Consejos sobre el Amor, Matrimonio, Noviazgo

sábado, 16 de septiembre de 2017

Amor colegial


La palabra amor se define como el sentimiento de cariño y unión no solo material, sino también espiritual que te compromete con otra persona, el sentimiento que te da la seguridad de que puedes contar con esa persona sin importar lo que pase. Amor es el sentimiento más difícil de explicar de todos, debido a la cantidad de sensaciones que produce este.

Pero el amor colegial está un poco lejos de esta definición. El amor colegial es más bien un amor caprichoso y de travesuras, que surge generalmente en la etapa de la adolescencia. Un amor a escondidas que inicia con el primer día de clases, cuando llegas al aula y te encuentras de repente con esa persona que te roba toda tu atención y la enfoca hacia ella hasta llegar al punto en que todos tus amigos se burlan de ti porque simplemente no logras concentrarte, se te olvidan las tareas, vives haciendo dibujitos y garabatos en tus cuadernos, no prestas atención a los profesores, etc.

Casi todos los jóvenes viven la experiencia de tener un amor colegial, a pesar de que no siempre es así (en muchos ocurre antes y en otros después), durante su etapa de adolescentes. En esta etapa surge una transformación física que modifica el cuerpo de manera repentina y que genera cambios hormonales que crean ciertos conflictos emocionales e impulsos que muchas veces se les hace muy difícil poder controlarlos.

En la etapa del amor colegial es en donde los adolescentes empiezan a experimentar el sentimiento de la atracción física, a descubrir su cuerpo y entonces es cuando empiezan a surgir esas sensaciones nuevas que despiertan la curiosidad en sus cuerpos. Es por esto que empiezan a hacer travesuras a escondidas, siempre con el miedo a ser descubiertos.

La diferencia entre el amor colegial y el verdadero amor es que este último no es simplemente una atracción física, sino que va más allá de eso. El verdadero amor supone la necesidad de sentir a tu lado a esa persona especial, es extrañar su forma de ser, de hablar, de caminar, de pensar, de actuar, etc., es apreciar cada cosa que dice, como también su capacidad para escucharte, entenderte y aceptarte tal y como eres. Si sientes esto, entonces permíteme felicitarte porque realmente estás enamorado(a).

jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Cuán bueno es en la intimidad?

Las relaciones íntimas en la pareja son una parte importante de las relaciones de amor, pues ayudan a mantener la llama de la pasión viva.

Aunque la atracción es algo muy personal, y como afirma el dicho popular “para gustos colores” (la elección de la pareja depende de las necesidades), cuando alguien nos atrae, lo primero que se nos viene a la cabeza es poder compartir esos momentos íntimos con esa persona: hacer el amor con él es algo que nos hace inmensamente felices.

¿SERÁ BUENO EN LA CAMA O NO?, ES UNA PREGUNTA QUE PODEMOS PLANTEARNOS CUANDO NOS EMBARCAMOS EN UNA NUEVA RELACIÓN.

¿QUÉ IMPORTANCIA TIENEN LAS RELACIONES SEXUALES EN LA PAREJA?

La importancia de las relaciones íntimas en la pareja varía de persona a persona. Mientras algunas mujeres valoran otros atributos en la relación, otras prestan mucha atención a este aspecto como si lo fuese todo o prácticamente todo. Buscan en su pareja una auténtica máquina sexual. Está claro que tener una vida íntima activa es importante para la felicidad y la estabilidad de la pareja, pero no se trata de estar todo el día “dale que te pego”. Al menos eso es lo que encontró una investigación reciente.

Esta investigación intentó determinar cuál debe ser la frecuencia de las relaciones íntimas. Según las conclusiones de los investigadores, el aumento de la frecuencia sexual en pareja tiene efecto positivo... pero hasta un límite. Entonces hay que dar la dosis justa y necesaria.

Señales que indican si un hombre es bueno en la cama

Se suele hablar mucho de qué detalles son característicos de los hombres que son buenos amantes y son buenos en la cama. Por ejemplo:

¿QUÉ SEÑALES ENVÍAN? O ¿CÓMO SE COMPORTAN?

Si estás conociendo a un hombre y te acabas de hacer esta pregunta, en las siguientes líneas encontrarás las respuestas.

BAILA BIEN

A muchas mujeres les encanta el baile y éste puede ser un gran afrodisiaco para ponernos a tono y acabar cuerpo con cuerpo en la habitación con ese hombre. Esto no solo incluye un buen “striptease”, sino que algunos bailes despiertan nuestros instintos más íntimos y apasionados.

El psicólogo, Peter Lovatt, realizó una investigación en la que grabó 15 formas de bailar masculinas para que después las visualizarán un grupo de 55 mujeres de diferentes edades. Los resultados mostraron que los movimientos a lo John Travolta en “Fiebre del sábado noche” son los más estimulantes para para las féminas.

Además, muchas mujeres aseguran que los bailarines son buenos en la cama. Esto es lo que concluyó un estudio de la compañía británica Phones 4U, pues más del 80% de mujeres encuestadas aseguraron que existía asociación entre un buen bailarin y los buenos movimientos en la cama. Es más, hasta el 50% de las mujeres afirmó que comprueba los movimientos de un hombre antes de acostarse con él. Será por eso que muchas mujeres piensan que los bailes latinos son realmente excitantes.

ES AVENTURERO

Los hombres aventureros también parecen ser buenos amantes y buenos en la cama. Porque son personas que disfrutan de nuevos retos y buscan momentos y aventuras excitantes en su vida. Esto también puede ser un gran afrodisíaco, pues este tipo de personas desean probar experiencias nuevas y poco convencionales. Algo que a la larga puede mantener viva la llama de la pasión en la relación.

BESA BIEN

Si ya te has besado con él y has notado que besa como los ángeles, probablemente te hará pasar un buen rato en la cama. Si besa bien y sabe que besa bien es porque seguramente tenga mucha experiencia y sea una persona que se deja llevar por la situación. Es espontáneo y no se deja guiar por convencionalidades. Lógicamente, esto no es 100% infalible, pero si esa persona te besa con pasión es que le gustas y le excita tu físico (y posiblemente tu mente).

TIENE UNA CONFIANZA ALTA EN SÍ MISMO

En las relaciones íntimas, la confianza en uno mismo es la clave. Un hombre que confía en su desempeño sexual y sabe que es bueno en la cama, te hará pasar momentos increíbles. En cambio, una persona tímida en este entorno seguramente no será capaz de dejarse llevar y de disfrutar de la sexualidad con tanta plenitud.

TE HACE SENTIR UNA PERSONA ATRACTIVA

Cuando encuentras a alguien que te hace sentir como una persona espectacular e increíble, el grado de intimidad entre ambos aumenta. Algunas mujeres se sienten inseguras y, para disfrutar plenamente, necesitan que la otra persona les haga sentir especial. Para conseguir esto las palabras no bastan.

SE PREOCUPA POR TI

Las relaciones íntimas son más placenteras cuando hay algo mágico que las envuelve. Es el sentimiento de amor mutuo, que puede ser muy fuerte. Cuando notas que la otra persona está por ti, es detallista, piensa en tus necesidades… existe una mayor confianza y respeto entre los dos, algo que también se plasma en los momentos más íntimos.

TIENE UNA ACTITUD PROACTIVA Y AMBICIOSA

Las personas ambiciosas y proactivas están siempre en movimiento y suelen gozar de una mejor salud general. Piénsalo. ¿Será mejor en la cama alguien que se pasa el día entero jugando a los videojuegos o alguien que se preocupa por no pasar mucho tiempo sentado, sale con los amigos y hace deporte de forma periódica? Las personas que tienen una vida activa, generalmente gozan de mayor salud. Es por eso que rinden mejor en prácticamente cualquier actividad física.

ES CREATIVO

La creatividad puede ser un buen indicador de que esa persona te hará sentir cosas extraordinarias. Si tiene una vida activa y está sano, se preocupa por ti, utiliza diferentes modos de hacerte sentir alguien que desprende atracción, tiene confianza en sí mismo y encima es creativo, probablemente este hombre tiene algo que te puede gustar. El motivo es que al no tener que dedicar tiempo y esfuerzo a seguir un “guión” todo ocurre de un modo mucho más fluido y espontáneo.

lunes, 11 de septiembre de 2017

De pareja a espía: privacidad vs. confianza



Amor, ¿me das tu clave, tu contraseña y tu pin?”... Para algunas personas ese intercambio de información es una muestra de confianza. Pero, en realidad es lo que la vulnera, además que transgrede el derecho a la privacidad. Es incluso, una manera de espiar. “Generalmente quienes exigen las contraseñas y claves actúan por celos y desconfianza, actitudes que nacen de la inseguridad propia o a partir de alguna actitud percibida y sospechosa del otro, sea cierta o falsa”, explica el psicólogo Juan José Vargas.

Como fuera, denota desconfianza y es precisamente el espiar lo que la devela. “Si esto es recurrente en una relación, hay que ver qué pasa con la comunicación”, indica la psicóloga Tatiana Jáuregui.

Si bien la curiosidad por conocer cosas del otro es normal y hasta muestra interés, Jáuregui resalta que no justifica el escudriñar el espacio ajeno, ya que se puede llegar a lo delictivo por infringir la privacidad.

Ese espacio personal, un derecho y una necesidad, parece estar cada vez más reducido por el efecto de las redes sociales. Según Jáuregui, se han abierto en demasía las áreas de intimidad personal. “Esto hace que los parámetros de confianza y respeto se debiliten”.

En cambio, para Vargas las redes sociales poco o nada tienen que ver con la pérdida de confianza en la pareja, porque “el que quiere engañar u ocultar algo lo hará con o sin redes”, dice. Sin embargo, el terapeuta sí cree que son un canal para espiar a las personas por la cantidad de información privada que contienen”.

Tentador, más si la información de tu amor está a un clic. Sin embargo, en una relación amorosa, ambos son responsables de cuidar además de su espacio personal, el de la pareja.

En ese ámbito, se supone que saben qué les molesta y qué no; tienen códigos, formas de conducta pactadas y conocen sus personalidades. Ambos integrantes de la relación también saben si hay problemas o si el otro, o uno mismo, ejerce algún control. “Todo depende de la personalidad, de las experiencias anteriores, de las expectativas, de la compatibilidad y de las reglas que tienen explícitas o implícitas”.

Antes que compartir las claves de acceso a la información personal, deben edificar la relación en dos pilares, recomiendan los especialistas. El primero es la confianza: Uno debe otorgarla, porque se supone que ha elegido a una persona afín como pareja. El otro, debe dar las señales adecuadas para ser digno de esa confianza. El segundo pilar es el respeto, y ambos deben honrar los acuerdos y limitar ese espacio de dos en la red.

Si se rompe la confianza y se vulnera el respeto, los problemas serán evidentes y las redes sociales podrán ser una herramienta mal usada.

Entonces, de ser pareja se convierten en espías; en seguidores de cada paso que el otro da. “Esa desconfianza es una afrenta a la autoestima y a la confianza depositada en el otro”, dice Vargas, quien recalca que no son los indicios que se busca los que hacen daño, sino la interpretación de esas señales, que pueden ser ciertas o no.

Tener acceso a las redes sociales de la pareja, mirar cada ‘like’ que pone, en sí, perseguir a la pareja no evitará que tenga otros amigos o sea infiel, si ese el miedo. En ese caso el afectado o afectada debe evaluar la relación y hablar claramente.

En vez de tener una clave y volverse un investigador en línea, es mejor trabajar la autoestima, para ser una persona confiable y confiar en el otro.

Clave maestra

La sospecha te pone en alerta ante probables acciones desleales. Comunícale a tu pareja tus dudas.

Los celos dañan la relación. No te conviertas en un detective tratando de buscar las pruebas que incriminan a tu pareja.

Por cada acción de revisar te estás perdiendo algo de tu propia vida.

Los acuerdos ‘yo le doy el celular para que lo revise’ no sirven. La confianza no se recupera cediendo derechos.

Las acciones que resultan de celos afectan más la propia estima que el sentirte traicionada o traicionado. Cuando violas la intimidad del otro, devalúas tu valoración propia.

Fuentes: Juan José Vargas (psicólogo / jota2psycho@gmail,com), Tatiana Jáuregui (psicóloga / tatjaur@hotmail.com)

Fotos: kn3.net, nuevamujer.com


viernes, 8 de septiembre de 2017

8 señales definitivas de que tu relación no funciona

Mucho hemos hablado hasta ahora de las claves para que una relación de pareja dure muchos años, de cuál podría ser el motor de tu relación e incluso de las pistas que pueden hacerte averiguar si tu relación es perfecta. ¿Pero qué ocurre cuando creemos que no funciona? Cuando lo hemos estirado tanto que está a punto de romperse en cualquier momento.

Porque hay veces que nos aferramos con todas nuestras fuerzas a una persona e intentamos que la relación funcione. Porque aún creemos en un futuro juntos, por costumbre, por amor o porque nos negamos a dejarla marchar incluso sabiendo que ya no es lo mismo.

Si te encuentras en este punto de incertidumbre, puede que las siguientes señales te ayuden a darte cuenta de que tu relación tiene fecha de caducidad. Si has aplicado todos los consejos que te recordamos a continuación, si lo has intentado todo y, aun así, no sabes muy bien por qué no encaja como antes, atentos a estas siete señales.

1. El sexo no te satisface como antes

Párate a pensar: ¿tienes relaciones con la misma frecuencia de antes? Aunque creas lo contrario, la atracción física y el sexo son una parte fundamental en cualquier relación. Si notas que apenas mantienes relaciones o que cuando las tienes no terminas satisfecho o satisfecha (o al contrario), hay un problema.

2. No hay ilusión a la hora de hacer planes

Antes el solo hecho de ver a esa persona y saber que ibas a pasar un rato junto a ella podía ser lo mejor que te podría ocurrir en el día. Ahora no tienen tantos planes. No es la misma ilusión, los "nervios" previos antes de veros el uno al otro han desaparecido.

3. Silencios incómodos

Tu pareja probablemente sea la persona con la que más confianza tienes en el mundo y hasta hace poco podías pasarte horas hablando de cualquier cosa sin parar, pero ahora es diferente.

4. Discuten la mayor parte del tiempo

Y probablemente se deba a que existe una falta de comunicación importante. Ya no están de acuerdo en nada, les cuesta ver el punto de vista del otro, no se escuchan. Si pesan más las discusiones que las buenas palabras, entonces algo va mal.

5. Desconfías

En el momento en que surge la desconfianza por parte de cualquiera de los dos o sabes que te está mintiendo (o viceversa) respecto a algún tema, no puedes hacer la vista gorda.

6. Se dieron varios "tiempos"

Si ya han roto varias veces a lo largo de los años o se dieron periodos de "vamos a darnos un tiempo", lo más probable es no tengan un futuro juntos.

7. No muestran interés el uno por el otro

Apenas hablan si no es en persona y solo uno de los dos (o ninguno) muestra el mismo interés que antes.

8. El futuro es incierto

Tienes cierto reparo a la hora de hablar de tu pareja. Atrás se ha quedado la ilusión con la que imaginabas su futuro, comienzas a replantearte si de verdad es la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida o bien se convierte todo en un tema tabú.

Quizá haya llegado la hora de echar el freno, ser realista y analizar tu relación de pareja... ¿Notas algunas de estas señales?

jueves, 31 de agosto de 2017

La ansiedad puede frustrar una nueva relación

Nadie dice que el entusiasmo por una nueva pareja sea perjudicial, y mucho menos, cuando refleja nuestras ganas y nuestra apuesta a más, pero ¿qué sucede cuando toda esa ilusión se transforma en una catarata de planes y proyectos sobre algo que aún no tiene un piso sólido? O lo que es peor, ¿qué pasa cuando todas esas expectativas se convierten en una presión que limita el crecimiento de la relación? Todas estas preguntas nacen cuando no podemos controlar nuestra ansiedad frente al vínculo nuevo.

Sentimos que queremos hacer todo y ya, como si no hubiera tiempo, creemos que el momento es ahora, y que el mañana ya llegó. Todo esto en teoría puede sonar lindo, pero dentro de una pareja puede llegar a ser abrumador. No existe un manual de cómo encarar el principio de una relación, pero lo que sí es seguro que cuando a un vínculo que aún no es lo suficientemente fuerte se lo lleva al extremo tiene muchas posibilidades de quebrarse.

Cuando entramos en el mar de nuestra propia ansiedad, nos dejamos llevar por toda nuestra euforia, y sin darnos cuenta perdemos el registro del otro. En este punto aparecen los conflictos, porque nos ensimismamos tanto en nuestras propias ideas que nos olvidamos que una pareja no puede avanzar si ambos no tienen el mismo rumbo. La capacidad de proyectar juntos es lo que va a permitir que el vínculo pueda fortalecerse.

Por supuesto que no lo hacemos a propósito, muchas veces en nuestro afán de querer hacer crecer la relación, nos convertimos, sin darnos cuenta, en el obstáculo más grande de la misma. Por eso es importante comprender que cuando nuestra ansiedad se desborda, las consecuencias no sólo impactan en nosotros mismos, sino también en aquello que queremos preservar. Empezar a ser conscientes de esto es fundamental para aprender a controlarla.

El exceso de ansiedad al principio de la relación puede llegar a ser negativa porque:

Asustamos al otro con tantos planes. Depositar un montón de proyectos en una pareja que se está formando, no sólo puede apabullar a la otra persona, sino que además, al no dejarle espacio para poder expresar qué es lo que realmente quiere, es común que decida tomar distancia.

Nunca podemos estar conformes. Cuando queremos hacer todo, nada es suficiente. El peso de nuestra ilusión es tan fuerte que terminamos estableciendo un montón de exigencias que condicionan el desarrollo espontaneo del vínculo.

Nos olvidamos del disfrute de cada etapa. Estar pendiente en lo que aún no pasó, nos quita la energía de poder contemplar lo que está sucediendo. Poder transitar juntos la incertidumbre del inicio de una relación es un parte esencial de la historia de cada pareja.

No logramos conocer a la otra persona. Cuando comenzamos una relación, es el momento de darnos tiempo de poder ver al otro, de poder observarlo en todos sus aspectos. Si nuestra mirada está en lo que queremos alcanzar, en lugar de estar en la otra persona, nunca llegaremos a descubrir a quien tenemos al lado.

La otra cara de la ansiedad es el miedo o la angustia que nos genera no saber cómo va a resultar nuestra nueva relación. Nos llenamos de planes, como una manera de asegurar y afianzar la pareja y no consideramos que lo peor que podemos hacer es no darle margen para que crezca. Intentar controlar el futuro de la relación no garantiza que todo va a ser como lo pensamos, sino que nos va atar a presiones que nos quitan la flexibilidad para poder construir juntos nuestros propios proyectos de pareja.

Debemos aceptar el vértigo que conlleva enfrentar lo nuevo, sin querer marcar los ritmos y sin intentar adueñarnos del tiempo. Soltar la idea de que las cosas tienen que ser como la pensamos, y no angustiarnos frente a una realidad que no siempre se ajusta a nivel de nuestras expectativas, sino al contrario, lograr transitar una nueva pareja con la libertad de poder disfrutar de cada instante. No significa que la relación se va a quedar estática o que nueva va a avanzar, sino que lo hará construyendo su propia dinámica. Necesitamos comprender esto para no poner todo nuestro foco en el futuro y evitar que nuestro pensamiento nos limite el presente. Como se suele decir: la ansiedad es la mente intentando ir más rápido que la vida.