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lunes, 22 de abril de 2013

Niños hiperactivos hay solución

Rubén, de seis años, era regañado a diario por su profesora. Con frecuencia ella llamaba a sus padres para expresarles su molestia porque el niño era inquieto, molestaba a sus compañeros, los empujaba y no los dejaba hacer sus tareas. Se movía constantemente de un lugar a otro, no atendía en clases y cuando la maestra le decía que hiciera algo, comenzaba con entusiasmo, pero al poco tiempo se levantaba y dejaba las cosas a medias.

Problema en casa
Los padres también estaban cansados porque en casa era un niño difícil, no comía en un sitio, se levantaba, jugaba con los cubiertos y casi siempre tiraba la comida. Además, molestaba a sus hermanos y muchas veces les estropeaba sus juguetes. Cuando lo regañaban prometía portarse bien y hacer caso a todo lo que le dijera la profesora. Sin embargo, cada día se repetía la misma historia.

En realidad, Rubén no tenía amigos. Nadie quería estar con él ni jugar, porque no cumplía con las reglas de los juegos y se enojaba si no ganaba. Rubén era un ‘niño problema’.

En busca de ayuda
La profesora sugirió a los papás consultar con un siquiatra infantil. El niño dijo al especialista que él no quería hacer mal las cosas. Siempre se proponía portarse bien, obedecer y quedarse quieto pero al poco tiempo algo lo impulsaba a moverse, razón por la que decidieron hacerle un estudio a profundidad. Finalmente descubrieron que Rubén era un niño hiperactivo y su cerebro trabajaba más deprisa de lo normal.

Aunque sus padres se preocuparon al comienzo, el siquiatra los tranquilizó. Con ayuda de un sicólogo Rubén aprendió técnicas para mejorar su capacidad de atención y controlar su impulsividad. La profesora lo nombró su ayudante en clases y de vez en cuando lo mandaba a hacer algún recado para que pudiera moverse un poco. Ahora es un niño diferente.

¿Qué es la hiperactividad?
Es un trastorno de la conducta de los niños, descrito por primera vez en 1902 por Still. “Se trata de niños que desarrollan una intensa actividad motora, que se mueven continuamente, sin que toda esa actividad tenga un propósito. Van de un lado para otro, pudiendo comenzar alguna tarea, pero que abandonan rápidamente para comenzar otra, que a su vez, vuelven a dejar inconclusa”, explica la sicóloga Mónica Rivero.

Esta hiperactividad, agrega, aumenta cuando están en presencia de otras personas, especialmente con las que no mantienen relaciones frecuentes y, por el contrario, disminuye cuando están solos.

Características
A su vez, la sicóloga Ingrid Saavedra explica que se denomina hiperactividad al comportamiento que se caracteriza por la actividad excesiva y fuera de lo normal. Se trata de un trastorno de la conducta infantil que lleva al niño a no poder quedarse quieto. Se origina en factores neurobiológicos en los cuales la genética tiene gran incidencia.

“Todos hemos oído y utilizado el término hiperactivo, como un calificativo con el que nos hemos referido a los niños que presentan una actividad motriz por encima de lo normal. Este uso popular del término ha hecho que asociemos al chico hiperactivo con aquel que es malcriado, travieso o con problemas de conductas, que es una situación totalmente diferente”, dice.

Añade que se reconoce como hiperactivo cuando presenta estos tres síntomas: dificultad para mantener la atención, excesiva actividad motriz e impulsividad.

Hiperactivos vs. inquietos
Fanny Parrado, terapeuta familiar, explica que es importante realizar un adecuado diagnóstico para no confundir a los niños inquietos con los hiperactivos.

Los chicos inquietos son traviesos, se distraen cuando algo no los motiva, son juguetones, son niños que están descubriendo su entorno, pero se relacionan socialmente y logran comprender los límites.

A diferencia de los hiperactivos, que tienden a ser muy problemáticos, con actitudes destructivas, insensibles a los castigos, se tornan más inestables, ansiosos y nerviosos, son impulsivos, desobedientes, intolerantes a la frustración, lo que los lleva a ser tercos, obstinados, persistentes para conseguir sus objetivos, sí o sí, y se tornan agresivos cuando no los consiguen, todo esto hace que sean considerados malcriados e insoportables y muchas veces provoca el rechazo de los adultos.

En lo que respecta a sus estados de ánimo, señala Parrado, pueden desarrollar conductas bipolares, ir de momentos de intensa alegría al llanto descontrolado, mostrando un desequilibrio emocional muy fluctuante.

Causas
La hiperactividad, coinciden las especialistas, no tiene una causa específica y se atribuye a problemas biológicos, genéticos, y/o emocionales durante el embarazo, consumo de alcohol, cigarro, drogas, anorexia, componentes hereditarios, etc., estados de ansiedad en la madre, acontecimientos traumáticos, en el parto, complicaciones o bajo peso al nacer, asfixias, fórceps, sufrimiento fetal.

Asimismo, influyen también algunos problemas en el posparto, como enfermedades infecciosas, lesiones cerebrales por caídas y golpes fuertes de pequeño, factores ambientales, estrés familiar, inadecuado manejo de los padres en la educación de sus hijos, entre otros.

Tratamiento
El tratamiento para la hiperactividad, dice Ingrid Saavedra, depende de cada situación individual. Hay casos más complejos que otros y solo en casos extremos se recurre a estimulantes y otro tipo fármacos que ayuden al niño a concentrarse mejor.

Es muy importante que los menores con hiperactividad sean supervisados a través de un tratamiento sicoterapéutico que los ayude a mejorar no solo en su concentración sino también en el trato con el resto de las personas, recuperando así el deseo de aprender y de dedicarse a algo con especial atención, mejorando su comunicación con el entorno.

Un tratamiento completo incluiría en algunos casos el apoyo sicopedagógico (en la escuela) y sicológico (modificación de la conducta), además del apoyo del maestro, que puede elaborar una planificación ideal y trato oportuno al educando.

Según Parrado, la terapia tiene que ser de manera integral y permanente en el tiempo, tanto médico-farmacológica (para modificar las conductas impulsivas, favorecer sus horas de sueño e incrementar su atención) como sicológica (a través de terapias sicológicas cognitiva-conductuales) y sistémica, en la quue se incluye al niño, la familia y sus maestros.

Mónica Rivero agrega que hay que plantear, además, la realización de técnicas en las que el niño aprenda a planificar sus actos y mejorar su lenguaje interno. Es necesario enseñarle a concentrarse y a comprobar los resultados parciales y globales.

Cómo ayudarlos
En criterio de la sicopedagoga Silvia Morales, la familia es el núcleo más importante para el niño y es donde debe encontrar contención y las pautas para seguir de manera eficaz y autónoma.

Por ello, los papás deben principalmente tener paciencia y ayudar a sus hijos con sus tareas, pero no resolverlas, tienen que establecer lugares y rutinas de estudio, ofrecerles más elogios que críticas, enseñarles a establecer prioridades y metas razonables y permitirles otras actividades diferentes a las labores escolares.

Entretanto, el docente tiene que sentar al niño hiperactivo cerca de su escritorio y de aquellos compañeros que le puedan servir de modelos, supervisar lo que hace, debe utilizar mecanismos para captar la atención del alumno, darle una tarea en la que pueda tener éxito y recompensarlo por ello. Si hay que reprenderlo, ser breve y no darle sermones hablándole de cómo es su conducta y no de cómo es él.

Parrado también la importancia de que el niño diversifique sus actividades de acuerdo con sus preferencias y que practique un deporte que le permita esforzarse más y que le signifiquen un desafío, como el fútbol, el básquet y la natación o que le permitan tener mayor autocontrol, como las artes marciales.



Indicadores de acuerdo con la edad
De 0 a 2 años se evidencia dificultades en el ritmo. De 2 a 3 tienen dificultad para expresarse, actividad excesiva y poca consciencia del peligro. De 4 a 5 no se adaptan al grupo en clase, son desobedientes y no tienen límites. De 6 años en adelante son impulsivos, tienen bajo rendimiento escolar y dificultades para relacionarse.









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