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martes, 17 de enero de 2017

Vivir para seducir, seducir para enamorar

Cuando escuchamos mencionar la palabra seducir, inmediatamente se nos viene a la mente la idea de conquistar a una mujer.

Lo cierto es que la seducción no solamente está ligada al campo del amor y a la dedicación exclusiva de conseguir mujeres con gran facilidad.

La seducción está presente en todas las actividades del cotidiano vivir del ser humano, por ejemplo: para ser un buen vendedor hay que saber seducir al cliente para que se anime a comprar el producto que le queremos vender, para ser un buen líder hay necesidad de ser un buen seductor y convencer a sus seguidores de lo que él piensa, para hacer que lo sigan y crean en él, para ser un buen político también hay que ser seductor y convencer al electorado en sus propuestas políticas para que voten por él.

La habilidad para seducir debe estar ligada a nuestra vida diaria, porque de ella depende nuestro éxito en todas las cosas que hagamos, si quieres ser un buen amante y esposo tienes que aprender a ser un buen seductor, para saber conquistar a tu pareja y hacer que ella siempre permanezca enamorada de ti, por ese efecto seductor que ejerces sobre ella al brindarte tu amor de una manera elegante y especial.

El principio de la seducción empieza por saber ubicarnos en el lugar en el que estamos, para luego saber hacia dónde vamos, esto nos ayuda aceptar nuestra realidad y lo que somos.

Ser un buen seductor no es sinónimo de ser un gran mujeriego, sino es todo lo contrario, un gran seductor es aquel hombre q ha aprendido a desarrollar muchas cualidades y habilidades que harán de él un hombre agradable, atractivo, simpático y encantador, que habla el lenguaje del amor para cautivar el pensamiento y enamorar el corazón de la mujer amada, y mantenerla siempre enamorada haciendo que ella jamás piense apartarse de él.

Un buen seductor es aquel hombre que sabe conquistar cada día a su amada para brindarle los momentos más agradables de su vida junto a él.

La mayoría de las personas confunden a un buen seductor con un traficante del amor, un vendedor de ilusiones y un generador de placeres sexuales y no es así. Un buen seductor es aquel caballero que en su relación de pareja mantiene viva la chispa del amor. Un buen seductor no es un infiel, ni un picaflor, es un claro exponente del amor.

Un buen seductor es aquel hombre que posee la habilidad para convertir sus ideas en pensamientos, sus pensamientos en sentimientos y estos sentimientos en una necesidad diaria, por ejemplo: cuando una persona mira su reloj y ve que son las doce del mediodía piensa en comer y al instante empieza a sentir hambre, entonces la idea de mirar la hora en el reloj dio origen a pensar en el almuerzo y este pensamiento se convirtió en un sentimiento de necesidad de comer para alimentarse; lo mismo sucede cuando un hombre piensa en su amada siente la necesidad de verla y tenerla a su lado para abrazarla, besarla y hacer que ella se sienta muy feliz.

La seducción no tiene otro fin que el lograr la aceptación de las personas de una manera tan natural y agradable con el mínimo esfuerzo posible, porque seducir es caerle simpático a las personas, ya sea por nuestra forma elegante y cautivante de hablar, o por el mensaje que transmitimos en el toque de una mirada.

Saber seducir es tener la habilidad para meternos en el pensamiento y en la piel de esa persona, hasta convertirnos en el fruto de su deseo ardiente por tenernos siempre a su lado, pero como dije al comienzo de este artículo, la seducción no está sólo ligada al campo del amor, sino que la misma puede estar dirigida a los distintos escenarios donde se mueve una persona, pero la idea sigue siendo la misma, la de cautivar la imaginación y conquistar el corazón de la persona deseada o de la las masas alborotadas.

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