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domingo, 16 de febrero de 2014

No me gusta el novio de mi hija



Corita ya bajó los brazos. Se cansó de repetirle a su hija que ha elegido mal a su pareja, se lo dice su experiencia en la vida y también su corazón de madre. ¿Pero cómo hacer entender a la muchacha cuando nada parece funcionar, ‘ni por las buenas ni por las malas’? ¿Por qué su hija parece no ver todos los defectos que nota la familia y las amistades? ¿O es que todos están equivocados?

Cuesta dejar a los hijos tomar decisiones y cometer sus propios errores, más cuando se nota que estos en vez de florecer se están marchitando al lado de la persona equivocada, o eso es lo que les parece.

También cabe la posibilidad de que los suegros estén equivocados y exageren los defectos del ‘extraño’, mientras creen que nadie está lo suficientemente calificado para su hijo.
Muchas películas y libros han tocado este dilema, que para algunos puede ser motivo de chiste y de comedia de Hollywood, pero para otros puede convertirse en una verdadera pesadilla.
Sin duda no faltará quien se sienta identificado con Greg Focker (Ben Stiller) tratando de dejar una buena impresión en su suegro (Robert de Niro). Hay por el mundo bastantes padres estrictos dispuestos a investigar y a hallar cualquier vestigio de anormalidad en el ‘intruso’ que quiere entrar a la familia.

La suegra también puede reunir todos los requisitos de una villana de cuento de terror, si no pregúntenle a Jennifer López (en el papel de Charlote) en la cinta Monster in Law, en la que su suegra, Jane Fonda (en el papel de Viola) intentó por todos los medios romper el compromiso de su hijo porque ella no era lo suficientemente buena para él.

¿Hasta dónde meterse en las elecciones sentimentales de los hijos? y ¿cómo lidiar cuando no se aprueba al futuro yerno o nuera? eso es lo que le preguntamos a los expertos. A continuación sus consejos y estrategias para ‘llevar la fiesta en paz’.

La postura a adoptar
“No podemos elegirles el novio (a), no es aconsejable, debe ser él o ella quien descubra las incompatibilidades”. Esa es la primera premisa que brinda la orientadora Dalia Muñoz, que cree que lo que sí se debe hacer es aconsejar a los hijos para que sean cuidadosos y que no profundicen en la relación hasta conocer bien al otro.

“Como personas adultas no podemos encasillar a nadie ni rotular a los novios como apto o no apto. Esa es una tarea que nuestros hijos tienen que decidir a su debido tiempo. La experiencia les pertenece y el noviazgo también. Además, debemos dejar que los jóvenes aprendan de la propia vida... nuestro rol en esta etapa es solo de acompañamiento. Los hijos tienen derecho a elegir”.

Estar alerta
Muñoz reconoce que es común y hasta normal que a los padres no les caiga del todo bien la pareja de su hijo (a) porque no se ve como les gustaría, pero dice que también hay momentos en los que ese disgusto no pasa por simples celos de papás, sino que se fundamenta en actitudes intolerables.

“Debemos estar alertas como padres y tomar medidas si las relaciones de noviazgo de nuestros hijos se tornan complicadas, es decir, si notamos que existen prohibiciones por uno de los dos. ¡No te pongas eso, no quiero que salgas así!, ¡No quiero que salgas con esos amigos!, ¡Quiero que nos veamos ahora! Estas y otras frases del mismo estilo son signos de una relación peligrosa”.

Las constantes discusiones, los problemas innecesarios y las escenas de celos deben ser señales de alerta para los padres. “Este tipo de comportamientos puede empezar como un simple juego, pero con el tiempo y la reiteración se convierten en el primer paso de la violencia de pareja”.
Por su parte, el sicólogo Raschid Guardia considera que los padres son más detallistas con la pareja de los hijos que con el resto de las personas. “Encontramos defectos desde lo físico hasta en la educación, como si nuestros hijos fuesen seres de una raza especial y llenos de virtudes”. Para ‘llevar la fiesta en paz,’ afirma, es necesario que los padres sean tolerantes y se pongan en la edad de ellos, pero ojo, eso no significa tolerar aquellas conductas que se encuentren fuera de una normativa de armónica convivencia, como lo citado anteriormente por Muñoz.

En este punto, la sicóloga Paula Benedict considera que es mejor contar con el apoyo de un profesional que ayude a la hija (o) a discernir sobre los motivos para elegir una pareja inestable y con alto riesgo de fracaso. “Es posible que esté involucrada (o) en una relación de dependencia o de control de la que no puede salir o tenga dificultades para evaluar la realidad y establecer parámetros de elección de pareja que permitan la proyección futura y de sobrevivencia de ese tipo de relación”.

Llevar la fiesta en paz
Guardia hace recuerdo que en el pasado los arreglos entre familias para casar a sus hijos por conveniencia social y económica era una costumbre muy marcada. “Hoy en día la situación es similar, con diferentes técnicas, pero el objetivo es similar al del pasado. Este tipo de ‘arreglos’ pasan la factura en el tiempo, cuando los obstáculos de orden íntimo y familiar se marcan de mayor manera y los problemas afloran, en muchísimos casos estos terminan con el fracaso matrimonial, el divorcio y con una insatisfacción de vida”.

Por todo esto, se debe acabar con este tipo de conducta intervencionista y dejar a los hijos hacer sus propias elecciones.

Al respecto, Benedict confirma su total concordancia: “Ya no son tiempos para ese tipo de acuerdos, pues los hijos e hijas deben ejercer su libertad al momento de enamorar y de elegir pareja. Pero es aconsejable conocer a la familia del novio o novia, porque son también las familias las que entrarán en relación si el noviazgo culmina con el matrimonio”.

Con todos estos aportes profesionales, queda claro que los padres no pueden elegir por los hijos, deben cumplir con charlar con ellos y expresarles su punto de vista.

Hay que tomarse el tiempo de conocer bien al elegido de su corazón antes de juzgar, sin dejar de estar alertas ante un comportamiento abusivo

Cómo detectar que estamos exagerando
La sicóloga Paula Benedict considera que los padres están exagerando respecto al elegido del corazón de los hijos cuando principalmente se sabe poco de esa persona y se la prejuzga.
Pero también cuando como progenitor se es muy celoso de las relaciones de los hijos, incluso de sus amigos.

Y la lista continúa. A muchos padres de familia les resulta difícil aceptar que los hijos han crecido y que se hacen adultos, pues eso los confronta con su propio envejecimiento.

Además, a veces se tiene una imagen ideal del futuro yerno o nuera y la realidad no coincide y, por lo tanto, se genera una resistencia a creer que puede haber otro tipo de buenas personas.

También puede ser que no confían en el criterio de los hijos para ningún asunto; entonces, tampoco lo harán para los temas sentimentales.

Por último, cuando han existido ‘huecos’ en la comunicación con los hijos y en realidad se conoce poco de su forma de pensar, es muy posible que no se esté en sintonía con los gustos y necesidades de ellos y, por lo tanto, no comprendamos por qué eligió lo que eligió.

Todos estos aspectos deben poner a pensar al padre y a la madre antes de dar un veredicto apresurado, porque declararle la guerra a los hijos nunca es acertado.

Cuando no se aprueba a la pareja de los hijos

Recomendaciones de la sicóloga Paula Benedict

Hacer a un lado los prejuicios. Las personas buenas no siempre responden a nuestros ideales o modelos.

Ver desde otra perspectiva. Hay que conversar con los hijos y conocer sobre sus experiencias y sobre lo que ellos valoran de su pareja.

Hacer un esfuerzo. Esmerarse por conocer y crear vínculos con la persona que posiblemente entrará en la familia.

Respetar. Si el novio o novia es persona de bien, con aspiraciones y valores comunes a los hijos, hay aquí un buen inicio para respetar no solo la decisión, sino también a la persona en cuestión.

Estar alertas. Todos estamos expuestos a cometer errores y a sufrir las consecuencias, pues incluso la pareja de padres suelen tener sus propias limitaciones. Mientras no se visualicen en el otro, hay riesgos evidentes de maltrato, dependencia extrema, control, celos, actividades delictivas o trastornos de personalidad notables. Se puede confiar en el criterio de los hijos para su elección de pareja, pero una dosis de alerta es necesaria cuando hay indicadores conductuales sobre los que debe advertirse a los hijos.

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