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viernes, 19 de abril de 2013

Amor consciente

Aplicar al amor y la pareja, las antiguas sabidurías orientales que buscan ampliar y elevar nuestro nivel de consciencia, puede ser toda una aventura de descubrimiento y acercamiento mutuo.

El psicoterapeuta José María Doria, director de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal (EEDT) reflexiona sobre la importancia de “encontrar espacios de silencio y escucha paciente y receptiva de la pareja sin mediar las palabras”, a los que conviene dedicar un tiempo cada día, de forma sistemática.

“El silencio es el verdadero abono que hace florecer al alma. La pareja lo precisa para adentrarse en territorios desde los que sentir y vibrar en la dimensión del amor”, señala el autor del blog ‘Claves de Amor y Relaciones’.

“Observar desde la quietud en presencia consciente y compartir tal aventura de autoconsciencia con otro ser, establece un marco de complicidad que fortalece el vínculo, más allá de toda receta y estrategia por seductora que ésta sea”, señala Doria.

“Cuando el silencio se lleva a la escucha consciente, se ejerce uno de los más generosos y fortalecedores aspectos de una relación. Se trata de una calidad de comunicación que no se basa tan solo en narrar lo que nos sucede, sino en escuchar, sin interrupción y con total presencia lo que el otro indaga y descubre mientras se expresa”, explica el director de la EEDT.

“Y si bien el silencio meditativo conlleva cierto esfuerzo inicial para tratar de acallar a nuestra mente inquieta, también comporta nuestra total atención en regalar espacio al otro, regulando la tendencia de intervenir interrumpiendo el hilo de su sentir”, señala Doria.

Otra práctica que puede unir mucho a dos personas que se aman, a un nivel más espiritual y consciente, es la meditación.

Para meditar en pareja, el psicoterapeuta sugiere una técnica zen japonesa llamada Susokukan, que “consiste en inhalar el aire y exhalarlo contando, “por dentro” con nuestra voz mental, del uno al 40. Cada número se “estira” hasta coincidir con la salida de la última gota de aire de los pulmones, por la nariz: “uno......ooo, doooo........oss, treee.......eess, y así sucesivamente”.

No hay que correr ni intentar adelantarse: la respiración numerada no dura más de 5 minutos. Hay que vivir cada respiración cómo una acción consciente, sintiendo todos los matices que la rodean, las sensaciones y el aire que entra y sale, indica el experto.

“Si surge un pensamiento travieso que hace perder el hilo, hay que darse cuenta de que la mente se ha despistado, y volver al número donde uno cree que ha interrumpido el ejercicio y seguir adelante”, señala Doria.

“Después, durante un rato hay que contemplar serenamente los pensamientos, dejando que floten ‘como maderos en el río’ por la corriente de la mente, observando cómo aparecen y desaparecen, nacen y mueren”.

La meditación de la bondad amorosa

Observar la respiración, notando como entra, se retiene y sale el aire de nuestro cuerpo, sentados en una silla o en el suelo sobre un cojín, con la espalda erguida, en una postura estable y cómoda, es el ejercicio más fácil para practicar el “mindfulness” o atención plena, según Jon Kabat-Zinn, director del Centro para el Mindfulness, de la Universidad de Massachussets (EE.UU.).

Según el autor del libro ‘Donde quieras que vayas, ahí estás’, “el mindfulness es una forma de meditación milenaria que nos enseña a centrar nuestra atención en lo que hacemos en cada momento y a percibir qué sentimos o pensamos, por qué y para qué, así como a rechazar los automatismos y a desarrollar un estilo de vida autoconsciente”.

“Puede que hayamos advertido que no somos siempre un foco de amor y de bondad, ni siquiera hacia nosotros mismos. A través de una técnica llamada ‘meditación de la bondad amorosa’ podemos subsanar esta pobreza”, señala Kabat-Zinn.

SEXO ZEN

Hacerse “uno con el otro y con el universo”

“La filosofía zen incluye una serie de prácticas, como la meditación, destinadas a ampliar la conciencia, hallar otra forma de vivir el presente y ver la realidad y dejar la mente en sosiego, las cuales revelan la naturaleza esencial del ser humano, que no está separado sino unido al universo indivisiblemente”, explica Doria.

Para mantener una sexualidad sana y consciente desde la perspectiva zen, Doria aconseja “practicarla con espontaneidad pura, sin condicionamientos debidos a la memoria de episodios anteriores o a la anticipación mental de lo que puede suceder”, y “considerarla fundamentalmente como un acto de sentir más que de pensar, un acto de presencia más que de promesas de placer”.

Este experto recomienda disfrutar del sexo “como una vivencia natural y directa, de instante a instante, en la cual hay que escuchar hablar al cuerpo más que a la mente” y “sintonizar emocionalmente con la persona amada, recibiendo con atención lo que está emitiendo y sintiendo, y respetándolo siempre”.

Para la psicóloga Andrea F. Polard, que ha compendiado las enseñanzas zen desde una óptica occidental y las ha plasmado en su libro ‘Una teoría unificada de la felicidad’, las relaciones amorosas son una de las facetas de la vida en las que más se puede aprender de esta milenaria sabiduría oriental.

Según Polard, directora del Centro de Psicología Zen de Los Ángeles (California, EE.UU.), todos nuestros “aspectos particulares, cualquier experiencia, acción, característica o evento, están conectados entre sí, dentro y fuera de nosotros mismos”, por lo que “cambiando pequeños comportamientos podemos activar una reacción en cadena que puede alterar profundamente la pareja”.

Una de las técnicas que propone Polard para mejorar nuestra relación amorosa, consiste en prestar una atención especial a nuestra pareja en los primeros 10 minutos de la mañana y en los 10 primeros minutos después de regresar del trabajo, preguntando cómo ha ido el día, mostrándose afectuoso, abrazando y besando al otro de forma especial.

La psicóloga estadounidense también sugiere prestar atención a los argumentos de nuestra pareja cuando aparezca un conflicto, tratando de comprender su punto de vista y entender el problema desde la otra perspectiva, y a los aspectos mundanos de la vida que nos comenta nuestro compañero, ya que “es fácil amar lo extraordinario, pero el amor reside en lo cotidiano”.

Pensar cómo sería nuestra vida sin nuestra pareja para darnos cuenta de cuánto la queremos, nos aporta y significa mucho para nosotros, y también aceptar sus errores, recordando que “nadie es perfecto, pero el amor consiste en amar la imperfección perfectamente”, son otras claves de una relación amorosa para la experta.

A meditar

La práctica de esta meditación, la describe Kabat-Zinn de la siguiente manera:.

“Empiece concentrándose en la postura y en la respiración. A continuación, desde el corazón o desde el vientre, invite a sentimientos o imágenes de bondad o de amor a irradiar hasta que llenen todo su ser”.

“Permita que su consciencia encarne la energía de una madre y un padre benevolentes, que expresen reconocimiento y respeto hacia su ser, así como la bondad que quizá usted no recibió lo suficiente de pequeño”.

“Permítase disfrutar de esta energía de la bondad amorosa, inspirándola y espirándola, como si fuera un canal de nutrición que ha estado en mal estado pero que finalmente está haciendo llegar el alimento que tanto necesitaba”.

“Invite a los sentimientos de paz y aceptación a estar presentes en usted. Una vez se sienta estable como foco del amor y la bondad que irradian por todo su ser, puede permanecer ahí indefinidamente, bebiendo de esta fuente, bañándose en ella, renovándose, nutriéndose, revitalizándose...”

“Desde este foco que irradia en su ser, puede permitir que la bondad amorosa irradie hacia el exterior y dirigirla hacia su pareja. Abrácela imaginariamente con su corazón, deseándole lo mejor, que no sufra innecesariamente, y que pueda experimentar el amor y la aceptación en la vida”, señala Kabat-Zinn.


LO DIJO:
Todos nuestros aspectos particulares, cualquier experiencia, acción, característica o evento, están conectados entre sí, dentro y fuera de nosotros, por lo que cambiando pequeños comportamientos podemos alterar profundamente la pareja”

Andrea F. Polard
Experta en psicología Zen

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