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viernes, 11 de noviembre de 2016

Sexo sin ganas: qué nos impide decir 'no'

El sexo debería ser lujurioso, sensual, lúbrico, caprichoso, pasional, cariñoso... adjetivos en los que el deseo se sobreentiende. Sin embargo, se practica muchas veces sin ganas. Ahí tenemos el débito conyugal para salvar el matrimonio, el consentimiento en un contexto laboral por miedo a represalias o el coito como la guinda forzosa que remata el coqueteo entre dos tórtolos en una noche de jarana. Son algunos de los ejemplos que expone el psicólogo alicantino Pablo Vallejo-Medina, que investiga el fenómeno como director del Laboratorio Sexual Konrad Lorenz, en Colombia.

Su mayor interés es averiguar por qué nos falta decisión a la hora de rechazar una propuesta sexual, repudiar un beso o incluso frenar en seco una vez iniciado el sexocuando uno madura la situación y no quiere seguir. Su primera apreciación es que toda persona tiene el derecho de interrumpir una escena sexual cuando lo desee sin recibir reproche o crítica por parte de nadie. "Lo contrario es sexo forzado, o al menos involuntario, algo que está ocurriendo muy a menudo".

Al laboratorio Konrad Lorenz podríamos trasladar también, como objeto de estudio, el comentario que hizo recientemente un concursante de televisión ante una audiencia casi adolescente: "Si tú me das a entender una cosa y yo... me acelero, luego no me digas hasta aquí, ahora ya no, me voy, porque sinceramente yo ya no razono". Y si este hombre ya no razona, el psicólogo se plantea varias cuestiones: ¿Cómo se puede definir su actitud de un modo suave? ¿Abuso? ¿Atraco a la dignidad femenina? ¿No es una norma elemental en la sexualidad humana el consentimiento mutuo, aunque la ropa interior cuelgue ya de la lámpara?

En sus investigaciones, Vallejo-Medina observa cómo hay personas con mayor tendencia a la excitación sexual y otras a la inhibición sexual, si bien pueden darse los dos fenómenos a la vez. Es decir, una mujer, pongamos por caso una de las pretendientes del susodicho concursante, está muy excitada sexualmente, pero de repente se inhibe. "Puede tener mil razones. Que piense que no es el momento, que decida que realmente no le gusta este caballero o que repare en las consecuencias que podrían derivar de un escarceo sexual con él".

El psicólogo habla desde la neurología y está utilizando el modelo de control dual para ver qué sustancias se van activando en el cerebro y analizar así la tendencia de cada persona. "El problema es que no todo el mundo tiene la normalidad que le capacita para frenar. Se dan muchos casos de individuos que, aparte de no reprimirse, se excitan fácilmente e interpretan como una señal sexual cualquier gesto o palabra. Un escote, por ejemplo, sería para ellos una insinuación sexual. También un guiño o una carantoña. Son hombres y mujeres que puntúan muy alto en excitación, pero muy bajo en inhibición, y esto va a modular su comportamiento en las relaciones".

Todo ello explicaría, según Vallejo-Medina, por qué a veces tenemos sexo cuando no queremos y otras veces no lo tenemos cuando sí queremos. "Cuando alguien no responde de acuerdo con su deseo a este tipo de personas acaba teniendo sexo sin ganas o involuntariamente, casi coaccionado o sintiéndose presionado por el contexto". Lo normal es tener un equilibrio entre excitación e inhibición, de manera que podamos decidir nuestro comportamiento sexual y contenernos si vemos que no sería apropiado llegar a más.

A la espera de más resultados en el laboratorio, su propuesta es una sexualidad asertiva como factor de protección y como predictor de una relación de deseo mutuo, satisfacción sexual y orgasmos más intensos. "La asertividad es sutil, evita que la persona rechazada se sienta herida y elimina la culpabilidad y la sumisión en la pareja y permite experimentar mayor gozo con el propio cuerpo", concluye. Los tres pasos básicos serían:

•Saber decir "no". Es importante que exista un equilibrio entre lo que dicta el cerebro y el deseo del cuerpo. Si la cabeza se niega, parece complicado que el cuerpo se prepare para un sexo placentero. Es preferible, por tanto, saber negarse que un sexo forzado o condicionado por las circunstancias.

•Habilidad para iniciar el sexo cuándo y cómo uno desea. El sexo por inercia es nefasto para los dos. Siempre tiene que haber un deseo y un consentimiento mutuo. Esto incluye también la negociación del uso del preservativo.

•Expresar nuestros deseos y nuestros gustos sexuales. En la cama nos volvemos pésimos comunicadores y esto impide que haya satisfacción. La buena comunicación es uno de los factores más decisivos en el bienestar de la pareja.

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