martes, 2 de abril de 2013

No es lo mismo leer que escuchar


¿Qué mecanismos usamos para comprender el lenguaje escrito y oral? ¿Su estudio puede mejorar el aprendizaje en la educación? Jazmín Cevasco explica las diferentes estrategias que usamos para comprender lo que nos dicen.

Entender cómo entendemos lo que leemos o escuchamos aporta herramientas que mejoran la interpretación de los textos escolares y la comunicación entre el estudiante y su profesor.

Comprender el discurso oral y escrito es central para nuestro desempeño social y nos permite construir una representación mental del discurso, no como un agregado de trozos individuales de información, sino como una estructura coherente. Uno de los hallazgos de mayor impacto fue descubrir que es necesario que existan conexiones entre enunciados, y entre éstos y nuestro conocimiento previo para poder entender lo que estamos leyendo o escuchando.

Algunas de las preguntas que han examinado los estudios acerca de este tema se centraron en el efecto de la cantidad de conexiones causales (es decir, vínculos de causa-efecto) que un enunciado tiene con otros. Una conexión causal existe entre dos enunciados cuando podemos decir que si uno de ellos no hubiera ocurrido (el que consideramos causa), el otro tampoco lo hubiera hecho (el que consideramos consecuencia).

A su vez, el que consideramos causa debe haber ocurrido antes del que consideramos consecuencia, y el primero debe estar activo cuando ocurre el segundo. Por ejemplo, ‘María y su hermana tiraron accidentalmente la pelota contra el vidrio del vecino. El vidrió se rompió’.

Los resultados de los estudios realizados sugieren que los lectores y oyentes reconocen y recuerdan mejor los enunciados que tienen más conexiones causales que aquellos con menos conexiones.

Es decir que si pedimos a estudiantes que cuenten por escrito un material que leyeron o escucharon (tal como un segmento de un programa de radio sobre Ciencias Sociales o su transcripción), tienden a incluir en mayor medida los enunciados que tienen más conexiones causales que los que tienen menos, y a distinguirlos más fácilmente de enunciados que no fueron parte de lo leído o escuchado.

Establecer conexiones entre enunciados nos permite generar inferencias, es decir activar información no mencionada explícitamente por el hablante o el autor de un texto. Por ejemplo, si leemos o escuchamos ‘Después del debate, el can-sado orador se dirigió a la silla’ podemos inferir ‘el orador va a sentarse’.

Otra pregunta que se ha investigado se relaciona con el efecto de la modalidad en que el discurso es presentado: es importante comparar la comprensión durante la lectura y la escucha ya que existen características que las diferencian, y ambas modalidades son centrales para el ámbito educativo.

Por ejemplo, el discurso oral requiere ser procesado mientras es producido, incluye errores del habla (como correcciones y repeticiones de palabras que realiza el hablante), y a su vez permite la transmisión de información no verbal (tal como la ento-nación o volumen con que es producido un enunciado), entre otras.

Por otro lado, el discurso escrito brinda la posibilidad de procesarlo a nuestro pro-pio tiempo y de releer secciones, pero no permite la transmisión de información no verbal. Los estudios que han comparado la comprensión de segmentos de discurso en ambas modalidades sugieren que la lectura conduce a un mejor recuerdo y reconocimiento de enunciados que la escucha, y a un mayor establecimiento de conexiones causales entre ellos.

Una tercera pregunta es si los marcadores del discurso facilitan la comprensión. Éstos pueden definirse como palabras o frases cortas (‘porque’, ‘por el contrario’, ‘y’) que especifican cómo conectar enun-ciados adyacentes. Los estudios realiza-dos sugieren que su uso ayuda a recordar y reconocer los enunciados que vinculan. Por ejemplo: “En la Edad Media el viejo era el pecador. Por el contrario, el joven repre-sentaba la salvación de Cristo” versus “En la Edad Media el viejo era el pecador. El joven representaba la salvación de Cristo”.

Este efecto parece ser mayor para el discurso oral que el escrito. Es decir, inte-grar dos enunciados, sin un marcador los vincule, resulta más difícil cuando escu-chamos que cuando leemos.

Las conclusiones de estos estudios pueden ayudarnos a pensar acerca de

la promoción del aprendizaje en el ámbito educativo. Por ejemplo, dado que los estudiantes parecen recordar mejor un material si es leído que escuchado, puede ser importante que accedan a la misma información que los profesores exponen en forma oral, pero de forma escrita (lo que podría darse a través de transcripciones o de envío del material en que se basó una clase). Esto les brindará la posibilidad de releer los segmentos que les resulten más difíciles de comprender, y de ser más capa-ces de establecer conexiones causales entre sus enunciados.

Por otra parte, cuando el profesor dicta una clase, puede ser recomendable que incluya marcadores del discurso entre sus enunciados, ya que sin ellos puede ser más difícil que los estudiantes los integren. En cuanto a conexiones causales, éstas parecen beneficiar la comprensión del discurso tanto escrito como oral. Por lo tanto, puede ser favorable que el profesor intente establecerlas cuando expone un tema.

Jazmín Cevasco es investigadora asis-tente del CONICET en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Obtuvo su licenciatura en Psicología en la UBA, y tiene un doctorado en la misma disciplina en la Universidad de Minnesota. Su tema de tesis fue “El rol de los marcadores del discurso en la comprensión del discurso oral espontáneo”.

Televisión no influye en la conducta de niños

Expertos señalan que pasar horas mirando la televisión o con juegos de computadora al día no afecta el desarrollo social de los niños. Un equipo del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido (MRC, por sus siglas en inglés), que estudió a más de 11.000 estudiantes en educación primaria, informó que es incorrecto relacionar el mal comportamiento con la televisión. A pesar de que los especialistas descubrieron una pequeña correlación entre las dos, aseguran que otras influencias, como el estilo de educar de los padres, es probablemente la mejor explicación. Esta advertencia cautelar se debe a que, según los expertos, pasar mucho tiempo al día mirando la televisión podría reducir cuánto tiempo el niño utiliza en otras actividades importantes como jugar con amigos o hacer tareas. Un estudio publicado hace diez años había sugerido que mirar Tv durante la primera infancia puede causar problemas de atención./

La obesidad infantil tiene un fuerte componente genético

La obesidad infantil tiene un fuerte componente genético, en torno al 50%. Según un nuevo estudio, el peso corporal infantil está influenciado por los genes. Investigaciones han demostrado que la obesidad es hereditaria y estudios en gemelos sugieren que esto se debe principalmente a factores genéticos, con estimaciones de heredabilidad de más del 50%. En total, 32 genes han sido identificados como factores de riesgo para la obesidad, pero los análisis previos sugieren que estos genes por sí solos no pueden explicar el alto grado de heredabilidad de la obesidad infantil, ya que juntos justifican solo el 2% de las diferencias individuales en peso corporal durante la infancia, algo que ha dado lugar a un problema de "heredabilidad faltante"/

Cómo controlar a los gruñones precoces

En un rato pueden estar con ganas de bailar. Pasa poco tiempo y no quieren que nadie se les acerque. Es bien sabido que este comportamiento es típico de los preadolescentes. Pero, en muchos casos, ya en la situación, los padres no saben qué hacer. La psicóloga Adriana Estevez indica que estos cambios se deben a que ellos empiezan a darse cuenta de que ya no son niños, por lo que quieren hacer cosas de grandes y que tanto la sociedad y la familia no los dejan y "es cuando se frustran y sufren dichos cambios", explica. ¿Pero cómo se puede controlar estos cambios?

Autocontrol. Para Estevez, controlar esta situación no solo depende de este etapa, sino de toda la crianza. Especifica que enseñar el autocontrol sobre las emociones es importante. "No se tiene que olvidar que tal comportamiento está estrechamente relacionado con las hormonas y por esta misma razón es inevitable que ellos pasen por ello", dice.

Hablar. Ellos tienen que aprender a descargar esos sentimientos. Lo que los padres pueden hacer es hablar con ellos y explicarles lo que está sucediendo en esos momentos, "explicándoles que están expuestos a estados de depresión, euforia y todas las mezclas de sus emociones", sugiere la profesional.

Dejar en claro. "Poner las cosas claras antes de que ellos sufran estos cambios", dice Estevez, a la vez que subraya que los padres deben advertir que son cosas que van a sentir. Se debe dejar en claro que pese a ello deben evitar tener problemas con sus hermanos o no responder agresivamente cuando se sientan aburridos. Asimismo, proponerles actividades para que ellos descarguen esa energía. "Cuando se sientan así pueden jugar pelota o tirar piedras al río", ejemplifica la experta.

Los cambios, una necesidad. Según Tania Buzzolaro, estos cambios son una manera de autorreafirmarce y sentirse seguros. Sin embargo, los cambios físicos también influyen.

La experta recomienda que la compresión es fundamental, además de insistir en el diálogo. "Se debe equilibrar en el sentido de controlar las situaciones, pero también darles espacios para que ellos vayan construyendo su propia forma de controlarse y desenvolverse en la vida", puntualiza la profesional.

"Se tiene que dar la libertad, pero al mismo tiempo esta debe estar condicionada al cumplimiento de las normas y reglas que se tiene en el entorno familiar", agrega. Buzzolaro advierte que en el momento en que ellos están sufriendo estos cambios se debe respetar su privacidad, ya que es una etapa en la que se necesita estar con uno mismo para pensar en las dudas. Sin embargo, subraya que no se permita demasiado aislamiento, ya que pueden surgir depresiones.

lunes, 1 de abril de 2013

El exceso de Tv generaría problemas de conducta



Los niños de cinco años que ven más de tres horas la televisión al día pueden ser más propensos a presentar “problemas de conducta” e incluso desarrollar conductas antisociales, según investigadores escoceses, que aclaran, sin embargo, que el riesgo es pequeño.

Los autores señalan que un tiempo prolongado ante la televisión puede conllevar problemas de conducta y emocionales en los niños. “Ver televisión, videos o DVDs tres horas o más al día se asoció con un pequeño aumento en los problemas de conducta entre las edades de cinco y siete años”, indica el estudio realizado en EEUU.

Los resultados están en línea con otras investigaciones que han asociado la exposición a la televisión con “la conducta agresiva y la intimidación”, aunque este trabajo incluyó otros factores que también pueden influir como la familia.

El estudio advierte de que la exposición de un niño a un contenido violento le puede llevar a imitar la conducta vista y también hacerlo más “insensible” a la propia violencia. También indica que los contenidos violentos pueden hacer creer al niño que el mundo es un “sitio terrorífico” y esto le pueda acarrear un trauma que le provoque depresión o ansiedad.

La mayoría de los trabajos científicos previos de este tipo se centró en la televisión y además se realizó en Estados Unidos, por eso el equipo de investigadores quería explorar el impacto psicológico y social del tiempo pasado viendo la televisión y jugando con juegos electrónicos en niños de entre cinco y siete años.

Mi hijo nos sorprendió en la intimidad

Es más común de lo que imaginas. La probabilidad de que tu niño te descubra en la intimidad con tu esposo es elevada, por tanto debes estar lista para reaccionar con sabiduría y sobre todo hacerle entender que al tratarse de una demostración de amor no debe tener miedo pues nadie sale lastimado.

De hecho, todo debe comenzar con hablarles a tus hijos desde temprana edad sobre sexualidad para que —si ocurre lo anterior— no se atemoricen, afirma el psicólogo Alexis Olivares.

¿Y qué decirle? El especialista recomienda usar una frase como la siguiente: “La vez pasada entraste a nuestra habitación, ¿qué pensaste que estábamos haciendo?” Según la respuesta del niño, háblale en tono dulce y amable y explícale que papá y mamá se daban caricias y besos porque se quieren mucho.

No obstante, todo dependerá de la edad de tu hijo. Por ejemplo, si tiene menos de ocho años, lo ideal sería decirle que ya que es usual que los padres o adultos se acaricien para expresar su amor —“lo cual es muy bonito pero privado”— de ahora en adelante siempre que desee entrar en tu habitación debe tocar la puerta, se lee en ertolete.wordpress.com.

Si tiene más de ocho años o ya posee algo más de información acerca de cómo se vive la sexualidad, es recomendable hablar con franqueza y decirle directamente que sus padres hacían el amor, lo cual implica acariciarse, besarse, decirse cosas bonitas y unir los cuerpos.

Sin embargo, la psicóloga Mónica Soliz advierte que el hecho de que tu hijo ya entienda y sepa lo que puede suceder en la intimidad no implica que te dejes llevar por la pasión y creas que puedes tener relaciones sexuales en cualquier momento y lugar de la casa, ya que ellos merecen respeto y todo tiene su tiempo.

Para avivar la llama y hacer todo más divertido, sugiere visitar otros lugares. “Pueden ir a un motel por ejemplo, o esperar a que el pequeño vaya de visita a casa de la abuela o de algún compañerito. Lo otro es esperar a que esté completamente dormido por la noche y no olvides cerrar tu habitación con llave”, dice.

Lo que nunca debes hacer es castigarlo “por haber visto lo que no debía”, pues el niño no lo premeditó y a la larga acciones como ésta sólo generan la idea equivocada de que el intercambio de amor y caricias entre papás es algo malo, cuando en realidad es hermoso.

Puede ser también que el niño se asuste y crea que durante el contacto físico alguno de los dos resultó lastimado. Si esta idea no se le quita, visita a un especialista para que lo ayude a superar esta situación.

Habla claro

Explícale desde pequeño las diferencias ente hombre y mujer y cómo funciona una relación. Así será más fácil entrar en detalles si los descubre en la intimidad. Si esto pasa de sopetón le causarás un gran susto, decepción y estará lleno de incógnitas.

Sé precavido

Lo ideal es que tu hijo tenga su propia habitación y si deseas pasar una noche de pasión con tu pareja, mejor echa llave la puerta. Si de cualquier modo tu hijo los descubre, habla con honestidad sobre lo que hacían y refuerza la idea de que siempre debe tocar la puerta de una habitación cerrada.

Si te escuchó

Si no te vio pero escuchó que ambos emitían ciertos ruidos, también debes aclarar lo que sucedía, así no pensarán de que se trataba de una agresión. Podrías decir algo así: “Cuando los papás están juntos, sienten emociones y hacen ese tipo de ruidos”.

Qué hacer si él no quiere tener sexo

De seguro que lo primero que te viene a la mente es que tu pareja halló otra compañía y por eso te rehúye en la intimidad. Falso; la falta de contacto físico no sólo puede deberse a que el amor o la pasión se hayan esfumado o a que una tercera persona se involucre en la relación. Ellos también experimentan ciertos desequilibrios —por cansancio, estrés o enfermedad— que reducen su apetito sexual y es tu deber conversar al respecto para superar esta fase temporal.

“Si la relación está bien constituida y existe confianza entre ambos, el varón se animará a decirle a ella que no quiere tener sexo y le explicará el motivo”, destaca la terapeuta familiar Sherezada Exeni. Caso contrario, añade, se esforzará para llegar al coito “sin desearlo realmente”, lo que es contraproducente para él y también para la relación.

La experta indica que si esta actitud es frecuente y la falta de deseo se repite una y otra vez, lo mejor es hablar honestamente con tu pareja y decirle cómo te sientes, sin acusar falsamente ni amenazar.

“Nunca le hagas sentir mal diciéndole, por ejemplo, ‘eres un inútil’, ‘me buscaré otro’, ‘seguro que tienes otra’ o expresiones de este tipo”, sugiere. El riesgo de hacer esto es que él jamás se anime a contarte qué es lo que realmente pasa, por tanto se alejará y el problema persistirá.

Según el sexólogo Winston Uzín, muchos varones piensan que evitar las relaciones sexuales aduciendo dolor de cabeza u otro tipo de malestares es sólo cuestión de mujeres. De acuerdo con el especialista, entre el 16% y el 20% de los hombres experimenta ausencia de libido por diversos factores.

El problema puede deberse a malformaciones o enfermedades, desde un resfrío hasta otras más complejas como tumores renales o cerebrales, alteraciones hormonales, afecciones en las cápsulas suprarrenales, disfunciones en la tiroides, infecciones de transmisión sexual o estados postoperatorios en los órganos genitales, cita el galeno.

Otra razón puede estar vinculada a la automedicación por estados depresivos. “El consumo de ciertos fármacos como los tranquilizantes, sedantes, narcóticos o alcohol también llegan a tener efectos en la reducción del deseo sexual”, dice.

¿El problema tiene solución? Sí. Dale a tu pareja un tiempo prudente para eliminar el estrés y las preocupaciones. El que tú insistas en discutir la dolencia no ayudará a superarla. Y si está relacionada con algo más complejo como una enfermedad acudan cuanto antes a un especialista.

Impotencia

Después de los 40 años, o antes si hay consumo de tabaco y alcohol de por medio, es posible que tu pareja desarrolle impotencia sexual o disfunción eréctil, que deben ser tratadas por un urólogo.

“Antes no me había pasado, pero ahora no puedo responder a las expectativas de mi esposa y me da vergüenza reconocerlo porque un hombre no está en condiciones de decir que no puede tener sexo”, afirma Sergio, empleado de la banca privada de 46 años.

La impotencia sexual está relacionada con la falta de erecciones en el hombre o la pérdida de calidad y duración de las mismas. “Disfunción eréctil significa la incapacidad del varón para mantener la erección suficientemente rígida y lograr una penetración”, explica el doctor Alejo Hernández en el sitio web impotenciamasculina.com.

La erección es una respuesta a los estímulos eróticos que recibe el hombre. El cerebro envía una serie de órdenes, a través de la médula espinal, al aparato genital y al llenarse el falo de sangre se consigue el erguimiento del miembro. En el caso de la impotencia sexual, los factores que impiden este proceso pueden ser psicológicos, (una mala experiencia y el individuo se mete en un círculo de miedo a seguir fallando en la relación) u orgánicos (causas físicas como escasez de testosterona, uso de drogas, diabetes y otros que alteran el comportamiento nervioso).

Si tu pareja experimenta este problema deben conversar al respecto y buscar ayuda profesional para que se someta a estudios de sangre, un perfil hormonal o una ecografía para medir el flujo sanguíneo que llega al pene, entre otros análisis.

Se dan casos en que es necesario un estudio sobre las erecciones nocturnas. “El paciente se lleva a casa un aparato que se coloca en el falo antes de dormir. Durante la fase de sueño, el varón tiene erecciones naturales que el equipo registra y así se determina si son potentes o no y cuánto duran. Este artefacto nos ayuda a entender si el problema es orgánico o psicológico”, dice Hernández.

Es recomendable también dejar de fumar o ingerir drogas, no abusar del alcohol y evitar comidas grasas, pero un tratamiento exitoso comienza con una dosis de amor, comprensión, comunicación y colaboración.

El estrés, el nuevo mal

El estrés, la epidemia que se manifestó desde finales del siglo XX con intensos cambios en el ritmo de vida, puede desencadenar un bloqueo en el desempeño sexual, causando desinterés o falta de libido. Esta tensión se expresa físicamente en la disfunción eréctil.

El viagra no es la salida

Una de las principales recomendaciones médicas es evitar la automedicación. Hay quienes recurren al viagra, un estimulante de la irrigación al falo, pero el emplearlo con regularidad puede traer consecuencias a la salud y causar problemas colaterales.

Un mito a superar

La mayoría de los hombres con problemas de erección creen que mejorarán sin ningún tipo de ayuda especializada. Es bueno tener paciencia y de esperar la comprensión de la pareja, pero si el problema lleva meses es hora de buscar atención médica.