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viernes, 29 de julio de 2016

¡Time Out! Darse un tiempo puede ser bueno para la relación



Juanita y Pedrito son conocidos por tener una relación de ‘idas y vueltas’. Era una pareja adicta a tomarse tiempos, pues era un respiro cuando las cosas empezaban a ponerse tensas y feas y las discusiones eran parte de todos los días. Cuando pasaban los días, Juanita comenzaba a extrañar a Pedro y revivía las cosas buenas y momentos memorables que pasaron. El problema era que nunca reflexionaron o analizaron la raíz de su problemas y luego de cinco años de ‘vaivenes’ la relación llegó a su fin.

Así como Juanita y Pedrito, Elizabeth Taylor y Richard Burton y Frida Kahlo y Diego Rivera, son parejas que no pueden vivir juntos ni separados, por lo que adoptan un modelo de relación ‘intermitente’. De estas relaciones hay miles. Muchas de estas relaciones pertenecen a personas que viven relaciones intensas, que son adictas al enamoramiento, a las sensaciones fuertes y a los compromisos frágiles. Y es por eso, y en ciertos cosos, que darse un tiempo en la pareja es uno de esos arreglos que muchos ponen en practica cuando el día a día comienza a teñirse de peleas constantes, palabras hirientes, susceptibilidad e incapacidad para la comunicación y el entendimiento. Para estas parejas lo mejor es ‘tomarse un tiempo’, lo que es lo equivalente a un ‘detox’, un ‘tratamiento’ que sirve para curar.

“Es algo bastante usual”, comenta Iván Rotella, sexólogo, terapeuta de pareja, director de Astursex, centro de atención sexológica y miembro de La Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS), a la revista SModa del diario El País. El experto también agrega que los hombres son más reacios a ‘darse un tiempo’, pues tienden a pensar que esta pausa no es sino una antesala de la ruptura y no ven demasiada utilidad en ella. “Las mujeres, sin embargo, están acostumbradas desde pequeñas a hablar de sus sentimientos, afectos y si se da esta situación movilizarán su red social de apoyo, empezarán a darle vueltas al problema y tratarán de buscar soluciones. Los varones, especialmente si son de mediana edad puede que lo hablen con sus amigos, pero nunca llegarán a abrirse totalmente o a mostrarse vulnerables, lo que normalmente les impide llegar al fondo de la cuestión. De todas maneras, si la situación es grave, se recomienda la ayuda de un profesional porque es fácil que cada miembro de la pareja tenga una visión parcial y personal del problema, y por si mismo sea incapaz de ver la perspectiva del otro. Claro que en ese caso la terapia de pareja requiere, como su nombre indica, de dos personas en la consulta”.

Y es que bien sabemos que nuestras redes de apoyo, amigos o familiares, suelen darnos siempre la razón y a culpar al otro de todos los males, lo que no siempre ayuda a encontrar una solución equilibrada y objetiva en este retiro sentimental.



Un momento de reflexión

Una de las reglas básicas para tomarse este tipo de permiso es tener bien claro que las ‘vacaciones’ en la relación deben estar acompañadas de deberes y tareas y hay tres señales para saber cuándo en una pareja, que todavía se quiere, llega la hora de tomarse un break, de acuerdo a un artículo publicado en el Chicago Tribune.

Estas tres señales son cuando la bronca que no cesa, el sexo es inexistente y aparece esa terrible sensación que supone la pérdida del sentido de individualidad.

Y es que si existe una regla de oro para lograr una armoniosa convivencia es no olvidar que somos seres independientes y que para llevarse bien con el otro primero hay que estar bien con uno mismo. “Lo que significa concederse tiempos para la soledad y no planificarlo todo juntos. Hacer cosas solos o con otros grupos. Irse una semana de vacaciones con los amigos del instituto, buscar actividades distintas que no se compartan con el compañero. Eso evitará que la sobredosis y el empacho del otro nos lleve a la imperiosa necesidad del ayuno”, comenta el experto.



¿Existe el empacho en la relación?

Si se ha llegado ya a la saturación y los dos miembros de la pareja están de acuerdo en separarse durante un tiempo, hay algunos puntos que se tienen que tener en cuenta.



1 Cambiar el formato y la frecuencia de la comunicación

No servirá de nada alejarse físicamente si luego nos pasamos todo el día hablando por teléfono o whatsappeando. “La comunicación tiene que modificarse y hacerse más esporádica (por ejemplo dos o tres veces por semana), lo que permitirá ver las cosas con una cierta perspectiva. Y si se programan encuentros, mejor que sean en lugares público y agradables, para evitar las discusiones o el tono demasiado alto. Hay que escuchar para entender y no, como solemos hacer, para contestar. Dejar que la persona con la que hablamos se exprese y explique sus ideas y puntos de vista de forma relajada, sin el temor a ser interrumpida constantemente. Discutir es bueno pero hay que evitar mezclar temas, sacar a relucir el pasado constantemente y debatir siempre sobre lo mismo con idénticos argumentos. Otro de los errores del 99,9% de las parejas es el de poner en cabeza ajena pensamientos propios. Decido por ti sin preguntarte. Diálogos que no llegan nunca a producirse, cuestiones jamás formuladas. Hay que contar siempre con la aprobación del otro y preguntarle aunque pensemos que ya sabemos la respuesta”.



2 Detectar el verdadero problema

Las peleas y las discusiones son solo síntomas de un problema de fondo. Por eso, ‘darse un tiempo’ debe ser un momento de reflexionar y detectar los verdaderos ‘issues’ de la relación. Hazte preguntas y analiza lo que sientes en tu relación y las cosas que cambiaron: ¿Te aburres mortalmente con tu pareja, cuando antes era lo que te alegraba el día? ¿ansiabas las relaciones sexuales pero últimamente no las tienes, o peor, no tienes ganas? ¿ya no comparten esa comunicación casi telepática que tenían antes?

Detectar los problemas de fondo no es tan fácil como parece, pues nuestros seres queridos no son objetivos, por eso es fundamental acudir a un psicólogo de pareja. En opinión de Ivan Rotella, “hacer listas puede ser de gran ayuda porque ayuda a ordenar el caos mental. Pros y contras de la relación, cosas que me gustan y disgustan de mi pareja, lo que me atrajo de él cuando lo conocí, etc”.

Es también sumamente productivo imaginarse como sería la vida sin el otro. ¿Se nos dibuja un panorama desolador o, por el contrario, atractivo?



3 Se autocrítica

Es esencial analizar tu comportamiento y no solo echarle la culpa al otro de todo. Pregúntate qué hay en tu comportamiento que está desgastando la relación y plantéate qué hacer para mejorar la relación. ¿En qué hemos cambiado desde el momento que nos conocimos o qué manías o comportamientos inadecuados avivan los conflictos?

Ir al psicólogo para identificar algunos ‘issues’ puede ser de gran ayuda ya que te abrirá los ojos y te dará otra perspectiva, esa que tanto necesitas.



¿Qué pasa con el sexo?

Aún cuando muchos opinan que el sexo debe descartarse en este periodo de ‘meditación’, ésta no siempre tiene que ser estrictamente transcendental. “Cuando la pareja se da un tiempo y queda para tener relaciones sexuales, supone un buen pronóstico. Significa que todavía hay atracción y que los problemas pueden salvarse, –la falta de deseo por el otro es ya de más difícil solución–”, asegura el experto.


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