sexualidad suele estar rodeada de seriedad.

La presión en torno a las expectativas creadas es demasiado grande.

Al estar demasiado rígida, despoja de la vitalidad. ¿Alguna vez viste que los monos se tomen en serio? Si uno se reconcilia con tu lado salvaje, la simplicidad y el buen humor volverán a caracterizar los encuentros sexuales.

En esos casos, cada uno podrá olvidar los roles aprendidos y dejarse llevar.

DESPIERTA A LA BESTIA

¿Cómo? Esencialmente, dejando que el cuerpo sienta, explorando los cinco sentidos. “Olisquear, mordisquear, lamer... son puertas que se abren a nuestros sentidos”, sugiere Catherine Oberlé. Además, estimularlos nos ayuda a desconectar del lado racional que impera hoy en día.

“Aquello que despierta nuestro cerebro primitivo resulta beneficioso”, añade la experta.

Tener relaciones sexuales en plena naturaleza también puede contribuir a despertar el lado salvaje. Al encontrarnos en un entorno lleno de vida, resulta más fácil ceder a los impulsos. Sobre todo porque la fuerza de un árbol en primavera o de un océano agitado nos conecta con nuestra propia fuerza y actúa como un estímulo que nos empuja a expresar la verdadera naturaleza de nuestra sexualidad, la más inconsciente.

La auténtica liberación sexual implica aceptar las diversas formas de expresar la sexualidad.

Por tanto, dejar que el deseo aflore en un momento de excitación puede revelarnos ese aspecto más arcaico y primitivo que forma parte de nuestra naturaleza.

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