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domingo, 1 de mayo de 2016

Los prejuicios que rodean la soltería de la mujer


Resulta inevitable que las mujeres entre los 35 y 40 años, particularmente en nuestra cultura latinoamericana, escuchen frases del tipo: "¿todavía no te has casado?, ya va siendo hora porque se te va el tren” o, para aquellas mujeres que tienen un pareja formal escuchar frases como: "ya es hora de que se casen, tengan hijos y estabilicen esa situación”.

A pesar que hemos logrado grandes avances en muchos campos de la vida, la tecnología y la ciencia, algunos pensamientos todavía quedaron en el pasado, sobre todo porque aun en nuestra época consideramos que la felicidad de una mujer está en estrecha relación con la pareja, y de no lograr cierta estabilidad familiar o
conyugal, ha fracasado.

Estos prejuicios que se forman alrededor de la soltería de una mujer de mediana edad me hacen pensar que muchas de ellas han seleccionado parejas por la "premura” del tiempo, por la "presión” familiar y social que deviene del peso de sus años, sin considerar otras consecuencias futuras.

Es claro que la presión de la sociedad influye en la toma de nuestras decisiones, por lo que no es raro encontrarse con parejas infelices que continúan juntas por miedo al estigma, o mujeres que han dado el sí en "el altar” por miedo a ser catalogadas como "solteronas”. Surge la pregunta: ¿vamos a vivir la vida entera con esas personas a las que tememos nos juzgarán?, o, ¿viviremos con las decisiones personales que hemos tomado?

Al final, infelices, felices, estables, no estables, somos sólo nosotros frente al mundo, por lo que, más que el miedo al qué dirán, tendríamos que tener especial cuidado por el peso de nuestras decisiones.

Lo bueno y lo malo del libre albedrío es la libertad para escoger, por lo que nuestras decisiones deben ser lo más conscientes y responsables posible.

La soltería es diferente a la soledad. La soltería podría ser más bien independencia. Mujeres que han alcanzado madurez emocional o económica, y que han optado por disfrutar de esa independencia. No tener pareja no implica no contar con una red de apoyo social y de contención: amigos cercanos y familiares, por lo que la soledad, en tanto no se transforme en "estado solitario”, puede ser creativa y saludable para estas mujeres.

La soltería tampoco tendría que influir en la autoestima de una mujer, porque ninguna autoestima que dependa de terceros es real. Es un proceso, si queremos llamarlo así, en el que nos amamos, nos respetamos y nos valoramos como somos, no en tanto nos aprecien por lo que somos.

La soltería podría ser también un fuerte rasgo de poder. Un poder que va más allá de la simple óptica de ejercer fuerza sobre otro, sino un poder sobre ellas mismas. Un poder para elegir el tiempo adecuado de formar una familia. Un poder para elegir lo que quieren hacer con su tiempo que es valioso y es único. Un poder para hacer frente a las miradas de muchos incrédulos que no aceptan el hecho de que la felicidad es un estado personal.

Es verdad que el condimento de la vida son las personas con las que vivimos y compartimos, pero no por ello la soltería tendría que ser necesariamente funesta, repito: la soltería no es sinónimo de soledad.

La lógica de la vida podría ser entonces: "En los tiempos de Dios todo sucede”. Dejar fluir las cosas, tomar buenas decisiones, confiar plenamente. Formar una familia en el tiempo adecuado, con el compañero adecuado puede ser un regalo maravilloso que tiene que suceder cuando alguien se encuentre listo.

Para terminar transcribo una frase muy motivadora de Bolick para todos nosotros, solteros, casados, separados, divorciados, o viudos:
"Hay mucho por hacer y muy poco tiempo. El amor romántico es maravilloso cuando sucede, pero hay muchas otras formas de amor que pueden servirnos de sustento. Es una suerte estar vivos. Así que a aprovecharlo”.



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