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sábado, 7 de enero de 2017

El arte de piropear

La palabra piropo viene del griego phyropus que significa rojo, fue adoptada y muy empleada por los romanos quienes también entendían el significado de la misma; rojo vivo o rojo fuego y más propiamente se lo hacía para referirse a un rubí, pues en aquellos tiempos piropear era sinónimo de regalarle una joya a la mujer deseada.

Las joyas siempre fueron un objeto relacionado con el amor, el mismo rey Salomón mandaba a sus orfebres a fabricar joyas como alhajas de oro y collares incrustados con piedras preciosas para obsequiar a las reinas y princesas que él pretendía, la reina de Saba también llevó un baúl lleno de joyas muy valiosas para obsequiarle al rey Salomón, por la admiración que ella sentía por su infinita sabiduría, a la cual el sabio rey también devolvió la gentileza obsequiándole más joyas que las que ella le había regalado.

Muchos siglos después de la decadencia del imperio romano, los españoles en la época del romanticismo empezaron a popularizar la palabra piropo para ofrecer a las mujeres bonitas un regalo precioso en cada una de sus expresiones de amor, halagos y admiración.

Los piropos vinieron a reemplazar a las joyas materiales por esa joya preciosa expresada en palabras muy hermosas y poéticas, con las cuales los galanes de la época hacían llegar a las damas sus más bellas expresiones de amor romántico, cargadas con un vivo interés y admiración por esa persona que había cautivado el corazón del hombre la había contemplado, extasiado por su belleza y encanto, lo cual hacia que él la admire tanto.

Los piropos siempre fueron utilizados como una forma de galantería, de admiración y también de insinuación.

Los piropos también se utilizaban como herramientas de seducción, para llamar la atención y despertar el interés de la mujer deseada, pero a medida que el mundo fue cambiando y las distintas sociedades evolucionaron, el verdadero sentido de piropear también fue mudando, y hasta puedo decir que se fue distorsionando, hasta perder la verdadera esencia para la que se creó.

Los piropos como tales se clasifican en cuatro distintos grupos, están los piropos de amor o románticos, los cuales siempre se utilizaron para expresar sentimientos agradables de amor y admiración del hombre hacia la mujer. Tales como decirle a una mujer: ¡oh, qué hermosa flor, te quisiera para mi jardín!", o, "tú eres la mujer más hermosa que mis ojos han podido contemplar en toda mi existencia en este mundo.", etc. Luego están los piropos burlescos, los cuales son expresados por hombres que no tienen ningún sentimiento ni de amor ni de admiración por la mujer que ven, pero por no quedarse con la boca cerrada lanzan este tipo de piropos, en tono de burla, como por ejemplo: "si yo fuera una escoba, te invitaría a volar", es una forma maquillada de decirle bruja a una mujer.

Luego tenemos los piropos grotescos, los cuales sólo sirven para lanzar algún deseo morboso, como el siguiente: "hermosa flor te quisiera para mi maceta", o este otro, "de esta jaula es la que busco para mi pájaro".

Y por último tenemos los piropos picarescos, los cuales sirven para expresar una picardía que encierra un deseo ardiente por acostarse con una mujer, es decir, es una forma directa pero simulada de insinuación sexual: "cómo quisiera que fueras mi almohada, para tenerte en mi cama todas las noches". Claro está que hoy en día los piropos ya no son empleados para expresar amor por la chica deseada, es más, un hombre enamorado muy difícilmente le lanzará un piropo a la mujer que ama, simplemente la observará en silencio y esperará el momento adecuado para expresarle sus sentimientos de amor en una declaratoria amorosa.

Hoy en día sólo se piropea con el único propósito de molestar a una chica o para ponerla incómoda, porque los hombres de hoy sólo piropean a las transeúntes ocasionales, a chicas desconocidas.

La idea de piropear a una mujer nació con el propósito de expresar los sentimientos de amor y admiración de una manera poética, elegante y galante por una mujer, pero en nuestros días ya no se piropea a la mujer que se ama sino a aquella que se quiere llevar a la cama.

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