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viernes, 24 de agosto de 2012

AMIGAS & RIVALES

Nos catalogan de agresivas, envidiosas, despiadadas… pero, ¿será para tanto? Lamentablemente, sí: el espíritu competitivo y la rivalidad entre mujeres alcanza niveles superiores. Y es que es muy común que las mujeres entremos en disputa cada vez que encontremos en peligro aquello que valoramos: hombres, trabajo, belleza, status y aprobación social (no precisamente en este orden).

Vamos detrás de una de las relaciones más complejas para comprender las razones detrás de este común comportamiento femenino: el de la rivalidad femenina.

¿Mejores amigas? Una relación compleja.

“Ya sea de niñas jugando en el parque o durante las largas noches de estudio en la universidad, las mujeres nos vinculamos, y convertimos en amigas gracias a las experiencias compartidas”, explica Elissa Schappell, autora de Blueprints For Building Better Girls. Y es en este momento, cuando nos vinculamos y charlamos sin parar, que divulgamos información sobre nosotras mismas, más de lo que deberíamos compartir con una ajena. “Intercambiamos demasiada información sobre nosotras mismas, lo que nos vuelve vulnerables, pues conocemos los puntos débiles de la otra”, dice Schappell, asegurando que las relaciones femeninas pueden ser más complejas que las relaciones románticas. ¡Ouch! Y es que, aunque nos cueste admitirlo, las mujeres, como podemos ser amigas maravillosas, también podemos ser las más maliciosas.

Como la profesora de psicología de la Universidad de Texas, Marion Underwood, lo puso: “Las chicas valoran la intimidad, lo que las hace excelentes amigas y enemigas terribles. Comparten tanta información cuando son amigas que nunca se quedan sin municiones cuando se enfrentan”.

La autora Lucinda Rosenfeld analiza ésta dinámica en su nuevo libro, “I’m So Happy For You: A Novel About Best Friends”, novela que retrata la relación de amor/odio que existe entre amigas mujeres. Asimismo, Rosenfeld escribió un ensayo en el New York Post: “Why Women Are Frenemies” en el que implica que la envidia es la raíz de las “frenemies” (un término en inglés que conjuga las palabras amiga y enemiga para describir este tipo de relación entre mujeres).

Ella dice: “A los veinte y pocos la rivalidad femenina tiende a girar alrededor de la belleza y la atención masculina. Más adelante, en la adultez, los logros se miden (contra los de su mejor amiga) por el tamaño del diamante en el anillo de compromiso, los metros cuadrados del departamento, el número de ceros en la cuenta del marido o el talento de los hijos”, explica la autora, que retrata las amistades femeninas como una eterna competencia de estatus.

Por ejemplo, la heroína de su novela, Wendy, es una editora que vive con su esposo en Brooklyn y que quiere tener un bebé y no puede quedar embarazada. Mientras ella lucha en su día a día, su mejor amiga Daphne es una belleza egocéntrica, que sorprende a Wendy cuando se casa con un hombre exitoso y millonario, tiene un bebé rápidamente y se instala en una precioso departamento en Park Avenue en NY. Mientras Daphne vive su vida “perfecta”, Wendy estaba a lado suyo (en cada paso), verde de envidia.

No hay duda que un poco de envidia es normal, pero Rosenfeld explica en su sitio Web que “toda mujer tiene una Daphne en su vida — una llamada mejor amiga que lo tiene todo, sin una pizca de esfuerzo, y que te hace sentir como la gran perdedora”. Esta fina observación e ingeniosa explicación de los celos asechan incluso al más bondadoso corazón femenino.

Rivalidad femenina

El día después de su promoción en la empresa, María entró a su nuevo despacho y sintió una sensación distinta: sus colegas mujeres estaban paradas en grupitos, susurrando y mirando en su dirección.

En las semanas siguientes, María se convirtió en blanco de rumores de oficina, fue “raleada” y estaba fuera del circuito de información crítica. Estaba sola, abandonada emocionalmente por las mujeres que consideraba sus amigas. Bienvenidas al mundo de la agresión relacional–el arma más dañina y explotada en el arsenal femenino. Y es que las mujeres tendemos a utilizar las relaciones como un arma de agresión, y así es como el término agresión relacional nació, un arte sutil de devastación emocional; un tipo de agresión que produce daño mediante el ataque a las relaciones de una persona o a su estatus social.

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