Consejos sobre el Amor, Matrimonio, Noviazgo

domingo, 23 de julio de 2017

¿Por qué el enamoramiento dura 3 años?

Al inicio de una relación, las dos personas se sienten plenas, felices con la compañía de la otra, es decir, están enamoradas, situación que dura sólo tres años.

Un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) detalla que el enamoramiento es considerado como un estado de demencia temporal, que disminuye la productividad de quien la padece.

El enamoramiento causa un estado de hiperactividad neuronal que desgasta el cerebro, por ello tiene un tiempo máximo de duración, pero, ¿qué es lo que pasa con las neuronas? El neurólogo Eduardo Calixto te lo explica

¿Cómo te enamoras?

Investigadores detallan que el proceso de enamoramiento inicia cuando conoces a una persona que te gusta físicamente. No puedes dejar de pensar en otra cosa que no sea algo que tenga que ver con ella y tiene dificultad para concentrarse y realiza tareas que tengan que ver con la creatividad.

Por su parte, la antropóloga Helen Fisher explica que las parejas repiten el ciclo: enamoramiento, cariño, crianza de hijos y/o separación. Es decir, cuando pasa cierto tiempo, las personas vuelven a buscar la sensación de placer que se genera al inicio de la relación.

No obstante, para mantener una relación estable sólo basta con alimentar cada día ese amor y cariño, a través de caricias, detalles y palabras sinceras. Todos los días trata de expresarle a tu pareja lo mucho que te gusta y lo que deseas permanecer a su lado.

viernes, 21 de julio de 2017

Hombres cavernícolas: amarlos como son

¿Sales con el opuesto al metrosexual? Jamás lo vas a ver dudando sobre un outfit un sábado por la noche. Estamos frente al cavernícola modelo siglo XXI, que nos hace sentir protegidas, que tiene espalda para soportar lo que venga, que desconoce el miedo..., y de repente no sabe cómo consolar nuestro llanto, jamás se da cuenta de que nos pusimos un vestido nuevo. ¡Y lo amamos así! Acá, un perfil de ese rústico que adoramos.

NO LE MOLESTA MI CELULITIS

Nunca se va a fijar si tenemos más o menos piel de naranja. Es casi imposible que ponga su atención en algo que para él no tiene importancia. Según él, te ves siempre divina.

Ojo, que tampoco repara demasiado en su propio look. Va a la peluquería cuando el pelo le da calor y no usa chompas porque le molestan los cuellos. Básicamente, antepone lo práctico a lo estético. Si le consultamos qué outfit nos queda mejor, te dice: “Ponte lo que te quede más cómodo”. Créele: para él, ir de tu mano por la calle demuestra que le encantas y que eres la mujer que lo enamora, te pongas lo que te pongas.

ES MI PROVEEDOR

El cavernícola es un hombre al que le gusta dar. ¿Por qué nos cuesta tanto dejarnos mimar? Está en el ADN del cavernícola ser un proveedor todo el tiempo, porque si no puede sentirse invalidado. Y esto no se trata solo de lo económico, también incluye aceptar su suéter si tenemos frío (aunque nos quede como una carpa) o pedirle que nos acompañe al médico. Si estuviésemos hoy en la época de las cavernas, no cabe duda de que también saldríamos a cazar -y ellos lo saben-. Pero dejemos a veces que nuestro Picapiedras nos cuide y recibámoslo como un regalo.

ES MUY SIMPLE

Ya lo sabes: él va más suelto por la vida. O es blanco o es negro, no hay mucha vuelta. No se queda rumiando sobre un tema, sino que va al ´grano´ cuando algo le molesta. Esta practicidad también hace que deje ir lo innecesario en su vida o las relaciones tóxicas. Por eso, si nos equivocamos con algo, él puede ser nuestro cable a tierra. Aprovechemos para pedirle consejos, especialmente referidos al trabajo, y para sacarnos de encima mochilas pesadas que cargamos innecesariamente.

LE GUSTA EL SEXO

En lo sexual, el cavernícola disfruta de olores, ruidos, texturas, sabores, y todo sin ningún reparo. Tenlo como aliado para explorar nuevos terrenos y correr ciertos límites, redescubriendo el sexo desde un lugar más salvaje e instintivo. Él puede haber tenido el peor de los días, pero logra abstraerse si disfrutan de un ´rapidito´.

TIENE CÓDIGOS

Es de los que no perdonan traiciones, respeta el terreno del otro y sale a ayudar a un amigo que lo necesita. Los encuentros con el grupo lo encuentran en su hábitat natural: no solo despliega al máximo su ser cavernícola, sino que además son un espacio en el que circula la confianza para expresar sus preocupaciones y conflictos. Nosotras podemos insistir con que haga terapia o querer ir a fondo si lo vemos malhumorado, pero lo más recomendable a veces es respetar su silencio y darle el tiempo que necesita para sacar lo que le pasa.

EN EL LUGAR DEL OTRO

Según Omar Amador Alva, psiquiatra, las diferencias de los cerebros masculino y femenino se resumen en una: el femenino tiene más conexiones y menos neuronas y el masculino tiene más neuronas y menos conexiones. Y ambos funcionan distinto: el masculino tiende a analizar menos variables que el femenino: esto le permitió enfrentar mejor las situaciones ancestrales, como la caza y la lucha. Por otro lado, el cerebro femenino fue necesario para que la mujer generara un vínculo cercano y empático para lograr su desarrollo y asegurar así la supervivencia.

¿Qué nos dice esta diferencia biológica? Que mientras tú analizaste diez variables, él analizó una. Entonces, las mujeres se quejan porque ellos no las escuchan; y los hombres se quejan de que ellas se hacen problema por todo. ¿Cómo le encontramos una vuelta? Hay que trabajar para que cada uno se ponga en el lugar del otro: él tiene que comprometerse a escuchar activamente lo que tú le digas, a la vez que tú te comprometes a elegir lo que consideres más importante para hablar con él.


jueves, 13 de julio de 2017

Encontrar el amor en muñecas de silicona

EN JAPÓN | MUCHOS HOMBRES SON DUEÑOS DE LAS MUÑECAS DE SILICONA, LLAMADAS "RABU DORU".

Cuando la llama del amor se apagó definitivamente entre él y su esposa, Masayuki Ozaki tomó una insólita decisión para llenar su vacío. Compró una muñeca en silicona que se convirtió, asegura, en el amor de su vida.

Mayu, de tamaño natural y con un aspecto muy realista a pesar de su mirada vacía, comparte su cama en la casa familiar de Tokio, donde también viven su mujer y su hija adolescente.

"Después de que mi mujer diera a luz, dejamos de hacer el amor y sentí una profunda soledad", cuenta este fisioterapeuta de 45 años.

"Leí un artículo en una revista sobre el tema de estas muñecas y fui a ver una exposición. Fue un flechazo", suspira Ozaki, que pasea a Mayu en silla de ruedas, le pone pelucas, la viste y le regala joyas.

"Cuando mi hija entendió que no era una muñeca Barbie gigante, tuvo miedo y pensó que era asqueroso, pero ahora ya es suficientemente mayor para compartir la ropa con Mayu", explica.



'ES HUMANA'

"Las mujeres japonesas tienen el corazón duro", afirma, mientras pasea a la muñeca por una playa. "Son muy egoístas. Sean cuales sean mis problemas, Mayu, ella, siempre está aquí. La quiero con locura y quiero estar siempre con ella, que me entierren con ella. Quiero llevarla al paraíso".

Como él, muchos hombres poseen en Japón este tipo de muñecas, llamadas "rabu doru" (muñeca de amor), sobre todo viudos y discapacitados, y no las ven como simples objetos sexuales sino como seres con alma.

"Mi corazón late a mil por hora cuando vuelvo a casa con Saori", asegura Senji Nakajima, de 62 de años, mientras se va de pícnic con su compañera de silicona.



"Nunca me pasaría por la cabeza engañarla, ni con una prostituta, porque para mí ella es humana", explica este empresario, casado y padre de dos hijos.

Yoshitaka Hyodo, bloguero de 43 años, cuenta con más de 10 estas muñecas. También tiene una novia, de carne y hueso, al parecer bastante comprensiva.

"Ahora es más para comunicar a un nivel emocional", afirma este hombre, también fanático de objetos militares, rodeado de mujeres de plástico, a las que viste de soldado.

UNA ACTIVIDAD ARTESANAL

Unas 2.000 muñecas de silicona son vendidas cada año en el archipiélago nipón, según los profesionales del sector. Equipadas con una cabeza y una vagina desmontables, valen unos 5.300 euros (algo más de 6.000 dólares).

"Lo que llamamos con pompa 'la industria' de las muñecas del amor es una actividad artesanal de nicho", escribe la antropóloga Agnès Giard, que en 2016 dedicó un libro a este fenómeno y a su historia en Japón.

Las primeras aparecieron en 1981. La versión en silicona, después del vinilo y del látex, es de 2001.

"La tecnología ha hecho grandes progresos desde las horribles muñecas hinchables de los años 1970", explica Hideo Tsuchiya, director de Orient Industry, uno de los fabricantes japoneses. "Ahora tienen un aspecto increíblemente auténtico y tienes la sensación de tocar piel humana. Cada vez más hombres las compran porque tienen la impresión que pueden comunicar con ellas".

Ya en el siglo XVII, en historias de ficción citadas por Agnès Giard, hombres encargaban a artesanos muñecas que se parecían a su amada, de la que el destino los había separado.

Lejos de estos relatos rosas, Riho, la esposa de Ozaki, intenta no pensar en el ser artificial que ocupa la habitación de su marido. "Me limito a las labores domésticas", dice, con lágrimas en los ojos, "la cena, la limpieza, la ropa".

jueves, 6 de julio de 2017

¿Qué somos en una relación?

Alguna vez leí por ahí una frase de Neil Strauss que decía que “sin compromiso, no puede haber profundidad en nada, ya se trate de una relación, un negocio o un hobby.”

Me acuerdo que esas palabras me impactaron de manera intensa y me hicieron reflexionar mucho acerca de la relación que estaba manteniendo con mi ex marido por aquellos días. Un lazo débil y mentiroso. Apenas una ilusión de pareja, un borrador de dos seres unidos por palabras inconsistentes como falsos ladrillos, grandilocuentes para fingida calma mental, vacías como esa atractiva caja de bombones que alguna vez abrí ilusionada para tan solo encontrarme con envoltorios arrugados.

No había profundidad. No había siquiera superficie. Sin dudas, no había compromiso. Y por ello mismo, y con toda naturalidad, la falsa pareja que éramos cayó por el propio peso de las mentiras y el deshonor causado a las promesas esenciales incumplidas. No había un cuidarte, ni un quererte, ni un respetarte.

“Para mí no son importantes los títulos”, me dijo una amiga por aquellos días. Ella estaba viéndose con un hombre que no quería formalizar lo que tenían y que por momentos la hacía sentir la mujer más importante y querida del mundo y por otros, se olvidaba de su existencia; con suerte le contestaba de mala manera y simplemente desaparecía. Una incertidumbre asfixiante y devoradora de energía. Su afirmación le servía tan solo para justificar y sostener un amor no correspondido.

Yo conocía eso de querer inventar nuevas formas de algo tan simple como es el amor. También había estado en una situación así y, aunque todavía por aquellos días no lo podía ver con claridad, lo seguía estando.

“Sí son importantes los títulos. Formalizar.”, recuerdo que le dije, “Es poner en palabras lo que uno siente; comprometerse con ese sentimiento y con el otro. Que él no te considere su novia es lo que le permite aparecer cuando quiere y esfumarse cuando se le cante. Cuando hay verdadero amor, el título no sólo no representa un peso, sino que te inunda el alma de orgullo, de ganas, de proyectos y de paz. Te da esa tranquilidad de saber que el otro va a poner su hombro cada vez que lo necesites, porque no se imaginaría haciendo otra cosa, porque quiere. Por eso somos novios, esposos, hijos, padres, hermanos, tíos, abuelos, o amigos y tantos títulos más. Nos indica que nos pertenecemos, que no estamos solos, y que nos vamos a cuidar más que a nadie.”

Y con esas palabras, me estaba hablando a mí misma. Todo lo que le decía a mi amiga era un canto hermoso al compromiso del amor en todas sus formas. Nada de eso estaba presente en mi matrimonio. “Sin compromiso no puede haber profundidad”, decía la frase. Sí, yo era claramente poseedora de un título sin amor.

Por suerte llegó ese bendito día en el cual cada pieza de ese rompecabezas emocional que me acompañaba, encontró su sitio. En ese instante, pude ver el cuadro desde la distancia. Fue como si hubiera logrado pararme por fuera de mí para verme desde una nueva perspectiva reveladora: esa mujer que veía ahí no era yo, no me representaba, no era la que quería ser. Ante mí, pude ver a un ser opaco que estaba queriendo convencerse a sí misma de que se podía tal vez vivir en una relación basada en mentiras y ser más o menos feliz.

Pero yo no quería ser más o menos feliz. No quería permanecer opaca. En mí había una luz potentísima ahogada por los miedos y los embrollos mentales que construía para justificar el tipo de dinámica que mantenía con mi ex.

Quería brillar. Quería ser todo lo feliz que fuera capaz se ser. Quería calmar a mis demonios

Y así, tomé coraje, solté ese título vacío de esposa y abracé uno real: soy Cari. Soy una mujer fuerte. Entonces, y como hacemos cuando nos comprometemos con todo el corazón con algo o con alguien, decidí quererme, respetarme y cuidarme con toda la profundidad posible.

Pasaron más de dos años desde entonces. El camino no siempre fue llano, pero los demonios se fueron debilitando y mi confianza fue creciendo. Esa luz que sabía que había en mí, fue encendiéndose de a poco pero segura. A esa llama no la iba a apagar cualquier viento. Y llegó ese momento en el cual la sentí potentísima; brillaba con fuerza porque había vuelto a creer en el amor. En el amor propio. Y toda esa luminosidad generada por mi propio quererme, me enseñó amar mejor al mundo y volver a creer en ese otro compromiso de amor que es el de la pareja.

Hace ya unas cuantas semanas, Diego me dijo que había una cartita para mí en el bolsillo derecho de su jean. Allí, doblado, había un papelito. Lo abrí con dedos temblorosos y mucho cuidado.

“¿Quieres ser mi novia?”, decía. La carta más breve y hermosa del mundo. Y en mí, una vez más esa electricidad en mi cuerpo y ese vuelco en el corazón que pensé que había abandonado a mi adolescencia y primera juventud.

“Esto es tan, pero tan lindo que ni lo puedo explicar con palabras. Pensé que a nuestra edad eso ya no se preguntaba. Pensé que con el tiempo y las acciones ya se iba a dar por sentado.”, le dije un rato después emocionada al extremo.

“Para mí es muy importante.”, me contestó, “Para mí es una instancia muy especial. Es decir en voz alta que tenemos un compromiso. No tener dudas de que queremos estar juntos y que nos vamos a cuidar.”

Después me dijo “Buenas noches, novia” y los dos nos fuimos a dormir inundados de paz. Porque cuando nos comprometemos, logramos profundidad.


lunes, 3 de julio de 2017

Cuando un hombre joven se enamora de una mujer mayor

Cuán difícil es aceptar en esta sociedad a veces cerrada, el que un joven, se enamore de una mujer mayor que él. Todo el mundo dice: "La edad es lo de menos cuando dos personas se enamoran".

Sin embargo, cuando vemos a mujeres mayores con hombres jóvenes, hombres mayores con jovencitas, no es lo mismo ante la sociedad exigente. Se los juzga duramente. Por un lado, algunas lenguas mezquinas dicen: el hombre joven practica con una mujer mayor para luego elegir la que corresponde y en el caso del hombre mayor, si bien busca juventud y carne fresca, se suele decir que la joven busca estabilidad financiera y no tanto el amor. Obviamente que todas las personas somos diferentes, pero si tenemos algo en común: y es que buscamos el amor, ese amor en el que se sienta mariposas en el estómago cuando le vemos sea hombre o mujer y eso hace que nos sintamos vivos.

Desde los bebés nacen y lloran hasta que su madre le abraza, estos bebés se sienten acogidos, amado, pensando que jamás se desprenderán de ellos, inclusive hasta los ancianos en su lecho de muerte, cuando buscan una mano a la que aferrarse para dar el salto final, cuando se despiden, si el tiempo se los permite. Siempre buscamos y anhelamos amar y ser amados por esas personas a quienes tanto admiramos y respetamos.

En ese orden, la edad de la persona que amas y te ama, no debería tener importancia, pero… vamos a ser sinceros: que un hombre tenga una pareja más joven que él, a veces no llama la atención de nadie; ahora, que una mujer elija un hombre más joven para que esté a su lado, aún levanta rumores. Cuantas veces habrás escuchado: ¡Mira la vieja esa, con semejante hombre, seguro que está en prácticas! ¡O este joven es ciego y le hace falta gafas o la vieja debe tener plata y en unos años pincha y él se hereda todo! ¡Mira la vieja esa, con tanta cirugía, pero el tiempo no se detiene, es muy vieja para él! O ¡Mira el viejito ese, con esa morocha despampanante, seguro toma viagra, para darle caña o de seguro él tiene mucha plata! ¡Qué zorra es, naaaaaa si hay que ser viva en este mundo, esta se sacó la lotería con el viejo!

Seguro que escuchaste todas estas frases o similares. La gente es mezquina y le encanta sacar el cuero. Digamos, que se deleitan hablando mal de las personas, juzgando y condenando sin más.

Pero la cosa, es que cada vez más mujeres se enamoran de jóvenes y son correspondidas por hombres más jóvenes que ellas. Muchos o pocos años de diferencia da igual, ellas desmoronan el concepto tan insignificante de que el hombre debe ser al menos "cuatro o cinco años mayor". Las famosas cougars acabaron con ese prejuicio, para el deleite y horror de muchos.

Lo que empezó siendo una irreverencia de las celebrities como Madonna, Kylie Minogue, Demi Moore, y todas las mujeres se asustaban, pronto fue seguido por muchísimas mujeres, que obviamente, no querían perderse la ocasión de divertirse, de pasarla bien en la libertad de amar sin límites de edad. Y claro, los hombres no iban a ser menos, así que, ambos sexos a disfrutar.

viernes, 30 de junio de 2017

Fuego a flor de piel



A pesar de que el termómetro marque bajo cero, no permitas que la pasión entre tus sábanas se enfríe. Invierno puede ser el mejor momento para que enciendas el fuego del deseo con tu pareja, así lo recomienda la sexóloga Anahí Navarro, la psicóloga Lizette Gallegos y el terapeuta Roberto Peña.

“El grado de deseo es igual tanto en varones como en mujeres. Eso sí, hay una diferencia al momento de motivarlo: a los hombres les basta lo visual, mientras que las mujeres se enamoran y se ‘encienden’ por el oído”, indica Navarro.

No hay duda de que si ella se arregla, viste lencería sexy y se siente atractiva, él quede prendido. Mientras que él deberá utilizar las palabras adecuadas, desde las más dulces hasta las más picantes, para que ella arda en deseo en la intimidad.

Gallegos, desde el aspecto psicológico, explica que hay una serie de factores que desatan el fuego en las parejas que van desde lo biológico hasta lo emocional. “Cabe comprender que más allá de consolidar el acto sexual es muy importante una fase de intimidad en la pareja para disfrutar más de la sexualidad, que ambos se sientan deseados e importantes”. Por ello crear ambientes adecuados y románticos son uno de los mejores alicientes para el amor, como una cena con alimentos calientes, una visita a un hotel con chimenea o ver una película erótica envueltos en una cobija abrigada.

Roberto Peña, terapeuta familiar y de parejas, dice que el frío de esta época es un gran aliado para tener la cama caliente. “Permite una cercanía corporal que brinda bienestar al encontrar calor en el otro y el acercamiento también es emocional, lo que deriva en el físico. Esto, a su vez, puede generar que la pareja explore su sexualidad a plenitud”.

Las texturas suaves, acolchonadas y tibias de la ropa de cama pueden ser otro detonante para la satisfacción sexual. “Lo táctil motiva a ambos sexos al disfrute por la existencia de sensibilidad gracias a las terminaciones nerviosas de la piel. Acariciar y ser acariciado en la intimidad y en las zonas erógenas encienden fuego”, señala Peña.

En él, esas zonas son la oreja, el cuello, la nuca y, claro, el área de la pelvis. En ella, las áreas que la preparan son la parte frontal y la parte trasera del cuello, que son las zonas más sensibles en el cuerpo femenino, describe el sexólogo Álex Greco. “No olvides el área del ombligo”. Así, con esta guía, derrite el hielo con el fuego a flor de piel.

Temperatura entre dos

Mantener relaciones ayuda a disminuir el riesgo de padecer enfermedades respiratorias en épocas frías.
La Universidad de Alaska hizo investigaciones que dicen que en invierno el deseo sube.
Según esos estudios, en el frío, los hombres tienen atracción por el cuerpo femenino.
El invierno no es un momento para que baje la libido. Al contrario, el frío puede incentivar el contacto físico y la exploración de nuevas caricias íntimas.
Más que lo climatológico, lo determinante en el deseo es el amor y la confianza entre la pareja.
El calor humano es suficiente para controlar el frío que siente el cuerpo en bajas temperaturas.
Un estudio realizado por la Universidad de Harvard especificó que de 114 hombres y 100 mujeres evaluados, el 80% disfruta de su sexualidad más en invierno por la necesidad de calor.

Lizette Gallegos (psicóloga), Anahí Navarro (sexóloga), Roberto Peña (terapeuta) y Álex Greco (portal seducesiempre.com).


jueves, 29 de junio de 2017

El hombre que ama no es infiel

Hace unos años mi amiga Flor me invitó a ir a un bar con un amigo de ella. Me acuerdo que las dos estábamos solteras y tranquilas en nuestra situación. “Él va a ir con amigos”, me dijo, “Así que seguro que nos vamos a divertir mucho.”

El amigo en cuestión estaba casado y con un hijo; los acompañantes, o estaban de novios, o también estaban casados. Me acuerdo de uno en particular que estaba a un mes de contraer matrimonio. No me lo olvido porque sus ojos y sus palabras picantes iban atrás de cada mujer que se le cruzara a menos de un metro de distancia. También tengo el recuerdo de estar sentada en una banqueta de la barra del bar, y observar a través de la luz tenue el brillo dorado que desprendía la alianza del tipo que estaba sentado al lado mío. Era otro de los amigos invitados y gesticulaba a lo grande; decía cosas intrascendentes que no llegaban a entrar por mis oídos. Mi mente vagaba en otra dimensión; en un mundo paralelo muy alejado a ese espacio y tiempo presente.

“¿Y si nos vamos de acá y nos vamos a un hotel?”, soltó de pronto con sus ojos clavados en mí. ¿Vendría hablando sobre eso o simplemente lo largó así de la nada, desubicado? No tenía la menor idea, pero lo cierto es que me bajó de un hondazo a la tierra, a la mediocridad de esa noche, al olor a cigarrillo fundido con música y griterío humano. Su tono sonaba tan natural. Parecía que me hablaba de la cosa más mundana, como ir a comprar pan o puchos a la esquina.

Con los años me iba a tocar vivir escenas parecidas, pero a ese día lo rememoro como el momento del comienzo de una cierta desilusión. Un desencanto parecido al de una niña inocente a la cual le dicen que Papá Noel no existe. Peor que eso, que ni las sirenas, ni las hadas ni tampoco los unicornios existen.

Me acuerdo que le pregunté si la esposa sabía lo que hacía. Este tipo y sus amigos se rieron. “Es lo más normal del mundo. Todos lo hacen. No tiene importancia. Para mí una noche no es infidelidad.” De alguna manera retorcida me explicó que no estaba mal, porque simplemente era algo usual en la sociedad. “Algo normal de lo que no se habla”, concluyó. “Si está consensuado con ella está bien. Cada pareja tiene sus reglas que la hacen feliz. Pero en este caso tienes que mentir. Más fácil es no estar en pareja. Nadie te obliga. ¿Te gustaría que te lo haga?”, le pregunté. “No, pero seguro que ella también me miente en otras cosas”, me contestó. Qué rabia me dio.

Después de esa sensación fea, decidí sacar el tema con mi mejor amigo. “Ay sí, Cari”, me dijo, “Por supuesto que es lo más normal. Al menos entre los hombres. Todos mis amigos que están casados están bien, pero cada tanto tiran una canita al aire. No tiene nada que ver con el amor.”

Y en este instante, se me vino a la cabeza un video de Jon Bon Jovi cuando se había casado con su novia de la secundaria y se decía que todas las canciones eran sobre su historia de amor. Nunca se habló de ellos en los medios. Nunca expuso a su familia (tienen 4 hijos). Hoy, después de décadas, siguen casados e inseparables. Me pregunto si la fidelidad es posible en profesiones como esta. Lo que no debe haberles faltado nunca, es mucha comunicación.

La semana pasada salió la cuestión de la fidelidad con Diego y cuando le mencioné que mi viejo amigo decía que se podía ser infiel sin dejar de amar a la mujer, él me miró sorprendido y me dijo “tachá la palabra amar de esa frase. Es una excusa. No existe tal cosa. Por supuesto que conozco muchos hombres así, pero te aseguro que son personas que no están enamoradas de verdad, ni se involucran en general demasiado con el amor en ese momento de sus vidas. El hombre que ama no es infiel, no tiene ganas de mentir. Para qué mentir. Ojalá no pienses que todos los hombres lo son.”, me dijo.

“No, la verdad es que no lo creo. Sé que cuando el hombre o la mujer quiere con todo su corazón, ni se le ocurriría perder eso tan maravilloso por algo que sólo traería problemas”, le dije, “Si creo que es verdad que estamos en una sociedad que le cuesta abrirse, entregarse al amor, confiar su corazón. Un mundo que teme tanto salir herido, prefiere no animarse a la intensidad. Entonces, bajo estas premisas, y en el marco de un amor endeble, poco profundo, la infidelidad es algo que puede darse con facilidad.”

Diego me miró con una sonrisa y agregó: “cuando las personas no aman, siempre ven el jardín del vecino más verde.” “Sí, así lo ven las personas que no amaron nunca, o que dejaron de querer”, le dije. “Si un día dejo de quererte, vuelvo a empezar a quererte de nuevo”, concluyó y me dejó sin palabras.

Al día siguiente, recordé a todos aquellos hombres enamorados de sus mujeres que me crucé en mi vida. Fueron muchos. Entre ellos, me acuerdo de un viejo compañero de trabajo que me dijo que el sólo hecho de pensar en irse con otra, le generaba dolor en el corazón y un agotamiento mental: “Con mi mujer todo lo siento liviano, fácil, sincero, aun en los conflictos. Irme con otra, aunque sea por una vez, lo volvería todo denso, mentiroso. “Me acordé también de una entrevista a un tipo que me llamó la atención, porque decía que la infidelidad le daba fiaca y que la sola idea lo estresaba; que era muy complicado y que ni loco tiraba una relación que valga la pena al tacho por un momento de placer que después se vuelve una pesadilla.

Creo que para restablecer la confianza y volver a empezar de manera segura, a veces simplemente tenemos que dejar de focalizar tanto en las historias de todo aquello que no funciona, de lo traicionero, de lo desamorado e infiel. En la vida vemos lo que queremos ver y, por eso, si nos centramos en los relatos fallidos, nos parecerá que esos son los únicos que existen; los representantes de un destino inevitable en nuestras vidas.

En nuestra vida existirá lo que querramos que exista. Por eso, estoy segura de que si tenemos la dicha de dejarnos envolver por esa sensación maravillosa de paz que regala el amor profundo y sincero, seremos capaces de preservar sin ningún esfuerzo ese mar de tranquilidad.