lunes, 3 de octubre de 2011

Infertilidad masculina, un problema de dos

Los médicos en general definen la infertilidad como la incapacidad de concebir, después de por lo menos un año de intentarlo sin obtener resultados. Aunque éste “es un problema de dos”, nos referiremos fundamentalmente a la infertilidad masculina.

Numerosos estudios realizados indican que uno de cada tres casos de infertilidad se debe a algún problema en el hombre, generalmente asociado a la calidad y a la cantidad de los espermatozoides.

Para el abordaje del tema contamos con la doctora Gilda Monteagudo Peña, especialista de segundo grado en Endocrinología, Máster en Salud Reproductiva, profesora e investigadora. Es miembro del Grupo de Investigación sobre Salud Reproductiva del Instituto Nacional de Endocrinología de La Habana.

Quisiera pedirle, inicialmente, una somera mirada al comportamiento de la infertilidad en ambos sexos.

Se estima que la infertilidad afecta del diez al 15% de las parejas. Alrededor del 20% se debe a factor masculino solo, 35% a factor femenino solo, 35% a ambos factores y en el 10% restante no es posible identificar la causa: todos los análisis son normales.

¿A qué edades los hombres presentan el período de mayor fertilidad?

Los hombres no tienen un período de mayor fertilidad, aunque la capacidad reproductiva sí declina progresivamente con la edad. Se acepta que disminuye a partir de los 40 años, pero algunos la conservan hasta edades avanzadas, mientras que otros la pierden tempranamente.

¿Cómo se determina la posible causa de infertilidad masculina?

El interrogatorio y el examen físico pueden aportar elementos. El análisis estándar del semen (espermograma) es el estudio inicial y más importante. Algunos casos requieren análisis especiales del semen, hormonales, genéticos, ultrasonido o biopsia del testículo u otros. Hay causas identificables, pero en una proporción alta de los sujetos con mala calidad seminal el origen permanece desconocido.

¿El origen puede ser hereditario y, asimismo, como consecuencia de haber padecido alguna enfermedad?

Sí. Existen alteraciones genéticas hereditarias que producen infertilidad. También es frecuente la infertilidad secundaria a lesiones destructivas del testículo (por inflamación, operaciones, agentes físicos o químicos) u obstrucciones de conductos eyaculadores por infecciones (ejemplo: la gonorrea), por sólo mencionar algunas.

¿Cuáles son las características que debe tener el semen para una fecundación “normal”?

Es muy controversial. En la evaluación se considera: cantidad, aspecto, Ph y consistencia del semen. En cuanto a los espermatozoides: número, porcentaje de los que están vivos, si tienen movilidad progresiva o no, y la proporción de los que tienen apariencia normal.

¿Es posible obtener evidencias concluyentes de la existencia de esterilidad de “factor masculino”?

Sólo en los casos en que no existe testículo o hay ausencia de conductos eyaculadores. El análisis seminal no permite determinar con certeza absoluta si un individuo es fértil o no. Ayuda a definir la severidad del factor masculino, pero no es concluyente.

¿Tanto la oligozoospermia (pocos espermatozoides) como la azoospermia (ausencia total) tienen en la actualidad tratamiento médico simple con algún éxito?

No creo que pueda generalizarse. La oligozoospermia ligera o moderada y la azoospermia tienen enfoques terapéuticos diferentes. En general no es simple, los tratamientos son largos y muchas veces desalentadores. El éxito depende de la causa. Existen causas reversibles, potencialmente reversibles y otras irreversibles. En más de la mitad de los casos no se demuestra causa específica y se emplean tratamientos empíricos, cuya eficacia es impredecible.

¿Podrían existir también problemas relacionados con el coito?

Sí, las alteraciones en el depósito del semen en la vagina: por trastornos de la eyaculación, disfunción eréctil que dificulta la penetración o deformaciones peneanas, así como la disminución de la frecuencia de relaciones sexuales, son causas de infertilidad.

La infertilidad es motivo de sufrimiento y desesperación para muchas parejas, y aunque el tratamiento de la infertilidad ofrece una amplia gama, le pregunto: ¿por su alto costo y duración es posible generalizar estos procederes?

Ciertamente los avances alcanzados en reproducción asistida de alta tecnología brindan oportunidades antes inexistentes para el factor masculino severo. Pero son técnicas extremadamente costosas, algunas de ellas disponibles en muy pocos centros en el mundo.

¿Alguna consideración final que valore esencial?

Es común que los hombres erróneamente asocien fertilidad con masculinidad. La infertilidad masculina, más que la femenina, entraña conflictos de género que pueden llevar a pérdida de autoestima, problemas de relación y hasta divorcio. Esto no puede dejar de tenerse en cuenta en la atención de parejas infértiles.

La infertilidad se relaciona con el corazón
Los hombres infértiles podrían presentar un mayor riesgo de muerte por problemas cardiacos en comparación con aquellos que tienen hijos, según publicó la revista Human Reproduction.

Investigadores de la Universidad de Stanford, a cargo del estudio, indican que la falta de hijos entre los hombres no significa propiamente que vayan a enfermar del corazón, sino que al parecer sería una señal de trastornos cardiacos en el futuro.

Los resultados de la pesquisa de diez años se apoyan en un análisis de 135 mil varones casados o divorciados, cuya edad al inicio del estudio en 1996 era de 50 años o más. La gran mayoría de los participantes, el 92%, tenía descendencia.

Durante el estudio se evaluó las tasas de decesos entre los que fallecieron, y se realizaron además cuestionarios a sus familiares. De los decesos ocurridos, uno de cada cinco fue por enfermedad cardiaca.

A partir de los resultados, los investigadores concluyeron que los hombres sin hijos tenían 17% más riesgos de morir en comparación con aquellos que procrearon. El autor principal del trabajo, Michael Eisenberg, cree que existe una razón biológica entre la infertilidad masculina y un posible mayor riesgo de muerte por enfermedad cardiaca.

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