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jueves, 18 de mayo de 2017

Vida de parejas “En el amor a veces es cuestión de suerte”



Fue hace un par de semanas. Levanté la vista, lo miré y le pregunté: “¿Crees que hoy estaríamos juntos si hace nueve años hubiese respondido a tus insinuaciones? Nos cruzamos tantas veces en el pasado y yo no te di ni cabida. ¿Qué piensas que podría haber pasado?” Él sonrió con la mirada y me contestó: “No sé qué habría pasado, pero no creo que hubiéramos terminado juntos. En ese momento éramos personas diferentes.” Le devolví la sonrisa y pensé: “entonces la vida nos reencontró en el momento justo”.

Apenas dos o tres días después recibí un mail de Paula. Ella había leído algo que la llenó de inquietudes y que la inspiró a sentarse a escribir. Puso:

(...) La palabra “destino” no deja de rondar en mi cabeza. Hace unos meses estoy soltera, tengo 37 años y muchas incógnitas se me plantean. Tan así que mis noches se interrumpen en plena madrugada y no dejo de apretar mis dientes, aun cuando soy consciente de ello. Siempre, siempre quise un compañero, porque acompañar representa en mí muchas cosas. Sin embargo, ese encuentro no se da. Algunos dicen que me relaje, pero cuesta mucho cuando el deseo es grande y el tiempo pasa. Hace ya muchísimos años que me deshice de esa maldita idea infantil del príncipe azul. Por lo que ya no lo busco. Pero sí a mi compañero. El otro día, mi hermana me dice: “Y bueno, yo tampoco entiendo por qué estás sola, a veces es cuestión de suerte...” Fue como si me clavaran un puñal en medio del corazón. ¿Cuestión de suerte? Algo parecido me había dicho mi psicoanalista en las últimas sesiones: “A veces es el destino...” Con los años, la experiencia, los consejos, la terapia aprendí que cuando uno quiere algo, además de la paciencia, tiene que ir hacia ello. Y me siento muy bien, pero me cuesta entender que este anhelo de estar acompañada no pueda producirse de la misma manera en que uno logra sus otros objetivos. Para estar bien físicamente hice muchas cosas, me adapto a situaciones que siento que mejoran mi calidad de vida, estoy en un gran cambio profesional orientada hacia lo que más me gusta y los logros se ven. Pero en esto parece no haber cabida. Y siento que sería totalmente injusto pensar en “a veces es el destino”. Yo no quiero ese destino para mí. No quiero la soledad. Soy feliz conmigo misma, puedo estar sola, viajar sola, dormir sola, comer sola, pasear sola. Pero no lo elijo. Entonces, ¿qué se hace? Si esperas una respuesta, no la tengo, porque en serio me lo pregunto todo el tiempo. En mi cabeza no cabe esa posibilidad, no cabe el quedarme sola, sin concretar mi deseo. Al mismo tiempo, algo me dice que todo saldrá bien y que esa persona va a llegar. ¿Dónde estará? ¿Qué estará haciendo ahora? (...)

Para lo que sigue, les dejo un tema de una banda que adoro desde que tenía unos cinco años. Voz única la de Stevie Nixx que dice: “si nuestros caminos nunca se cruzan, bueno, lo lamento; pero si vivo para ver las siete maravillas, estaré alcanzando el camino hacia final del arco iris. Nada se comparará con esa belleza.”

Fui Paula tantas veces. La mandíbula apretada de noche y mi mano solitaria añorando la de mi compañero. Pero no cualquier compañero, porque la mala compañía a mí me asusta mucho más que la soledad. Alguien que me conmueva, alguien con quien compartir los esfuerzos, los sueños y las nadas. Tantas veces fui Paula en esas noches de angustia inexplicable, a pesar de mi bienestar general y mis certezas de que sola soy feliz pero hoy no lo elijo. Me recuerdo lanzando en voz baja la pregunta al universo: “¿Dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar?” Tal vez en otro rincón del mundo. Y sintiendo que para muchos siempre parece resultar tan fácil. Preguntándome si para ellos había sido cuestión de suerte, de destino o si la mayoría tan solo buscaba compañía y no amor. ¿Por qué estás sola? La pregunta me la hicieron una infinidad de veces. Y entonces, a la luz del día, la respuesta emergía nítida: porque jamás busqué estar por estar. Porque nunca le temí a la soledad. Porque si no me conmueve, no lo elijo.

Azar o destino, creo que en algún punto el amor correspondido es casi un milagro. Una coincidencia que pocas veces sucede en vida. Y no importa si es breve o para toda la vida. Creo que si alguna vez experimentamos esa coincidencia, podremos considerarnos eternamente afortunados.

Paula me agregó la frase que la inspiró a descargar sus emociones. Es una de La Resistencia de Sábato y dice:

“Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino. El destino se muestra en signos e indicios que parecen insignificantes pero que luego reconocemos como decisivos. Así, en la vida uno muchas veces cree andar perdido, cuando en realidad siempre caminamos con un rumbo fijo, en ocasiones determinado por nuestra voluntad más visible, pero en otras, quizás más decisivas para nuestra existencia, por una voluntad desconocida aun para nosotros mismos.”

“¿Crees en el destino?”, le puse a Diego después de mandarle este texto de Sábato.

“Sí, creo en el destino”, me contestó. Una electricidad extraña me recorrió el cuerpo y me emocioné.

Ustedes ¿creen que el amor es una cuestión de suerte? ¿Creen en el destino? ¿Creen que el sentimiento de amor correspondido puede durar toda una vida?

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